Tractor: ¿amor o asesinato?

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Hacía años que Anna dejó el pueblo bajo la mirada angustiada de su madre, en busca de su futuro, un futuro que imaginaba moderno y lleno de oportunidades para un espíritu libre como el suyo.

Le prometió a su padre que regresaría en vacaciones y no faltó nunca a su promesa. Así fue como conoció a Faustino, un joven robusto y alegre, de piel bronceada y ojos felinos. La primera vez que lo vió fue en el único semáforo del pueblo, justo el que regula el paso en la interjección para salir del pueblo y tomar la carretera o uno de los caminos de tierra que llevan a los campos de cerezos.

Anna aprovechó la luz roja para encenderse un cigarrillo y mirar en el retrovisor si el carmín rosa seguía en su sitio. Un ruido junto a su descapotable le hizo desviar la mirada del espejo: un enorme tractor también esperaba a que el semáforo se pusiese en verde.

Primero se fijó en las grandes ruedas traseras y luego en el conductor que la miraba sin ningún tipo de decoro. Le sostuvo la mirada unos segundos por eso de demostrar que no le intimidaban las miradas de los hombres, y luego se centró de nuevo en la luz roja.

Esa fue la primera vez que vió a Faustino, con la camisa manchada de tierra y el pelo húmedo por el sudor.

Su amistad fue creciendo por casualidad, a fuerza de coincidir en el único pub que había en el pueblo y que rebosaba de gente joven los calurosos dias de verano. Así conoció también a su prometida, Carola, una muchacha menuda y tímida que no hablaba por no ofender.

Las vacaciones se fueron sucediendo y cada año que pasaba se reforzaba la unión entre Anna, Faustino y, por ende, Carola. La convivencia entre el trío comenzó a suscitar los primeros rumores e incluso la beata madre de Anna se atrevió a preguntarle -colorada como un tomate-, si tenía una aventura con el bueno de Faustino.

Anna sonrió ante la insinuación y le tomó de las manos mientras la tranquilizaba diciéndole que eso era una tremenda tontería y que solo eran amigos.

La escasa población se escandalizó y lloró ante la muerte de Faustino. Un terrible accidente, se lamentaban. El joven cayó del tractor, debió de desmayarse por el calor, explicaban, y se golpeó de manera fortuita en la cabeza provocándole la muerte en el acto. El cuerpo lo halló su ya esposa Carola que no dejó de gritar desgarradamente hasta que llegó la policía.

Nadie se extrañó cuando la triste y tímida muchacha decidió abandonar el pueblo. Nadie supo que Anna la esperaba en su apartamento de la ciudad con una botella de cava abierta, en la cama, semidesnuda. Tenían que celebrar que su plan había sido todo un éxito.

10 comentarios

  1. “Que no hablaba por no ofender”.
    Para mi, en frases como esa está la diferencia. Has definido al personaje de un jodido plumazo. A veces hay que pintar con espátula. ¡bien amiga!

    Sin desmerecer del resto, por supuesto, que tiene fundamento y buena mano.

    (Pasas a la repesca, jeje)

    Y ¡un abrazo!

    Le gusta a 1 persona

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