La señora de la limpieza

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Nadie se percataba de su presencia. Pocas veces recibía un “buenos días” o un “hasta mañana”; y las veces que lo hacía, ni siquiera le miraban a la cara. Estaba convencida que esa gente, a la que veía cada día, no serían capaces de reconocerla si la viesen por la calle.

Tan solo era el fantasma de la limpieza, una silueta molesta que movía y desorganizaba sus papeles para poder limpiar el polvo. Una sombra de color azul  que en ocasiones se dejaba una  mancha en el cristal del despacho, que olvidaba reponer el papel del cuarto de baño o que echaba demasiado ambientador. Eso era para ellos, lo notaba en sus remilgos, en sus falsas palabras y, sobre todo, en su indiferencia.

Limpiaba las persianas, esas que seguro en sus casas estarían llenas de mierda, pero que a ella le exigían que estuviesen relucientes a pesar de solo querer pagarle pocas horas; y escuchaba sus conversaciones vacías. Nadie se extrañó cuando María abandonó a Jose, el que se sentaba a la izquierda junto a las ventanas. Llevaba años engañando a su pobre mujer con la recepcionista del gimnasio, y según el resto de compañeros “era algo que tenía que suceder”, frase que repetían cuando él no estaba presente, claro.

Lo que no sabían aquellos ignorantes es que días atrás deposité una foto del susodicho en el buzón de su casa en la que se podía apreciar claramente como le metía la lengua hasta la campanilla a la esbelta muchacha. Sonreí. Nadie apreció mi alegría.

Semanas después, Rebeca, la que siempre llevaba minifaldas, apareció con un brazo escayolado. La pobre explicaba casi entre lágrimas como la rueda de su coche reventó en mitad de la carretera y acabó estampándose contra la medianera. Todos se llevaron las manos a la cabeza y la abrazaron para mostrarle su apoyo. Incluso Sofía, la que le criticaba en el baño diariamente por su vestimenta. Sonreí de nuevo, convencida de que aquella inútil, no volvería a conducir en una temporada y que por lo tanto, no podría volver a golpear a su madre enferma cuando fuese a visitarla a la residencia.

Sin embargo, el día que mejor lo pasé fue meses después, ya entrado el otoño. Ese día entré a trabajar un poco antes, no quería perderme el espectáculo. Cuando llegaron ya estaba todo reluciente, e incluso el suelo se había secado, no quería que sus quejas por estar húmedo empañasen la escena que tanto ansiaba.

¡Es horrible!, repetían conforme iban entrando. Algunos sollozaban abiertamente, otros contenían las lágrimas a duras penas, pero todos lamentaban la muerte de Germán, el contable. Contuve el aliento y la carcajada que estaba a punto de escaparse de mi garganta. ¡Cuánto le querían aquellos pobres diablos! ¿Acaso sabían lo que le hacía a su mujer?, ¿habían sufrido ellos sus patadas, sus gritos, sus borracheras? No, ellos solo conocían su límpida cara laboral, la que solía mostrar a todo el mundo.

¡Pobre, Marcos, solo tiene cuatro años y ya ha perdido a su padre!, escuché que decía Míriam. Ante aquellas palabras no pude contenerme y me fui corriendo al baño, cerré la puerta para asegurarme de que no me oyesen y comencé a reír como una loca. Nunca recibiría el agradecimiento de Marcos, nunca se enteraría de que yo maté a su padre, yo le liberé de los abusos a los que le sometía cuando su madre perdía el conocimiento por los golpes. Pero yo sí, en mi memoria siempre mantendré la imagen de esos ojos asustados que me miraban sin entender cuando le clavé el cuchillo en las costillas, buscando su corazón.

—Soy la señora de la limpieza —le susurré mientras exhalaba sus últimas bocanadas de aire—. Tengo que limpiar toda la mierda que vais dejando.

 

17 comments

    1. Nunca se sabe qué hay detrás de una sonrisa y un plumero😉
      Bromas a parte, como hija de limpiadora que soy y exlimpiadora (5 años), tengo que decir que es una de las profesiones menos valoradas. Y a eso hay que sumarle las miradas de superioridad que tienen que aguantar los profesionales de este gremio.
      Besacos, Javi!

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      1. Sí. Completamente de acuerdo. Cuanto más alto se está social y/o laboralmente, el virus de la estupidez más lo devora a uno. Además, claro está, el desprecio añadido a la limpiadora por el mero hecho de ser mujer. Todo suma.
        Besos, Sadire.

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  1. Querida Sadire, quiero que sepas que en cuanto leí el comienzo con lo de que nadie saluda a las señoras de la limpieza, me metí en tu entrada porque es verdad que la mayoría de la gente ni las saluda ni les da ningún valor.
    Me parece muy bien que se los cargue a todos jajajaja.
    Me ha gustado 😋

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    1. Como le decía a Javi, la indiferencia y la humillación (indirecta) que soporta esta profesión es enorme. Y respecto al relato, primero pensé en una psicópata y punto, pero al final me salió una psicópata con corazón. 😂😂😂

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  2. Me ha gustado mucho, amiga, pero creo que si los tres primeros párrafos fueran en primera persona la historia ganaría. El momento en que se cambia el punto de vista no está claro y crea algo de confusión, sin embargo si mantienes el pdv en primera persona desde principio a fin, la descripción se convierte en reflexión, el personaje crece y la historia se enriquece.
    Perdón por criticar que no lo hago nunca, pero contigo si me atrevo. Un abrazo!!!

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    1. Tienes razón en que hay cambios en el punto de vista del relato, pero diré en mi defensa que están así a conciencia. Pensé que primero debía de presentar el personaje desde fuera, me explico: como la vemos diariamente aquellos que no trabajamos en ello. Y luego cambio para internarme en la propia protagonista.
      No sé si es un acierto o un error, pero se agradece tu aportación. Ya sabes que eso es lo que espero de tí.
      Besacos, Isra!

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      1. ¿Ves por qué nunca critico? El riesgo de equivocarse es grande, sobre todo cuando no tienes mucho criterio como es mi caso, y sitúas al otro en la tesitura de darte un zasca o mejor una colleja 🤣🤣
        Pero al menos demuestra uno interés, y eso si me lo tienes que anotar en el haber. ¿O era el debe?
        Abrazos múltiples!!

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  3. A mí me sucedió lo mismo que a Israel, luego de los tres primeros párrafos quedé un tanto desconcertada. Comprendo tu intención; quizá la transición entre un narrador y otro, requiera de algún indicio. No sé cómo, porque soy ignorante al respecto y aunque encuentro muy buena la entrada, la hubiese preferido narrada toda desde la primera persona.
    ¡Un abrazo!

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