El misterio seguirá intacto

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Rick Berlitz volvió a ojear el viejo periódico científico y leyó el manoseado artículo que tantas veces había releído el último año:

La leyenda del triángulo de las Bermudas al descubierto

Científicos estadounidenses desmontan los mitos y leyendas del Triángulo de las Bermudas…

…Según sus estudios meteorológicos el causante de tantas desapariciones y hundimientos serían causadas por la formación de nubes hexagonales… Estas nubes provocan corrientes de aire gigantescas y olas de hasta quince metros de altura…

… Las conocidas como bombas de metano también propiciarían estos extraños acontecimientos… Las burbujas gigantes de tal gas desestabilizarían los niveles de oxígeno en el aire y el agua provocando el hundimiento de los barcos y el mal funcionamiento de los sistemas de orientación de los aviones…”

—¡Paparruchas! —gritó Berlitz cerrando el periódico furioso.

—¡Estamos atravesando los límites! —informó José, el joven informático del equipo que observaba la pantalla de su portátil.

Berlitz se quedó embobado mirando el océano. Era su oportunidad de demostrar al mundo entero que su abuelo no era ningún loco, que sus teorías no solo eran parte de la ciencia ficción. Desde pequeño supo que las historias que le contaba en el porche no solo eran cuentos para asustar a su nieto. Lo percibía en sus ojos en ese momento y con los años acabó creyendo todo lo que el viejo le decía.

Según el abuelo Charles, después de conocer la desaparición del Vuelo 19, decidió hacer un trabajo de campo para tomar notas y vivir en primera persona las mareas y los vientos del Triángulo. No estaba preparado para lo que allí vería, solía repetir con los ojos perdidos. Pasaron tres días en aquellas aguas sin nada memorable que añadir a sus notas, pero la última noche, mientras fumaba uno de sus puros habanos algo llamó su atención: algo parecido a una estrella cayó al mar, en silencio, casi sin desestabilizar la calma del mar.

Charles movido por la curiosidad asomó su tronco por la borda intentando ver donde había caído la pequeña estrella y así vio algo monstruoso: la estrella continuaba hundiéndose y poco a poco su luz iba apagándose. Justo antes de que el brillo cesase una sombra enorme se intuyó bajo el casco del barco. La estrella había despertado a un ser descomunal. Charles retrocedió unos pasos, pero su naturaleza curiosa le impedía dejar de mirar. Una cabeza púrpura del tamaño de una ballena asomó entre las olas que la propia criatura estaba provocando.

Los gritos del capitán alertaron a Charles “¡El sistema de orientación ha caído!” gritaba sin cesar. Pero el abuelo permaneció absorto, inmovilizado ante la magnitud de lo que veía: dos tentáculos amorfos rodearon la nave y solo pudo ahogar un grito. De repente la pequeña estrella caída emergió con una velocidad inaudita y ocupó su lugar en el cielo estrellado. Cuando el abuelo volvió a mirar hacia el agua, esta estaba tranquila y en silencio. La criatura había desaparecido y las brújulas funcionaban de nuevo.

Ahora, más de treinta años después de aquel suceso Rick sentía la necesidad de mostrar al mundo entero la veracidad de la historia de su abuelo. Puede que sí, que Charles magnificase los sucesos en su libro, o puede que incluso algunos los inventase, pero según el mismo decía: “Cuanto más extraño y misterioso parezca más necesidad de investigar suscitaremos. El ser humano necesita respuestas”

Y ahí estaba Rick, sin un duro en la cuenta bancaria ya que todo lo había invertido en un buen equipo de investigación y sin nadie que le esperase en casa. Sindy nunca le entendió, nunca creyó en la veracidad de las historias del loco Charles, y aunque en un principio hasta disfrutaba escuchando los cuentos de  Rick, no fue capaz de soportar su obsesión y finalmente lo abandonó el ayo anterior al ver que todos sus ahorros irían destinados a una locura.

Un zumbido por encima de su cabeza le sacó de su ensimismamiento. Rick miró hacia el cielo estrellado y lo que vio le hizo tragar saliva: una estrella estaba bajando a cámara lenta y terminó chocando contra el agua sin emitir ningún sonido ni chapoteo. Los pelos se le erizaron y sin mediar palabra por miedo a estropear el momento sacó su cámara fotográfica. Consiguió realizar más de cien fotos antes de que la pequeña luz se apagase en el fondo del mar y entonces llegó la locura: unos tentáculos gigantes, grotescos comenzaron a rodear el barco zarandeándolo como si fuese un sonajero en las manos de un bebé emocionado.

Rick agarró con fuerza su cámara y sacó cien fotos más. No tenía miedo a pesar de los gritos del resto de la tripulación que corrían de un lado a otro con las manos en alto. Una cabeza púrpura con más de veinte ojos amarillos asomó entre las olas. Rick se acercó el objetivo y le dio al zoom. Los ojos de la bestia le mostraron su destino: aquella noche la estrella no emergería y otra nave ocuparía el fondo del mar con el resto de sus tripulantes.

Rick extendió los brazos en cruz y dejó caer la cámara que se precipitó por la borda. Después, con los ojos cerrados se lanzó al mar. El misterio del Triángulo de las Bermudas seguiría intacto.

 

3 comments

  1. Bueno, pues si no le quedaba un duro y nadie le esperaba en casa, tampoco pasa nada, ¿no? A fin de cuentas, Rick comprobó lo que quería: es un final feliz (aunque los demás tripulantes quizá pensasen lo contrario…).
    ¿Sus respectivos Michel y Bones tienen flotadores? Porque ya me imagino que los manguitos para ellos muy ergónomicos no serán…

    Le gusta a 1 persona

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