Vomitando palabras

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No es agradable vomitar, ni siquiera cuando no eres tú el que lo hace. No, no es un acto bonito, es desagradable a pesar de que luego te sientas mucho mejor. Vomitar es grotesco y asqueroso, puede que incluso, sea un reflejo maloliente que acabe salpicando todo lo que tienes alrededor. No quieres, te aprietas la boca del estómago intentando bloquear la bilis que te sube por la garganta, pero es irremediable, sabes que, al final, vomitarás.

Buscas con la mirada un sitio adecuado para sucumbir al reflujo gastrointestinal y no sentirte vulnerable ante los ojos de esas personas que te acompañan. Además, no quieres ensuciar sus lindos zapatos ni tampoco tenerte que limpiar con la manga de la camisa. No, uno tiene que vomitar en soledad para darse un tiempo y reponerse antes de volver a mezclarse con la límpida sociedad. El objetivo es mantener la imagen intacta.

El sentimiento es el mismo cuando vomitas palabras. Sientes una presión en el pecho, necesitas evacuar toda la mierda que te está rondando por la cabeza, necesitas volcar sobre todas esas personas tu opinión, quieres gritar ¡No puedo seguir oyendo tantas barbaridades! con tanta fuerza que pequeñas gotas de saliva enmarquen cada palabra. Pero eso sería feo: estarías mostrando tu debilidad, tu verdadero yo, tus sentimientos… Y eso no puede ser, tienes que mantener tu imagen intacta. Porque si no lo haces serás el raro, la oveja negra de la manada, el ignorante que ¡veas tú! piensa diferente.

No quiero ensuciar sus zapatos. No puedo permitirlo, aunque, al menos, soy sincera. No soy como muchos, tan valientes, tan fervientes en sus elucubraciones, eso sí, siempre que se sienten seguros rodeados de otros que aplauden sus discursos. ¡Ay, pillin, a ti me gustaría verte soltando esas barbaridades en otros ámbitos! Sí, cuando se supone que no estaría bien visto decir esas cosas. Seguro que entonces es ahí cuando eres tú el que se aguanta las ganas de vomitar.

Me extiendo demasiado y estoy convencida de que ni siquiera sabéis a dónde quiero ir a parar. Yo tampoco, la verdad. La cuestión es que he empezado una ¿novela? ambientada en un futuro ficticio donde los protagonistas están a merced de unos cuantos locos y me ha dado bastante que pensar. Aunque debo reconocer (y agradecer) a todas las personas que me provocan vómitos lingüísticos que me han ayudado para dar pinceladas a esta futura historia.

Estamos rodeados de gente racista, intolerante e hipócrita. La frase más corriente es: “No, si yo no soy racista, pero que se larguen”, “No, si yo no soy racista, pero…” Esa mierda de “pero” ya me lo dice todo. También hay gente que lo dice con total naturalidad, sin necesidad de “peros”: “Yo soy racista”. ¿Habéis escuchado los alegatos de toda esta gente? Yo he oído varios y creo que, después de escuchar sus razonamientos, ganarían más si dijesen que son racistas porque les sale de las pelotas y punto.

Venga, empecemos a vomitar, que ya no me puedo reprimir:

#1 Vienen y nos quitan el trabajo:

-¿A cuántos moros o negros has visto trabajando en un banco o en una oficina? Yo, la verdad es que a pocos. Moros hay muchos en el campo, sudamericanas muchas en la limpieza o cuidando ancianos, negros muchos en las obras… Han venido y han ocupado puestos de trabajo que nadie quería. Es cierto que con la crisis muchos españoles hubiesen matado por conseguir uno de esos trabajos, pero me hago una pregunta ¿quién tiene la culpa de la crisis? ¿Los que llegaron o los políticos, los bancos y los grandes empresarios que fueron hinchando la burbuja?

#2 Claro, a ellos les contratan porque les sale más barato.

