El parto: Ese “mágico” momento

Cuando le veas la carita, los dolores, el sufrimiento y todo, pasarán.

¿A qué embarazada no le han dicho esta frase de consuelo ante el inminente parto alguna vez? Está claro que es lo típico, no te van a decir que vas a sufrir dolores insoportables, porque el pequeño alien tiene que salir así que, ¿pa’ qué meter más el dedo en la llaga?

Aún así, lo más normal es que la futura parturienta alce las cejas incrédula ante tales palabras de aliento. Hoy vengo dispuesta a contar la verdad y nada más que la verdad sobre el parto, que sí, que es muy bonito, algo que no olvidarás, pero vamos que yo seguiría pensando que es igual de bonito sin necesidad de tanto “patiment” que diría mi abuela.

Llega un día en el que tus morros botifarreros y tus caderas ya no pueden más, entonces algo te pone en alerta: un pequeño dolorcillo en el bajo vientre, un hacerte pis encima (rompes aguas) o un gran pegote de moco que cae al wc (pierdes el tapón mucoso). Y decides ir a urgencias.

En el hospital te conviertes en esa atracción de feria donde metías la mano en la boca de una figura con forma de gitana para que después te diese su premonición: es decir, todo el mundo que pase te va a meter la mano en el “xirri”, y tú desearás que el pequeño alien haya sacado los genes de mamá y les meta un buen bocado en los dedos para que dejen de explorar.

Te tumbarán en una cama y dependiendo de lo avanzado del parto (según dilatación) irán preparándolo todo para empezar. Mientras tanto tú seguirás con las contracciones. ¿Qué qué son? Pues seguro que te dicen que es como un dolor de regla pero más agudo, mienten como bellacos. Si me preguntas a mí te diré: es como si te estuviesen apretando las entrañas por dentro. Pero tranquila, duran poco, y si has sido una buena premadre (no como yo) seguro que has asistido a las clases de preparación al parto por lo que estarás capacitada para manejarlas (ja, ja y ja)

Por si no fuese suficiente que cada dos por tres te metan mano y te midan la anchura del orificio como si estuviesen hablando de agujeros negros en el espacio, en algunos hospitales te hacen un enema. Sí, te provocan ir de cagaleras para que después no haya ninguna sorpresa. O sea, que te vas corriendo al baño con retortijones y rematas con una buena contracción en la taza del wáter que te deja patitiesa.

Si tienes suerte te pondrán la epidural (si la solicitaste y si pillas al anestesista, que ya se sabe la seguridad social…) Por cierto, para la epidural te sientan en la cama y mientras te pinchan  los cabrones te dicen que no te muevas, joder que es difícil si alguien te está estrangulando los intestinos. Esto hará que te relajes unos minutos que te sabrán a gloria y que casi harán que te duermas después de tanta tensión. Pero entonces otra mano palpará tu entrepierna y con un grito de euforia dirán ¡ya está lista!

Como si de una peli de transformers se tratase, la cama se convertirá en un potro y la habitación en un quirófano. La ginecóloga cogerá la mejor butaca con vista frontal del espectáculo y empezará a gritarte que empujes, que pares, que respires y vuelve a empujar :Venga preciosa como si estuvieses haciendo caca (se podrían evitar el símil)

Por fin, después de varios empujes y maldiciones notas que algo hace ventosa y después el vacío: tu pequeño está en el mundo. Le oyes llorar, le examinan, le cubren con una mantita y te lo ponen en el pecho. Tu preguntas si está bien y lo miras y te enamoras. Te confirman que todo ha ido estupendo y que es un niño guapísimo. ¿Ahora es cuando olvidas todos los dolores? Pues no, señoras. Aún falta que expulses la placenta y que te suturen: unos cuantos minutos más de dolor que se hacen interminables.

