El camino

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El camino es estrecho y sinuoso. Lo recorre descalza, ajena al dolor que le producen las protuberancias del suelo. Intenta sonreír, pero solo consigue un lánguido gesto que pronuncia las arrugas en sus ojos.

Sus pasos son firmes, aunque mucho menos de lo que fueron antaño. Mira hacia el margen derecho del camino. Huesos. Voltea la cabeza y observa el margen izquierdo. Más huesos. Reconoce cada uno de ellos. Son sus cadáveres, sus víctimas. Vuelve a fijar la vista al frente. Mejor no pensar.

Nunca quiso hacerles daño. ¿O tal vez sí? No, el mal que pudo hacerles no fue intencionado. Ella intentó advertirles, aunque es posible que sin demasiada fuerza. Debió ser más vehemente, pintarse un rótulo en la frente: “No te acerques, acabaré haciéndote daño”. Sí, eso hubiese estado mejor.

Tropieza. Baja la mirada al suelo. Una calavera le escudriña desde sus cuencas vacías. Sabe a quién perteneció ese cráneo. Fueron años bonitos junto a él. Sin embargo, acabó destruyéndolo. La mujer mira sus manos, contempla sus dedos, las venas de sus muñecas. Veneno. Tengo veneno en la sangre.

Solo le queda seguir caminando e intentar no desviarse del camino, aunque en su interior sabe que, con cada curva que se encuentre, acabará infectando a alguien más con su ponzoña y otro cadáver adornará su trayecto.

La piedra que lleva colgada al cuello reluce entre sus pechos desnudos. La agarra con su mano derecha y cierra los ojos. La energía que emana de ella le da fuerzas para seguir caminando y le recuerda lo valiosa que es, la fuerza que tiene y, sobre todo, el color de su alma: un blanco tan nítido y humano que le da ánimos para seguir adelante.

No, en sus planes nunca estuvo el crear dolor. No, ella les avisó. Les dijo que no se acercasen, que no intentasen encerrarla en su propio cuerpo, que no le pusiesen barrotes, que mirasen más allá, que estudiasen su mirada, su interior, su verdadero ser antes de decidir formar parte de su vida.

No le hicieron caso. Frunce el ceño y sigue caminando.

 

4 comentarios

  1. Hay mecanismos evolutivos relacionados con los seres venenosos. Uno es que son inmunes a su propio veneno, y por eso no se sabe de ninguna vecina que haya muerto por morderse la lengua. Otro es que suelen ser de aspecto llamativo, pues esa es una señal de peligro para posibles depredadores.
    Nada dijo Darwin sobre lo que pensaban estos seres de si mismos, pero si que su letalidad era, en realidad, un medio de supervivencia.
    Otra cosa es lo que dijera Disney, que queda bien contestado con tu relato.
    Abrazos calurosos!

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      1. Somos así. La naturaleza humana es el gran motor de la narrativa; el autor es libre de acomodarse en el paraíso, de bajarse a los infiernos o de trabajar con toda la escala de grises. Por eso hay novelas en blanco y negro, y Novelas.
        No lo evites amiga mia, si la naturaleza humana es ese motor, la pasión es el combustible!
        Otro abrazo, hoy estoy que lo tiro🤣🤣

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