-Vuelvo a hacer la pregunta ¿quién tiene la culpa? ¿Ellos o el contratista? No seamos estúpidos, este es un país de pícaros (en el que me incluyo, que aquí no se salva ni el tato). Si a un agricultor, por ejemplo, le dan a elegir entre pagar las horas a cinco euros en vez de a doce, ¿qué elige? Y si encima se ahorra una seguridad social pues ya no te quiero ni contar… Podríamos alegar que el extranjero debería negarse a acatar estas condiciones laborales, pero qué queréis que os diga, no creo que vosotros lo hicieseis en su situación. Igual me equivoco.

#3 Los españoles cuando íbamos a trabajar a Francia salíamos con un contrato en el bolsillo.

-¿Disculpa? Esto es muy sencillo, el gobierno francés lo hizo bien. Entonces, permite que tosa que me atraganto cof, cof, ¿Qué control tenemos en España? Lo siento, pero los mandamases vuelven a ser protagonistas en este aspecto.

#4 Vienen a delinquir. Son todos unos ladrones, maleantes y asesinos. (Sí, esto lo he oído)

-No soy idiota, solo hay que poner el telediario para darse cuenta de que una gran parte de los delitos los cometen extranjeros. Pero, ¿cuantos españolitos han violado, asesinado y robado? Creo que unos cuantos si no me equivoco. Esto es muy sencillo, hay que cambiar cosas. El que cometa delitos que se le aplique una condena en consecuencia, no de estas que dan risa y que están tan de moda. Y si eres extranjero, deportación inmediata y puertas cerradas para el resto de los días. Sé que son medidas extremas, pero oye, no soy legisladora, ni jueza, ni (dios me salve) política. Seguro que hay gente que tiene muchas otras ideas mejores y les animo a que las propongan.

#5 ¡Oh, dios mío, acogemos a cualquiera!

-Es verdad. Somos así, llámanos solidarios, tontos o como prefieras. Al igual que he dicho que somos un país de pícaros, debo admitir que somos extremadamente sensibles y solidarios con las desgracias ajenas. Pero lo hacemos mal. Muchas veces no tenemos recursos para el volumen de acogida, no hay organización ni leyes que regulen todos estos trámites. Aquí es cuando mucha gente se siente amenazada, al fin y al cabo, vamos a pagarlo todos. Y no sé, a mí tampoco me ha pedido nadie permiso para quitarme diez euros del monedero con los que construir una megagigantesca rotonda, además de horrible. Volvemos a lo mismo ¿quién tiene poder para regular estas situaciones? El gobierno, sea el que sea, izquierda, derecha, centro, noreste, sureste, me pierdo… Una brújula por favor.

#6 Tienen ayudas para montar negocios y nosotros no.

-Esta es una afirmación que desconozco si es real, la verdad. En el caso de que lo sea pues demos las gracias a que así sea: Señores mandamases, gracias de nuevo. Y mientras tanto nosotros pues no sé, vamos a quemar la verdulería del moro de la esquina que a él se lo paga el seguro, no como a nosotros.

 

#7 Vienen aquí y tenemos que respetar sus costumbres. Haz tú lo mismo en su país y verás.

-Me la sopla las creencias de la gente. En serio, puedes rezarle a Mahoma, a Buda o a la Virgen María. Considero que es algo íntimo y personal. Eso sí, en una institución laica, considero que no se deberían tolerar ciertas cosas y todos deberíamos ser iguales, creo que sería lo justo.

#8 Se llevan todas las ayudas

Mandamases, regulen esto, por favor. Queremos que haya un reparto equitativo, justo e igualitario. No dejen que nos matemos entre nosotros.

#9 Huelen mal

-Este argumento me encanta. No huele mal porque sea extranjero, huele mal porque es un guarro. Como tú, cuando no te lavas los sobacos.

