Bloqueo

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Tengo una historia de más de quince mil palabras cogiendo polvo en un cuaderno. Desde hace tres semanas está en la oscuridad de mi bolsa de escritura, junto al estuche, mi estuche, ese que tiene prohibido tocar mi hija y que se ve asaltado cada dos por tres por sus deditos aprovechando mis ausencias.

La bombillita se encendió hace meses, sin tocar el interruptor. Me pareció una buena idea, podría ser una buena historia. Empecé a dar las primeras pinceladas, las primeras anotaciones. ¡Incluso hice una escaleta de acontecimientos y una descripción de personajes! Yo, la que nunca utiliza esas técnicas, la que se deja llevar por impulsos y majaderías.

Casi cada noche, antes de dormir, nuevas ideas para seguir la trama, me arropaban y me besaban la frente. Algunas de ellas se quedaban pegadas a las sábanas y eran olvidadas; otras, más afortunadas, seguían palpitando.

Sin embargo, ahí está el cuaderno, junto al estuche, dentro de la bolsa que cuelga de la silla del comedor y que veo cada día, cada mañana antes de irme a trabajar. Y pienso, “esta noche me pongo”, sabiendo que miento porque esta noche tampoco acariciaré sus hojas ni las llenaré de tachones.

Empiezo a pensar que soy una perezosa, que pierdo el tiempo en tonterías, que estoy bloqueada. Pero no es así, no creo que sea ese el motivo de mi desidia porque sigo escribiendo. Sigo inventando historias para el blog, microrelatos para Twitter e, incluso, divagaciones como la que estáis leyendo ahora mismo.

Quizás lo que necesite el cuaderno es que lo olvide durante un tiempo. Quizás deba olvidarme de su existencia, ignorarlo, para más tarde conocernos de nuevo, retomar nuestra relación de amor-odio y avanzar con premura hasta quedar extasiados, jadeantes tras el orgasmo final.

Sí, quiero pensar que se trata de eso. No hay bloqueo, llegaré al FIN, sin plazos, sin presión, sin escaletas, sin obligaciones. Solo él y yo.

6 comments

  1. Como no tengo consejos para darte, me centraré en el asunto de fondo.

    El estuche.

    Yo me hago solidario con tu hija y reivindico su derecho natural a curiosear en ese estuche. ¿Que prefieres, que fisgonee en el romi donde guardas las medicinas, que levante las camas para contar las pelusas, que se haga fuerte en el frigorífico y se haga muy mejor amiga de un tomate o un yogur griego, que le de por las herramientas y acabe cambiándole el filtro de aceite al coche o que de no tocar nada y no poder mirar en ningún sitio la pobre sienta miedo hasta de usar los cubiertos?

    ¡Déjala pues que toquetee las cosas de escribir, a ver si le despiertan afición y con el tiempo igual nos quita de pobres!

    ¿Le escondieron a Rafa Nadal las raquetas? ¿A que no?

    ¡Pues eso! 🤣🤣🤣

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    1. Jaajjjaaa, me parto. Si lo malo es eso que la afición ya la tiene y gasta todos los suyos (los que me pide en toooodas las papelerías a las que entro) y cuando se cansa, los míos.
      Eso sí, si alguno se gasta, se rompe o se pierde, ella nunca ha sido.
      Besacos, Isra!

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  2. ¿Bloqueo? ¡Noooo! ¡Nada de bloqueo es eso! Ya lo iniciaste, existe, está en el proceso de los nueve o más meses que necesite hasta que justo un día, en el momento que menos imagines, algo te llevará a retomar la historia; se encenderá la chispa y correrás a encontrar tu bolsa de escritura, Sadire. Estoy segura. A veces basta una palabra, un hecho observado, un gesto, o el más insustancial de los pensamientos para retomar el hilo de algo que hemos iniciado hace tiempo. ¡Saldrá humo blanco!
    ¡Abrazos!

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