Rozando los sueños

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La palabra deporte lleva implícitos los términos sacrificio, esfuerzo, constancia, rivalidad y otros muchos más, pero cuando hablamos de gimnasia rítmica debo de reconocer que le pese a quien le pese, la potencia de estos sustantivos se multiplica por tres. Se trata de un deporte que no es apto para cualquiera, al que odias y amas por igual. Yo sería incapaz de practicarlo, soy débil de espíritu y mucho más de físico.

Sin embargo, tener a alguien cerca, una apasionada por la rítmica, te obliga a emocionarte con cada salto, cada voltereta, cada nota de música, cada lanzamiento…

Las amantes de la gimnasia rítmica son unas locas, unas taradas, ¿quién si no dejaría a un lado las fiestas de cumpleaños, las pascuas, las vacaciones de Navidad, o los primeros tonteos con los chicos por irse a entrenar? ¿Quién en su sano juicio y, con esas edades, se levanta a las seis de la mañana para estudiar o engulle la cena en cinco minutos porque llega a casa después de entrenar cuatro horas, y sabe que todavía tiene que hacer deberes o terminar un trabajo? Eso, eso señores, solo lo hacen las gimnastas. Porque son unas locas, unas locas de la exigencia y el trabajo duro.

Muchos enarbolan el eslogan “el sacrificio y la constancia te llevará al éxito”, y sí, tienen razón, pero en muchas ocasiones no se consiguen las metas y, las gimnastas (estas niñas), en vez de hundirse, tienen la capacidad de resurgir de sus fracasos, de entrenar con más empeño y por supuesto, con muchas más ganas de brillar la próxima vez que pisen un tapiz.

La gimnasia rítmica es pasión, emoción y compañerismo. Hay muchas lágrimas, enfados con uno mismo, desesperación cuando no consiguen saltar más alto o afinar con los lanzamientos, pero también hay mucho apoyo, unos vínculos que más allá de la competitividad, les une de por vida. Se cuidan entre ellas y eso es un valor añadido que no aprenderán en muchos otros sitios.

En otras ocasiones conseguirán su sueño, pisarán un pódium, abrazarán su medalla y rozarán sus sueños, porque como decía, siempre habrá un sueño más alto por el que luchar, un nuevo objetivo. Al fin y al cabo la rítmica es eso: el único límite es el que la gimnasta se ponga.

Van a ser solo unos minutos, unos minutos donde tendréis que mostrar toda vuestra valía. Unos minutos en los que los corazones de las gradas dejan de bombear, los pulmones dejan de respirar y el aliento se queda congelado en mitad de la garganta. Unos minutos en los que demostráis a vuestra familia y al resto del mundo toda vuestra templanza, donde brilláis sin necesidad de purpurina ni cristales, donde exhibís vuestra pasión por el deporte, dejando a un lado el griterío de las gradas, la expectación del jurado y los nervios acumulados detrás de bambalinas.

Sois grandes, nunca lo olvidéis.

Mucha suerte, princesas

 

 

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