Conclusiones:

No sé a quién le interesará todo esto, pero seguro que ahora mismo se está tronchando de la risa. Tanto odio… Quiero pensar que alguien sale beneficiado. Y en cuanto a los de a  pie, a los de los argumentos solo me queda decirles que deberían apuntar más alto. En Francia suben el precio de la gasolina y la gente sale a la calle. En otros países para poder optar a una ayuda debes estar al corriente de pago con la hacienda pública y por supuesto tener papeles. En otros países se penaliza aquellos que cometen delitos sin miedo a que los tilden de racistas.

Por cierto, otra duda que me corroe ¿eres igual de racista con el cirujano árabe (en este caso no le llamas moro) que te operó las tetas o el corazón? Ah, no, con él no es lo mismo, ese tiene dinero.

Creo que ya he terminado de vomitar, bueno no, solo me queda decir: a todos estos que pensáis así solo os deseo que vuestros hij@s  se enamoren y acaben juntándose con un negro o una india, por ejemplo.

Espero no haber salpicado sus lindos zapatos…

 

 

5 comments

  1. Caramba si que has vomitado. Comparto en todo lo que cuentas sobre los fallos de los gobernantes, más preocupados en su poltrona que en gobernar y esto es aplicable al gobierno central y a los autonómicos. Si que detecto un cierto “buenismo” en estos temas, pendiente de explicación. O al menos de una explicación certera. los silencios no son buenos. En cuanto a los puntos que destacas recuerdo no hace mucho en el programa de Wyoming hicieron una prueba en Barajas. Un hombre negro, un hecho único, que había perdido su cartera y dos alternativas. Ambos dicen lo mismo y piden lo mismo 1) En la primera el hombre vestía uniforme de piloto. Pues bien, en este caso, fue muy bien “recibido” por las personas a las que pedía ayuda, que no escatimaban incluso en invitarle a subir al taxi para acercarle a la ciudad. 2) en la segunda el hombre viste con una camiseta raida, vaqueros viejos y zapatillas aún más viejas, De su hombro cuelga una mochila. Te recuerdo que ambos dicen lo mismo y piden lo mismo. Pues bien en esta segunda ocasión, no le hacen ni puto caso, le desplantan sin darle respuesta, o como mucho lo resuelven con evasivas. ¿Hablamos de racismo? o ¿hablamos de gilipollez? Siempre queda una mezcla de ambas. Pero reconociendo que hay cierto racismo, no olvidemos que hay cierta gilipollez. Si el racismo > gilipollez o a la inversa, es cuestión de análisis.
    Un abrazo y disculpa el tocho.

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    1. Nada que disculpar. Estos tochos me encantan y más cuando son temas ¿jodidos? ¿comprometedores? Estoy de acuerdo con tu clarividencia: gilipollez. Somos tan gilipollas que no somos capaces de ver más allá de un pellejo. ¿Pero no veis que nos manejan como marionetas? ¿No os dais cuenta de que somos tan gilipollas que somos incapaces de revelarnos? En fin, mejor culpar al negro. Sí, ese al que regateamos en la manta y nos jactamos de sacarle tres euros menos. Eso sí, luego que se vuelvan a su puñetero país.

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      1. He intentado siempre educar en base a cierto escepticismo muy necesario, para no tragarnos todo lo que nos venden, para tener un cierto espíritu crítico constructivo, precisamente para evitar lo que tu dices, que nos manejen como a marionetas. Pero no es tarea fácil y menos en esta época de la posverdad, en la que cualquiera se saca de la manga una historia y en 5 minutos la tienes en todas las redes sociales. Uno de mis primeros posts hace mucho tiempo, se titula “Manta” es un micro que trata precisamente de esas personas ambulantes. Échale un vistazo, tal vez lo republique algún día. Bueno te dejo, es que tengo un gripazo de aupa y como no puedo hablar mucho, llevo una tarde loca, dándole a la tecla que no veas 😷😗

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      2. Leído y disfrutado😊 El gobierno no debería permitir que se ganasen la vida así (siempre hay algún tipo de mafia o explotación detrás) y nosotros tampoco. ¿Cómo se soluciona todo esto?

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