¿En qué consiste la fiesta fallera?

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Entramos en el mes de marzo, un mes que, para la mayoría de los valencianos solo tiene un nombre: Fallas. Desde 2016 la Unesco añadió estas fiestas a su lista de Patrimonio Inmaterial de la Humanidad, pero ¿en qué consiste la fiesta fallera?
(Explicación general)

1. La ciudad de Valencia se convierte en un mar de gente. Las calles principales se colapsan de turistas que fotografían los monumentos (fallas) mientras hacen gestos raros intentando comprender. Las terrazas de los bares están petadas y las mesas repletas de vasos vacíos de cerveza, sangría y, en contadas ocasiones, botellas de agua. Es extremadamente complicado encontrar una silla vacía o un banco donde apoyar las posaderas y darle un respiro a esos pies maltrechos que han recorrido una maratón entre monumento y monumento.

Consejo 1: Siempre, siempre, acudir con calzado cómodo y, a ser posible, tapado para amortiguar los pisotones.

Consejo 2: ¡No intentes visitar el monumento en dirección contraria a la multitud! Corres el riesgo de acabar sepultado o, con suerte, de ser maldecido en veinte idiomas diferentes.

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2. Puestos de venta en cada esquina. La ciudad es invadida por puestecillos de venta de churros, chocolate y buñuelos aportando un agradable tufillo a fritanga a los viandantes. ¡Ummmm, esto es aroma a fallas! El valenciano de pura cepa siempre se decanta por los buñuelos de calabaza, pero siempre hay algún descarriado que prefiere los churros aunque eso le suponga unas cuantas burlas que le señalen como “churro” (aquí se le llama así a las personas que mezclan el castellano con el valenciano, y ya se sabe, los churros, o las porras, son más cosa de los madrileños).

Consejo 3: Si quieres saborear unos buenos buñuelos de calabaza, tienes que pedirle a la abuela de un fallero que te los cocine: fetén, fetén.

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3. Bandas de música por doquier. No te asustes si a cada esquina que giras te topas con una banda de música de las de toda la vida ambientando al personal. Las trompetas, tambores y timbales cobran protagonismo en estas fechas. Sin esas melodías tan tradicionales, las fallas no serían lo mismo.

4.Pasacalles. Y detrás de las bandas de música… ¡Un gran desfile de falleros y falleras con la indumentaria valenciana! No, no son la princesa Leia ni la dama de Elche, son topos de fallera que ¡ostia cómo pican! Si os fijáis en ellas notaréis una subida de decibelios en sus voces, es por culpa de las ensaimadas, pobrecillas casi no oyen. Y esos trajes tan bonitos, ¡coñi como pesan! ¿Os habéis dado cuenta de que lo máximo que mueven los brazos es hasta la altura de los hombros? Tiene una explicación: no se pueden mover más de lo ceñido que llevan el corsé (por eso casi siempre desfilan con los brazos en jarras)

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5.Monumento. ¡Estáis locos quemando eso con la millonada que cuesta! Sí, así es. Son enormes, majestuosos, impresionantes, satíricos… y volátiles. A primera vista (y a segunda y tercera) puede que no entiendas el significado con tanta teta, viejo verde y político caricaturizado, pero ¡no sufras!, siempre queda la “explicación de la falla”. Aunque yo de ti no la pediría, puede ser más larga que el Quijote.
(Explicación made in fallera de casal, y pa’ más inri, de casal de pueblo)

Las fallas son cuatro días ¡Y va todo por el aire! Ese es el lema principal para poder levantarte cada mañana y afrontar un nuevo día de desparrame.

Normativa:

  • Los verdaderos falleros deben cumplir en todos los actos, aunque se hayan acostado a las tantas de la noche. Deben estar a pie de cañón a primera hora aunque todos los poros de su piel rezumen alcohol.
  • Es imprescindible no fallar en los pasacalles ya sea como fallera/o o como acompañante, ya que son indispensables las dos funciones. Las falleras aguantarán sin quejarse más de tropecientas mil veces los topos, las agujas, los pendientes, la falda de cojones que se te clava en la cintura, los tacones, las medias que se van escurriendo, el corpiño que no te deja respirar y con el que es difícil empinarse el cubata… Desfilarán con una sonrisa y a una distancia prudencial de sus predecesoras. Intentarán que las faldas se muevan al compás de la música y solo podrán hacer “el pollito” cuando se haga una parada de más de quince minutos. Los acompañantes deberán ir cerca y siempre atentos de las mantillas que se caen, las mantas que sobran o faltan, los cordones de las espardenyas que se desatan o de la necesidad evacuativa de las falleras (no sabéis lo complicado que es hacer pis).
  • El hígado del buen fallero debe prepararse como todo un iroman y recibir con alegría la cerveza, la sangría y, sobre todo, los chupitos de cazalla. El estómago, por su parte, también debe hacer un esfuerzo y soportar cuatro días a base de cacaus, tramusos, olives y papes; entrantes estrella del casal.

