El cazador de sicarios

Publicado por

Apoyó la espalda sobre las piedras salientes del callejón y aprovechó la oscuridad que le proporcionaba el voladizo de la taberna para resguardarse de miradas, aunque ya hacía varios minutos que los clientes abandonaron el lugar entre carcajadas y pasos tambaleantes provocados por el exceso de alcohol.

Los farolillos seguían iluminando el empedrado a pesar de que el color del cielo empezaba a tornarse violáceo, indicando un nuevo amanecer.

El chirriar de las bisagras rompió el silencio. La posadera asomó su rechoncha cara por la rendija de la puerta. Al principio fue reticente a la petición del misterioso hombre, pero cuando escuchó el tintineo del vil metal, accedió sin dudar.

Estiró el brazo solicitando el pago y, al ver que el gesto no recibía respuesta, suspiró y le dió el nombre: Mardeluo. Ahora sí, el hombre se echó mano al cordón que llevaba colgado del cuello y del que pendía el saco de piel con monedas y pagó la cantidad acordada.

Ya tenía el nombre del sicario contratado por el cardenal para acabar con la vida del rey. El hombre, satisfecho, se arrebujó bajo la capucha y apretó el paso hacia la catedral. Las campanas sonarían en breve y no podía permitirse que le echasen en falta en la primera oración.

Contempló el majestuoso edificio sagrado y se encomendó a Dios. Le rogó para que le iluminase. Si la muerte del rey estaba cercana, debía elaborar un plan para eliminar al cardenal. Solo de esa forma, con la eliminación de las piezas principales, la paz seguiría intacta.

10 comentarios

  1. Excelente relato, a pesar de que no encuentro correcto el término utilizado “alféizar” en el contexto narrado.
    (“alféizar
    nombre masculino
    Vuelta o corte oblicuo que hace la pared en el vano de una ventana; en especial la pieza horizontal sobre la que se asienta la base de la ventana”.) Y, aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid, hacerte saber que catedral y cardenal no han de iniciarse con mayúscula.

    Saludos

    Le gusta a 1 persona

  2. No, no creo que ningún hombre quepa bajo el alféizar de una ventana, dado que, como mucho, puede sobresalir de la fachada unos 10 centímetros, el resto sirve para cubrir el grosor de la pared o muro donde está ubicada la ventana. Te recuerdo que soy albañil, he colocado muchos alféizares y, en este caso, sé de lo que hablo.

    Le gusta a 1 persona

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s