Dulce roscón de Reyes

Publicado por

Y cuando parecía que ya llegaba la calma gastrointestinal, se acerca el día 6 de enero y nos pega un nuevo zasca haciendo saltar las alarmas de los reflujos, las lorzas, la pesadez y la resaca porque, como bien sabe todo el mundo, los españoles tenemos la costumbre de remojarlo todo en una copita de vino o un licor digestivo; y quien dice uno, dice dos o tres.

Esta mañana se me ha ocurrido pasar por el supermercado a por unas cositas que se me habían olvidado (cosa muy habitual) y la imagen ha sido reveladora: la cola de las cajas llenas y todos los presentes con un roscón de Reyes en las manos. Y claro, me he dicho a mí misma “Pues no voy a ser menos” y he acudido al enjambre que colapsaba el aparador donde se encontraban estos dulces.

Tenemos roscones para todos los gustos: sin relleno, de nata, de trufa, de cabello de ángel, mixtos… No hay excusa para evitar la tentación. Para aquellos que no conozcan esta tradición (imagino que serán pocos) les explicaré en qué consiste:

La familia o los amigos se reúnen el día 5 para volver a comer. Y digo volver a comer porque durante estas festividades parece que estemos dentro del mismísimo villancico “beben y beben y vuelven a beber…Comen y comen y vuelven a comer”. Terminado con el menú (hasta el co** de mejillones, paté a las finas hierbas, gambas y fiambres), los comensales se retuercen en sus sillas con las mejillas ligeramente sonrosadas y los estómagos prominentes y con más ilusión que hambre gritan “Nene, saca el roscón”.

(Acotación: La tradición dice que a quien le salió el haba el año anterior, es el encargado de comprar el roscón del año siguiente. Sin embargo, siempre acaba comprándolo el mismo pringado persona responsable que tuvo la lucidez de encargarlo antes de que se agotasen o cerrasen los supermercados)

El encargado de cortar el dulce siempre tiene que ser alguien con mala idea, vamos que si nota algo duro dentro de la masa se hará el disimulado y ofrecerá ese trozo o bien a algún niño para provocar su llanto, o a algún cuñado cansino para que pague la pieza. El cortador también debe gozar de paciencia, puesto que las peticiones y devoluciones suelen ser de lo más variadas: “Ese no que tiene mucho relleno”, “Este no que lleva fruta”, “Ese trozo es demasiado grande”, “Pues yo lo quería de nata y ya no queda”

Una vez los comensales ya tienen su pedazo delante, empiezan las miradas inquietas entre los adultos y las disecciones entre los niños (creo que todavía tengo nata pegada bajo la mesa del año pasado). ¡Ojo! Estad muy atentos. He llegado a conocer a gente que se ha tragado el haba adrede (advertencia: no intentarlo en casa). Una vez el regalo funesto aparece, todos ríen y se burlan y se promete anotar el nombre del desdichado para que no se escaquee el año próximo.

Pero esto no es todo. No debemos olvidar el regalo bueno, el verdadero premio: la figurita del rey. Tened claro que le toque a quien le toque, siempre acabará en poder de algún niño, el cual se coronará como rey de la casa y se plantará en su pequeña y limpia (hasta el momento) cabecita la corona de papel que ocupaba el centro del roscón. Dará igual la insistencia de la madre en limpiarla primero: es inevitable que la trufa acabe en su pelo y en el resto de la familia porque el churumbel insistirá en probársela a cada uno de los asistentes.

Hechas las fotos pertinentes que quedarán en el recuerdo y servirán para ver lo viejos que estamos en años posteriores; los comensales comenzarán a retirarse para ocupar las mejores posiciones en la cabalgata de reyes donde un Baltasar abetunado (que mira que hay gente de color y no hay manera), un Melchor de capa raída y un Gaspar hasta los huevos de ser siempre el del medio, repartirán ilusión y confeti, sobre todo mucho confeti. Pero eso ya es otra historia…

11 comentarios

  1. Como vicepresidente segundo de la asociación mundial de odiadores de la fruta escarchada me identifico plenamente con los que “no quieren ese trozo”, y les envío un mensaje de esperanza: señores, del roscón se sale.

    Un relato divertido, y que demuestra las dotes de observación que ha de tener un buen escritor. Abrazos!!!

    Le gusta a 1 persona

  2. El único pedazo que no entiendo del roscón es el del trozo de naranja escarchada. Que sí, que se pueden escarchar todos los manjares que la malvada industria del roscón quiera, ¡pero hagan el favor de quitarle la piel a la naranja, que no es tan difícil!
    Y no, no vale comerse la naranja sin cáscara. ¡Si se escarcha, to padentro!

    Le gusta a 1 persona

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s