Volver al nido

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Hace casi un año que no publicaba en este espacio (mi espacio, mi nido, mis inicios), y lo que es peor todavía, hace más de un año que no publico contenido real, del auténtico, de ese que me hacía vibrar y que era mi marca, mi sello.

En un principio intenté camuflar mi desidia excusándome en la falta de tiempo, en el inicio de nuevos proyectos, pero la cruda realidad es que me apagué, poco a poco. Fui espectadora de mi titilar y en vez de cambiar la bombilla esperé ansiosa la oscuridad.

Di de comer al gusanillo de la escritura sustituyendo el blog por publicaciones en Instagram o Facebook, como si esas migajas más directas, sencillas y a tiempo real, pudiesen frenar mi gula. No ha sido así. Como mucho me han permitido expresar parte de mi ira, mi felicidad, o mi ilusión (y también, como no, soltar alguna indirecta encubierta con un relato). Sin embargo esa no soy yo, o quizá sí, pero solo en parte.

Echo de menos el deshago que me produce vomitar todo lo que pienso sin límite de caracteres, sin esperar un like o un comentario. Regurgitar y esputar. Reconozco que disfruto con los bloqueos del blog en alguna red social por considerar mis arcadas contenido no apropiado. Eso me hace pensar que lo que escribo pica, y si pica, por algo será.

Aquí me inicié y mandé a tomar viento fresco todos mis miedos. Aquí aprendí de muchos de vosotros. Aquí conocí a gente maravillosa dispuesta a ayudar. Aquí ,también, recibí las primeras críticas (unas más constructivas que otras). Aquí perdí la virginidad a esto que se le llama escribir para ser leído (porque la escritura siempre ha estado en mi vida, aunque oculta), disfrutando, siendo yo misma.

De aquí han salido relatos cortos de todo tipo, opiniones salidas de las entrañas o del infierno, historias que acabaron convirtiéndose en novelas, colaboraciones con otros autores e incluso concursos que intentaron inspirar a otros y animarles a que sacasen todo lo que tenían dentro olvidándose del qué dirán.

Abro la puerta de este lugar con miedo y nerviosismo. Chirrían las bisagras, pero les echaré 3 en 1. Los muebles están llenos de polvo y hay alguna telaraña, pero abro las ventanas y subo las persianas: la luz es reconfortante y me da tranquilidad y mucha paz.

Quiero regresar a mi hogar y sentir el abrazo cálido tan característico de una madre.

Quiero reencontrarme y descubrir que sigo siendo la misma, pero con más cicatrices y con mucho por contar.

Quiero despertar.

Quiero volver al nido.

10 comentarios

  1. Esta la eterna cuestión de fondo. Para qué se escribe. No porqué se escribe. No para quién se escribe. Para qué: el propósito.
    Si te importa el para quién, ahí están las redes. Si te importa el porqué, tienes el papel. Pero el para qué, el propósito, se puede descubrir y desarrollar aquí bastante mejor. Es la forma. Es la libertad para crear sin condicionarse a gustar. Amigos, los dedos de la mano, pero de verdad. Y aqui se obliga uno a ser mejor.

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