Demasiada presión para una sola palabra

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No sé si la sociedad no está preparada para la igualdad o si es la igualdad la que no está preparada para la sociedad. El hecho es que la palabra igualdad acaba produciendo una presión tan alta en el individuo (en este caso, individua), que termina en un estado muy difícil de soportar.

¿Qué entendemos o entiende la mayoría de la población por igualdad? La respuesta más común sería: tener las mismas oportunidades y derechos que el resto (en este caso que los hombres) Podría decirse que es una definición demasiado simple y vaga, pero, si nos ceñimos a ella, podría considerarse cumplida, al menos, en los países “desarrollados”.

Las mujeres podemos decidir trabajar en cualquier ámbito y nada ni nadie nos lo prohíbe, ¿no es cierto? Puedes optar por una profesión mayoritariamente de hombres. Puedes ser bombera, policía, cirujana, taxista, arquitecta, científica… ¿No es así? Claro que puedes. Pero si eliges este tipo de profesiones, ¿estás sometida a la misma presión que los hombres? Permitirme que lo dude.

Una mujer tendrá que dar el cien por cien en su trabajo al igual que sus compañeros masculinos, pero, además, tendrá que demostrar cien veces más su valía y, por si eso fuese poco, tendrá que renunciar a otros aspectos de su vida. Me explico: nada de anteponer su vida familiar a su trabajo. Tiene que demostrar su plena dedicación como el resto porque estamos hablando de igualdad, ¿no?

Nadie va a reprocharle a un cirujano o a un policía que pase setenta y dos horas seguidas de turno fuera de casa. Y a una mujer tampoco ¿O sí? Sí, querid@s, la propia mujer se reprochará no asistir a la reunión escolar de sus hijos o no poder prepararles el desayuno. Y esto, señores, sigue siendo así.

Por mucho que la igualdad te haya proporcionado un estupendo compañero de vida que te cubra cuando no estás, la presión que siente la mujer por no ser capaz de dar el cien por cien también en su casa, existe.

Pongámonos en el lado opuesto, cuando la mujer decide utilizar su igualdad para cuidar de su familia. ¿Qué sucede en estos casos? Que la presión es la misma. Te juzgarán y la propia mujer se juzgará por no disfrutar de su igualdad y conseguir una carrera profesional. “Fíjate, pobrecilla, todo el día cambiando pañales”. Más o menos es eso lo que se siente. Esta mujer se juzgará por consentir no tener una independencia económica y puede llevarle, con el paso de los años, a una frustración contenida.

Hablemos ahora de la igualdad en la imagen. Hemos conseguido el derecho a hacer y lucir nuestro cuerpo como no de la real gana. Permitirme que en este punto me ría un poco: ja, ja, ja. Más presión, presión mires donde mires. Una mujer debe ser atractiva y mostrar su mejor imagen al resto del mundo, pero, al mismo tiempo, debe cuidarse mucho de no excederse mostrando, no vaya a ser que interpreten que buscas guerra.

Una mujer debe estar perfecta, sonreír y ser correcta. Nena, que aunque te chafes un dedo con un martillo, no se te ocurra maldecir gritando. No, eso sería demasiado ordinario. Continuemos con el aspecto, que si no me pongo a divagar.

Un hombre puede envejecer e incluso engordar y no pasa nada. “El paso de los años”, dirán muchos. Una mujer se sentirá en la obligación de utilizar fajas que disimulen el paso de sus tres embarazos, depilarse todas las semanas y llevar las cejas perfectamente delineadas.

La igualdad nos permite, también, ir de fiesta hasta altas horas de la madrugada. Nos permite beber alcohol y emborracharnos. Nos permite, incluso, conocer a hombres y acostarnos con ellos esa misma noche. Y, ¿qué es lo que sucede entonces? Que te conviertes en una fresca y lamentablemente muchos pensarán que pueden hacer contigo lo que quieran.

Siempre puedes optar por hacer uso de tu igualdad quedándote en casa disfrutando de una buena película o un libro. Sin embargo, entonces, te convertirás en una mojigata, una estrecha, una aburrida y una frígida.

Igualdad… Demasiada presión para una sola palabra

8 comments

  1. Es un tema extremadamente complejo, normalmente reducido a tópicos activistas. Ahora se confunde mucho la igualdad de derechos con la igualdad de resultados: lo primero es esencial, lo segundo sólo es una posibilidad, si pasa, bien, y si no, ¿qué importa exactamente?

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    1. Exacto. Y ojo, que hablo de igualdad para ambas partes. Pongo un ejemplo: si un hombre decide dedicarse exclusivamente a su casa y su familia ¿qué pensaríamos de él? Mucho me temo que le tildarían de calzonazos y blandengue. Y, para más inri, la culpa acabaría siendo de la mujer (mira como lo tiene de dominada, a saber dónde pasa tantas horas fuera de casa… Y mil comentarios más)

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