A mí hábleme en español, o no, mejor no.

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Cuando Jacinto, el eterno becario, colgó en el panel de corcho la convocatoria a una reunión obligatoria dentro de dos días en la sala de juntas, todos los empleados se extrañaron ya que no era lo normal, incluso el pulcro papel parecía desentonar entre las fotos ajadas de las últimas cenas de empresa donde las sonrisas y las mejillas sonrojadas delataban la euforia del alcohol, o entre los folios amarillentos de los turnos de los operarios y las listas donde se apuntaban los interesados en colaborar en el cumpleaños de Juan o el bautizo del primer hijo de Benito.

Mucho se murmuró durante esos dos días anteriores, aunque no pudieron intuir el motivo de tal evento, todo seguía igual en la empresa.

Marcos, el encargado de las cintas transportadoras se sentó junto a Melisa, la empleada del mes por su tesón y esfuerzo, y también según muchos, por sus grandes tetas.

—¿De qué va todo esto, Melisa?—preguntó Marcos señalando la larga mesa frente a ellos repleta de cartelitos donde rezaban palabras como “Chief executive officer”, “Chief financial officer” o “Customer relation management”.

Melisa levantó los hombros a modo de respuesta y justo en ese momento comenzaron a entrar los que ocuparían las sillas frente a dichos cartelitos. Marcos bufó y le susurró a su compañera:

—Pues si son Josias, Aitor y Sofía.

Josias, el Customer relation management, fue el primero en hablar. A los diez minutos de un discurso monótono y plagado de frases repletas con palabras como “empowerment”, “fee” o “core business”, Marcos empezó a sentirse como cuando en el instituto el profesor intentaba explicarle las ecuaciones y no se enteraba de nada.

Empezó a anotarse todas aquellas palabras con la intención de buscar su significado más tarde. El siguiente de los ponentes fue Sofía, más conocida como la jefa.

Su discurso fue, al menos, más atractivo gracias a los cambios de ritmo y tono. Marcos siguió anotando: “outsourcing”, “benchmark”…

Concluida la reunión todos los operarios continuaron con sus tareas con normalidad, nada parecía diferente, pero Marcos indignado por no haber sido capaz de comprender nada, se acercó a Sofía antes de que se fuese a su túnel:

—Sofía, tú sabes algo de inglés, ¿verdad?

Ella afirmó con cara de pocos amigos.

—¿Qué nos han querido decir? —insistió el hombre.

—Que nos vamos a la puta calle, Marcos. Van a “chapar” esto y se trasladan.

Marcos mostró una amplia sonrisa:

—¡Coño, ahora sí lo “pillo”! Si no es tan difícil hablar en español —exclamó contento mientras se encaminaba a su lugar de trabajo.

Poco le duró la euforia, lo justo hasta que asimiló lo que acababa de ocurrir.

6 comments

  1. Lo primero que quiero que sepas, y es solo una opinión porque yo soy solo una aspirante a escritora, pero de lo que percibo después de meses sin aparecer por aquí, es que cada vez escribes mejor, fluido, detallista, concreto y sin dejar de aportar una historia completa en cada aporte.
    Y en cuanto al texto… pues sí… cuando empiezan a decir palabrejas raras que Dios nos pille confesaos jajajaja

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  2. Casi habríamos preferido que la reunión fuese para comprarle un carrito nuevo (el primero se ha roto) entre todos al hijo de Benito, que, por cierto, se ha quedado sin trabajo justo cuando tiene que criar desde cero a un niño. Si eso no es ‘core bussiness’, que venga Dios y lo vea.

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