Así que ánimo chicas, que no es nada. Ahora en serio: no será la experiencia más agradable de tu vida, pero muchas repetimos ¿por algo será, no? De verdad que merece la pena y si no ya me lo contaréis cuando tengáis la carita de vuestro bebé apoyada en el regazo.

PD: Esta entrada va dedicada a una amiga que sale de cuentas. No te enfades loquilla, espero que al menos te hayas reído un rato. Besos.

Imagen Flickr-Daniel Lobo

 

El difunto

Las mujeres iban en procesión detrás del ataúd. Nunca habían tenido el oficio de plañideras muy calado en sus cuerpos así que no sabían muy bien cómo actuar; no por falta de sentimientos ya que el difunto era un familiar muy cercano: era el marido, padre y abuelo de las susodichas. Se miraban entre ellas con semblante serio intentando representar el papel que todos los demás “invitados” esperaban en esa situación.

Cuando intuían que alguno de los asistentes tenía la intención de acercarse para dar sus condolencias, rápidamente bajaban la vista al suelo rezando para no tener que soportar las típicas palabras de consuelo. Palabras que carecían de sentido y conocimiento. Sólo ellas sabían cómo era aquel cuerpo que yacía en el féretro que acompañaban.

La noche de antes, en el tanatorio, el incidente que aconteció sirvió como pequeña muestra del talante del difunto. Mientras la viuda miraba absorta una baldosa cuarteada del suelo y sus hijas charlaban entre susurros apareció de repente una señora toda emperifollada y bien maquillada. Sin mediar palabra con los asistentes se puso frente al velado y arrancó a llorar como una posesa (esta sí que debió ser plañidera en otra vida). A pesar de los llantos desgarrados no se le corrió ni un poquito todo el maquillaje que llevaba en la cara.  Ante tanto dolor la viuda alzó la vista de su baldosa y reaccionó:¡ Maldita hija de puta!, ¡Sal de aquí ahora mismo, sinvergüenza! Con estas palabras los pocos familiares y amigos que había en la sala supieron que la peripuesta era la amante del señor tras el cristal.

Por fin la comitiva llegó a la iglesia para dar la misa pertinente. Las mujeres se miraron unas a otras durante el oficio: Ni muerto se va a librar de la misa, manda huevos con lo ateo que era. Se decían con los ojos intentando retener las sonrisas que se dibujaban en sus labios. Nada más terminar se introdujo el féretro en el coche fúnebre para llevarlo al cementerio. Las mujeres por fin liberadas del atosigamiento de tanta gente repitiendo lo bueno que era (ciertamente lo era), empezaron a debatir con que coches acudían al cementerio. Fue en ese momento cuando se les acercó un hombre de bigote espeso y pelo teñido.

—Os acompaño en el sentimiento —dijo tendiéndole la mano a la viuda —. Una gran pérdida, era un buen hombre.

—Gracias —respondió la viuda haciendo ya ademán de marcharse para no tener que escuchar nada más.

—Lo cierto es que…—se arrancó el individuo viendo que perdía su oportunidad de tener a todas las mujeres juntas otra vez— su marido, vuestro padre, me debía una gran cantidad de dinero —escupió fijándose en la reacción de las mujeres —. Imagino que sabréis que se dedicaba a las apuestas.

Las mujeres lo miraron de arriba a abajo, no se sorprendieron ni de la deuda ni del tipo descarado. Le tranquilizaron diciéndole que cuando hubiesen pasado unos días se pondrían en contacto con él para intentar solucionar el tema. Tendrían que apuntarlo en la larga lista de pufos que dejaba el hombre.

Ya en el cementerio, con el hombre enterrado y tapiado, la gente comenzó a despedirse. Sólo quedaron aquellas cinco mujeres. Se miraron de nuevo y esta vez sí, se rieron como el hombre merecía, para él la vida era una fiesta. Después lloraron, lloraron con emoción, desde el corazón. Lloraron por el marido vividor, risueño, paciente y moderno. Lloraron por el padre tozudo pero comprensivo, por el padre protector que nunca les había fallado en los malos momentos. Lloraron por el abuelo que se sentía joven, por el abuelo permisivo, por el abuelo juguetón, por el abuelo que destilaba autenticidad por todos los poros de su piel.

