Minutos dentro de la cápsula del pánico

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El sonido era ensordecedor, casi insoportable. Maldijo a la criatura que crecía en su interior por ser la culpable de su situación. Estaba metido en esa cápsula por un monstruo al que temía reconocer.

Notaba fría la espalda por el contacto directo con la blanca plancha que le mantenía recto e inmovilizado.

Intentó pensar en otras cosas: la família que una vez tuvo y a la que echaba de menos, su santa madre tarareando junto a él para que conciliase el sueño y con la que, estaba seguro, se reuniría pronto, las vacaciones en la playa con Sofía, su amante…

El ruido ensombreció el recuerdo hasta difuminarlo y acabó desapareciendo. Escuchó una voz que le animaba “Tranquilo, ya queda poco”, le dijo.

Sin embargo, el miedo no remitió. Sintió el veneno recorrer todo su cuerpo, invadirlo sin compasión y no pudo evitar un temblor en el labio inferior. Si aquello duraba mucho más no podría reprimir las lágrimas.

Al fin el sonido cesó y la plancha comenzó a deslizarse hacia el exterior.

—Ya puede levantarse, señor —le dijo el hombre de bata blanca que acababa de entrar en la sala—. Su médico le dará las pruebas de la resonancia en un par de días.

Casi escuchó la risotada burlona de la criatura en su interior.

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