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  • El buen fallero debe estar preparado para ver su casa convertida en un campo de batalla. No hay tiempo de recoger y solo pasarás por allí para dejar tirado el traje regional y darte una ducha antes de volver al casal.
  • El fallero de verdad se pasará cuatro días con el blusón y el polar con el color representativo de su falla. Da igual que te derramen un vaso de cerveza o que el niño tocapelotas de turno tire un masclet cerca de ti y te haga un agujero en el polar más grande que una pelota de pin pon. El polar es muy sufrido y lo aguanta todo, eso sí, cuando terminan las fallas está pidiendo la jubilación.
  • El fallero de verdad tiene que ver, al menos, una mascletá. Es obligatorio sentir el olor a pólvora, el suelo moverse bajo tus pies y pensar que te van a reventar los tímpanos. Si no estás dispuesto a eso, no puedes ser fallero.
  • Alabarás tu monumento aunque sea una “mierder pinchá en un palo”, es tu falla y debes estar orgulloso.
  • En cuanto suene la canción “El caloret” acudirás devoto a la barra dando saltitos y brindarás con vasos de plástico para después beberte la guarrería que te hayan servido (principalmente cazalla, como ya he dicho)
  • Lo que pasa en el casal, se queda en el casal. Se pueden hacer fotos y videos, pero solo para difusión interna (el ridículo tiene copyright)
  • Durante cinco días el casal será tu casa y la comisión de falleros se convertirán en tu familia.

Tipos de falleros:

  • El fallero fallao: Este es el que aparece el primer día con ganas de comerse el mundo y lo que hace es bebérselo. No vuelve a aparecer hasta el último día.
  • El fallero que se queja de todo: ¡Vaja merda de hamburgueses!, ¡Vaja merda de música!, ¡Vaja merda de máscletá! y varios “vajas” más.
  • El fallero que pringa siempre: organiza, arregla… Si no fuese por estos…
  • El fallero vampiro: Resucita al caer el sol y tiene pilas hasta que amanece.
  • El fallero “bomba de fum”: Parece que arranca, que arranca y va a darlo todo, y cuando te das cuenta ha desaparecido.
  • El fallero que aguanta a los niños: Tarea indispensable, de vez en cuando alguien tiene que echarles un ojo y organizar actividades para ellos, que en fallas se asilvestran.
  • El fallero que llega “a mesa puesta”: Este es el que después de que el resto se hayan tragado desfiles, pasacalles, preparación de mesas y sillas, reparto de entrantes (las olivas, papas y cacahuetes que comentaba antes), llega más fresco que una lechuga a la hora de la cervecita.
  • El fallero dj: Encargado del equipo de música. A partir de las doce de la noche y con dos cubatas, puede ser peligroso (batiburrillo modo on)

¡Ya falta menos para fallas!

5 comments

  1. Qué grandes las Fallas… Para los foráneos cercanos, al menos, en los años mozos, cuando vas al piso de estudiante del colega de toda la vida que se ha ido allí a hacer la carrera y os metéis 17 tíos en 70 metros cuadrados, mientras todo el mundo a tu alrededor te repite sin cesar ‘si en Fallas no follas, fallas’, ‘si en Fallas no follas, fallas’…
    No es lo mismo que vosotros, pero esos recuerdos también tienen su encanto. Eso sí, da un poco de rabia no haber llegado a vivir allí el temazo del caloret.

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      1. Por nuestra capacidad hepática no te preocupes, hace ya más de una década que nos hicieron un trasplante y nos cambiaron el hígado por una fregona Vileda, pero esos tiempos ya los podemos comenzar a narrar como ‘antaño’. ¡Quién nos iba a decir que algún día íbamos a tener responsabilidades barra impedimentos barra obstáculos barra joder qué ha pasado aquí! En fin, nos entretendremos reventando burbujas de plástico a modo de mascletàs y quemando ejemplares de LCDOM a modo de fallas, que a fin de cuentas abultan lo mismo.

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