Y desde ese día nunca más volvieron a llorar. Cada momento de recuerdo se convirtió en risa, porque eso era él, un truhán que enamoraba, un señor que VIVÍA.

 

 

 

 

 

 

 

 

Ahora sí: Hoy es mi día

06:30 Suena el despertador. De mala gana abro los ojos y mientras me quito las legañas enciendo la cafetera. Voy al baño, me aseo. Vuelvo a la cocina y preparo los desayunos. Mientras se descongela el pan para los almuerzos friego los cacharros de la cena. Voy dando sorbos al café ya casi frio. Me visto.

07:15 Despierto a los niños. Les doy un beso de despedida y les dejo la ropa preparada. Echo un vistazo al teléfono antes de salir: primer gift sobre el día de la mujer. Muy bonito. Me voy a trabajar todavía con la taza de café en la mano.

08:00 Empiezo la jornada laboral junto a mis compañeras y compañeros (esos que cobran un poco más a pesar de realizar las mismas tareas). Un nuevo whatsapp para celebrar el día de la mujer. Este es gracioso.

08:00-15:oo La jornada está siendo infernal. Acumulación de tareas, esfuerzo físico y responsabilidades. Pero oye no te quejes que al menos tienes jornada intesiva. Mientras me quito el uniforme con desgana mi teléfono pita de nuevo: whatsapp reivindicativo por el día de la mujer. Estoy que no puedo más, los ocho días sin parar de trabajar me están empezando a pasar factura.

15:30 La mesa donde han comido los churumbeles sigue sin recoger. Siempre se dejan algo. Recojo mientras el arroz blanco ese que se vende en tarritos, se recalienta en el microondas. Friego los cacharros de la comida mientras recuerdo a los niños que tienen que hacer los deberes antes de ir a las extraescolares. Se me olvidó que tenían examen: les ayudo con los resúmenes.

16:30 Después de engullir mi “sabroso” arroz con lata de atún, me empieza a entrar un sueño y un cansancio insoportable. Miro el sofá con anhelo pero no puedo caer en sus redes.

17:00 Empiezo a vestirles para las extraescolares. Corriendo, siempre corriendo. Gritando, siempre gritando para que recojan y espabilen. Se entretienen con una mosca.

17:30 Los dejo en sus respectivas clases/entrenes. Ahora podría ir a casa a disfrutar de una estupenda ducha con tranquilidad. No, hoy no puedo. Tengo que ir al centro comercial: el niño necesita unas cosas para el cole y a la niña se le han roto las mallas del entrene. El teléfono me pita con una nueva notificación: nuevo gift por el día de la mujer. Este ni lo leo. Hay mucha gente. Me entretengo por los pasillos. Ya que estoy compro cuatro cosas que faltaban en casa. Llego a la caja y me impaciento en la cola, ya casi es hora de recoger a los críos. Miro a la cajera y pienso cómo se las ingeniará si tiene hijos para conciliar con este turno de mierda que tiene.

20:00 Recojo a los niños y, por fin, vamos a casa. Duchas. Pijamas. Cenas. Por la noche es mi pareja quien se encarga de cocinar. ¡Menos mal! Lástima que hoy hay Champions y no se ha esmerado mucho para poder estar frente a la tele cuando empiece el partido.

21:45 Salgo de la ducha y a cenar. Aquí ya me “pega el bajonazo”, casi que ni tengo hambre de lo cansada que estoy.  Recogemos la mesa. Preparo la comida para que mañana tengan algo los niños. Me fumo un cigarro y ojeo el teléfono: más whatsapps por el día de la mujer.

22:30 Me siento en el sofá (¡¡Aleluya!!) y escribo esta entrada mientras le hago arrumacos a la pequeña. Se me cierran los ojos sin casi darme cuenta.

