Había una vez una delicada princesita…

Publicado por

El amplio salón estaba repleto de consejeros repeinados y perfumados en exceso. En el extremo izquierdo de la enorme mesa rectangular, el rey y la reina escuchaban en silencio. En el lado opuesto, la princesa Sirum, con la cabeza gacha esperaba un veredicto.

Era el turno del consejero de seguridad y las milicias:

—¡Por el amor de Dios! La princesa acaba de cumplir veintiún años y sigue sin comprometerse. Su Majestad, yo creo que lo mejor es casarla con el príncipe del norte y así conseguir una buena alianza.

—No creo que eso sea necesario —intervino el abad—. Sin duda, lo mejor para esta chiquilla será que abrace las sagradas escrituras. No me malinterpreten, majestades —apuntó malicioso—. Seguro que sería una estupenda sierva de Dios, y las monjas estarán encantadas de tenerla junto a ellas.

—De eso nada —interrumpió el consejero de la moneda—. No debemos obviar la belleza de la princesa y lo beneficiosa que puede resultar para el reino. Le enseñaremos modales de cortesana, la instruiré en las artes de la negociación y las amatorias, puesto que en su caso, irían unidas. Podríamos hacer multitud de negocios provechosos gracias a su presencia.

La princesa Sirum tosió, pero nadie la tuvo en cuenta. Tosió más fuerte y consiguió la atención de los presentes. Se puso en pie con delicadeza, se atusó la melena y con extremada lentitud alzó sus puños y poquito a poco fue sacando sus dedos del medio.

El veredicto estaba claro.

5 comments

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s