Escribir jugando (noviembre): Mi pozo

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Un mes más os dejo con mi participación en el reto de Lídia “Escribir jugando“.

Sabía que era el día de Todos los Santos por el ramo al que me aferraba: rosas y girasoles. Siempre llevaba el mismo a la tumba de mi padre.

Estaba en medio de una calle, en un polígono industrial, sola y entumecida. Miré hacia la izquierda: árboles tenebrosos, sombras y risas fantasmales. En la derecha un gato gordo se lamía la cola. Había más luz en ese lado, pero ese gato…

Lo más lógico era tomar esa dirección, hasta que el felino posaba sus ojos en mí. Sabía que ese sueño significaba algo.

¿Qué dirección tomo, papá? Te extraño tanto…

(100 palabras)

11 comments

  1. Los gatos negros, esos grandes incomprendidos… El gato miraba raro porque tenía cataratas y no veía un pijo, pero claro, como es negro no puede estar mal de la vista, sino poseído (o en celo, que viene a ser lo mismo). Seguro que en el Otro Mundo hay algún club de gatos, veremos si toman cartas en el asunto por injurias.

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      1. Muy bien, lo vemos y subimos la apuesta, y con eso queremos decir “la” vemos. Es decir, ahora te toca mostrarnos a la gata oscura. Es más, enseñarnos su foto acompañando una oda hacia la misma. Y, para más inri, esa oda tiene que versar sobre el tema “Por qué mi gata negra no está no poseída”.
        Esto huele a historia a medida, la verdad…

        Le gusta a 1 persona

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