¡Exijo mis derechos como lector/espectador!

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¡Atención! En esta entrada puede haber spoiler. Si no has visto Vikingos, Juego de Tronos o Hijos de la anarquía y piensas verlas más vale que no continúes (quiero que hagas el canelo como yo)

Las plataformas como Netflix o Hbo están arruinando mi vida y minando mi moral (¡ahora entiendo tu frase Antonio Recio!) y maldigo el día en que las dejé colarse en mi casa. Lo que iba a convertirse en el plan perfecto está acabando en una tortura con rasgos de masoquismo. Y ahora va mi explicación:

Series a la carta sin restricción de horario, a tu disposición en cualquier dispositivo y a cualquier hora, tenía pinta de ser perfecto. Solo un problema: me va la acción, el suspense, el crimen… y esto me lleva a un tipo de series que están dejándome un regustillo en las retinas más que amargo.

¿Cuándo se puso de moda el cargarse a todo cristo en las series (o en los libros que también los hay aunque por fortuna es menos frecuente)? Por dios, que ya no se respeta ni a los protagonistas. Tengo claro que los autores tienen que tener ciertas licencias para llevar a los personajes a su objetivo o para mantener la tensión o incluso para llevar a buen puerto un desenlace, pero ¿cuál es el límite? Como lectora/espectadora hay cosas que no tolero y esto de las masacres como que ya me está tocando la fibra.

Para mí la semillita la puso la peli Braveheart, una película que me encanta y que he visto más de quince veces, pero que tiene un final difícil de digerir. Vamos, que cada vez que la veo espero que el pobre William Wallace se levante del potro de castigo, se recoja los intestinos y le pegue dos guantazos y un hachazo a toda la muchedumbre y al rey moribundo; pero no, esto nunca ocurre, y lo entiendo. Sí, lo entiendo. Esta muerte al menos tiene algún sentido: motivar al resto a continuar luchando por sus ideales.

Luego viene Juego de Tronos, la serie/novela “cruel” por excelencia. Aquí no se salva ni el apuntador, hasta los animalillos desconfían de si seguirán con vida en el próximo capítulo. Vamos, que los caminantes blancos tienen suerte, esos seguro que no mueren porque ya están muertos, la nómina la tienen asegurada. Bueno, va, aquí también soy comprensiva puesto que casi todas las muertes sirven para algo, aunque solo sea para fortalecer el devenir de otros personajes. También tengo que aplaudir la transición cada vez que alguno de los protagonistas “pierde la cabeza”, reconozco que no se les echa de menos y eso es muy, muy bueno.

Y ahora es cuando viene mi crítica: ¡siento que me están tomando el pelo! ¿De qué hablo? Bien, voy a poner nombres:

  • Vikingos: Cuando vi que tenía cinco temporadas dije “esta es la mía, si me gusta tengo serie para rato”. Y me gustó, después de tres o cuatro capítulos consiguió atraparme y aunque habían cosas que me chirriaban un poquito (batallas sin sentido y repetitivas, por ejemplo) lo dejé pasar ya que es una de esas licencias que se les consienten a los autores, un poco de relleno como las descripciones tan pesadas en algunos casos en ciertos libros. Y luego llega la cuarta temporada y ya te sientes uno con el protagonista, con sus demonios y sus preocupaciones ¿y qué sucede? Que muere. Y lo peor es que muere sin pena ni gloria, casi sin venir a cuento y me quedo ojiplática frente al televisor intentando asimilar lo que ven mis pupilas, dándole órdenes a mi cerebro para que resetee y cree otras opciones como que va a resucitar en el siguiente capítulo. Pero no, eso no va a suceder, lo entiendes cuando lo lanzan en una fosa con mil serpientes y se lo papean hasta que se queda más tieso que la mojama. Adiós a esos ojos azules (que a veces no son azules, otra licencia consentida). ¿Y para qué esta muerte? Para nada, no aporta nada, solo incita a que el espectador se sienta timado y decepcionado porque lo que viene después es para llorar: personajes vacíos que ni conoces y luchas sin sentido, vergonzoso.
  • Hijos de la anarquía: ¡Hombre otra serie con siete temporadas! “Espero que me guste, tiene muy buena crítica”, pienso emocionada. Primeros capítulos que me dejan tibia, ni fu ni fa, pero entiendo que son necesarios para ponernos en situación y hacernos una idea del mundo de las bandas. No te cala ningún personaje en particular, pero eso hace que tengas interés en saber más de ellos y ver sus verdaderas intenciones. Final de la primera temporada y mi cerebro llega al clímax y lanza fuegos artificiales: “Esta sí que me va a molar”. Y me mola, me mola, y llego temerosa a la cuarta temporada y vuelvo a ser comprensiva ante hechos que ya me suenan demasiado y a planes un tanto rocambolescos. La sexta temporada va bien aunque haya tomado un cariz que me tiene con el “ay” en la boca: Tara, la novia sufridora ¿va a traicionar a su amor? Todo lleva a pensar que sí y entonces empiezo a temer por mi facilidad de aceptar cosas que no me gustan. Mi cerebro dice que no, que no puede ser que lo traicione, que aunque me gusten los personajes con luces y sombras el bueno tiene que ganar y en este caso hacer bueno al que tiene al lado. Y resulta que triunfa el amor y Tara no traiciona al club, y lo que es mejor, Jacks, su marido, decide redimir todos sus pecados yendo a la cárcel por ella. Pero una que es lista ya va pensando en que queda el capítulo final de la temporada y que no puede ser todo tan bonito y una es lista y no se equivoca: La madre de Jacks asesina salvajemente a Tara apuñalándole el cráneo. Y lo mejor es que se va de rositas, nadie se imagina que haya sido ella. Esta la voy a terminar, solo me queda una temporada, pero intuyo que pinta muy requetemal, otra muerte que no sirve de nada y que lo único que va a conseguir es la decadencia de una serie que no se lo merece.

Siento que estoy “haciendo el canelo”, ¿seré masoquista?

6 comments

  1. Debo ser muy rara, pero no me enganchan las series, de hecho eso de estar quieta mirando la tele no sé hacerlo, yo tengo que estar haciendo varias cosas a la vez y claro, ver una serie requiere de atención completa… ¿tendré déficit de atención?
    En fin, que a mí dame un mando y un videojuego y sí que miraré la tele jajajajaj 😉

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