23:00 AHORA SÍ: VOY A CELEBRAR EL DÍA DE LA MUJER. ¡QUÉ PENA QUE TENGA TANTO SUEÑO! BUENO, YA CELEBRARÉ MI DÍA EL AÑO QUE VIENE. AUNQUE PENSÁNDOLO MEJOR, SI NO TENGO QUE CELEBRARLO SERÁ BUENA SEÑAL: ALGO HABRÁ CAMBIADO.

Si este es uno de tantos días (de una mujer “afortunada”), igual de estresante, igual de poco valorado, igual de sacrificado, no quiero ni pensar en muchas otras tantas mujeres que no tienen nuestra suerte: ablaciones, lapidaciones, escasos recursos, cero derechos, maltrato…  Ójala de una puñetera vez no haya que celebrar nada…

 

 

 

¡Cómo me pone Angelina Jolie!

Esta entrada surge por culpa de esas divagaciones raras que me entran así, en un repente. Todos estos pensamientos vienen motivados por un comentario que dejó en la última entrada uno de los blogeros que formamos parte de este mundo. Canallator pensó que era homosexual por la forma en la que escribí Ella, y eso me ha hecho pensar ¡Coño no es el único que me lo ha dicho!

Y ya sabéis, mi mente vuela con cualquier brisilla que pilla así que esto me ha dado para llegar a los siguientes razonamientos/conclusiones:

  1. Me gusta el pelo corto: Aquí muchos se confunden. No busco ser más chico, sino todo lo contrario. Creo que la nuca es una derrochadora de sensualidad. Además, llevar el pelo corto siendo mujer es una muestra de valentía y confianza en una misma, precisamente por la confusión que crea en muchos hombres/mujeres. No tiene porqué ser más femenina una larga melena azotada por el viento tal ángel de Victoria’s Secret. Al igual que cualquier hijo de vecino debe saber que no por ser lesbiana tienes que llevar el pelo corto.
  2. Paso del maquillaje: Normalmente no lo uso ni para trabajar ni para ir al parque. Pero eso no significa que sea anti maquillaje. Sí que echo mano de él cuando me he pasado con el gintonic la noche de antes o cuando tengo algún evento (normalmente fines de semana). Y, oye, ¡los puntos que gano esa noche! Con eso de que la gente no está acostumbrada a verme maqueada…
  3. Tacones lo justo: Este es uno de mis paradigmas en la vida. Soy adicta a la compra de tacones. Pero tacones- taconazos: me rechiflan. Peeeeeroooo, ahí están, cogiendo polvo. Al final opto por la comodidad. Si eso me hace más hombre…
  4. Soy capaz de integrarme en conversaciones tanto de hombres como de mujeres sin dificultad: En las reuniones con colegas es súper normal verme sentada hablando con las chicas y a los cinco minutos oírme  a carcajada limpia con los hombres. Me resulta interesante ver y oír cuán  diferentes pueden ser estas charlas.
  5. Me encanta el deporte: Aunque no lo practico todo lo que desearía, siempre me han gustado los deportes de competición. Y siempre que he tenido la oportunidad he disfrutado jugando contra hombres. Me encanta ver su cara cuando les gana una chica.
  6. Veo y admiro la belleza: No me corto si veo a una tía buena, no tengo problema en hablar con naturalidad de lo carnosos que tiene los labios o de sus exuberantes pechos. Quizá sea admiración, atracción o simplemente un poquito de envidia. Me repatea cuando los hombres (más reacios a esto) te sueltan un ¡Y yo que sé, a mí no me gustan los hombres!, cuando les preguntas su opinión sobre uno u otro. Yo, sin embargo, no tengo problema en decir que si fuese hombre me tiraría a Angelina Jolie sin dudarlo. Perdón por la burrada son mis arrebatos varoniles.

Bueno, y hasta aquí mi ida de pinza de hoy. ¿Alguna en mi misma situación? Espero vuestros comentarios. ¡Besacos lésbicos!

Ella

Sobre la cama deshecha estaba ella, con los pies enredados entre las sábanas. Apoyada sobre la almohada calaba el humo de su cigarrillo. Los últimos rayos de sol se colaban por las rendijas de la persiana que todavía seguía casi cerrada por completo, buscando así mitigar cualquier atisbo de vergüenza.

Ella estaba por encima de cualquier reflejo pudoroso. Desnuda por completo mostraba las imperfecciones de su cuerpo bañadas por la luz que lamía su piel. El juego de luces y sombras aún pronunciaba más el misterio que rodeaba a aquella mujer. Con sonrisa pícara me miraba satisfecha mientras jugueteaba con su pelo desaliñado, fruto también de los revolcones desvergonzados que habían tenido lugar.

La naturalidad con la que se mostraba era lo que más le atraía: era su característica más sexy. No era perfecta, no era joven, no tenía pechos exuberantes pero se mostraba tal cual, y eso era deliciosamente sensual. El humo del cigarrillo dibujaba formas imposibles alrededor de las curvas de sus muslos. Como si percibiese mis pensamientos, entrelazó sus piernas con la lentitud exacta para que pudiese recrearme en su sexo. La visión comenzaba a ser perturbadora.

—Tengo que irme —conseguí articular notando como se quejaba mi miembro latente.

Un sensual beso lanzado al aire fue la despedida que conseguí de aquella mujer que me hacía enloquecer.

 

 

Menú bestial

Dicen que hay que comer sano, tienen razón. Venga pues empecemos.

AL LEVANTAR: Ten un vaso de agua a mano en la mesita. Bébetelo antes de poner un pie en el suelo, sí, antes de hacer pis. Ahí, probando la capacidad de tu vejiga.

DESAYUNO: Un buen tazón de copos de maíz integrales o avena. La leche de soja o desnatada, please. Mastica despacio, o mejor dicho, rumia despacio porque eso parece comida para pájaros. Si el tragar este pienso te resulta complicado puedes sustituir tal manjar por un yogur desnatado. Sin sabor, sin azucarar, ya que te pones…

ALMUERZO: Tres o cuatro tortitas de maíz. Esas tan monas que vienen en paquetitos individuales y que resultan tan cómodas para llevar a cualquier parte. Un mordisco, dos mordiscos, tres mordiscos ¡¿pero esto qué coño es?! . No, no saben a nada. Deja de pensar en acompañarlas con un trozaco de salchichón ibérico. Vaaaa, venga, te dejo que la cubras con una fina loncha de pavo cocido. Pero solo una.

COMIDA: Una cortadita de pechuga a la plancha con acelgas hervidas. ¿Cómo que no sabes lo que es una acelga? Sí mujer sí, eso verde y blanco que al hervir parece un hierbajo regurgitado por una vaca. Ya sabes lo que es ¿no? Pues nada, aprovecha que esta es una de las comidas más fuertes. ¡Qué suerte tienes, jodía!. ¿Postre? Ummm…media manzana.

MERIENDA: Las seis de la tarde y ya tienes la pechuga en los pies. De las acelgas lo único que queda es tu cara triste. Lo sé. Ánimo que ahora ya vas a merendar. Disfruta de tu humeante taza de té, que es muy diurética y te ayudará a eliminar toxinas.

CENA: Para la cena te tengo preparado un delicioso plato consistente en una rodajita de merluza al vapor con guisantes. Tiene buena pinta ¿eh?. Cuidado no te pases con el aliño. Nada de aceite. Un chorrito de limón será suficiente. Ten cuidado con las espinas que no se comen, ya se que tienes hambre, pero no quiero que te atragantes.

Y hasta aquí el menú bestial (entiéndase bestial como animal, para ganado)

PD: ¡Ánimo que el verano está a la vuelta de la esquina!