Dejando atrás el infierno

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Ya sé que prometí el regreso a estos lares hace unos días, pero la verdad es que he continuado desaparecida. Sin embargo tengo una buena excusa que justifica mi ausencia: he estado en el infierno.  Además también he estado liada con los cierres contables y esas cosas (no, ese no es el infierno, aunque se le parece mucho vaya…)

No, la verdad es que he visitado el averno y me he sentido bastante cómoda, tanto que ni he tenido tiempo de escribir. No me he vuelto chiflada, como digo todo tiene una explicación razonable y la mía es que no he podido evitar engancharme a una serie llamada “Lucifer”, he sucumbido al vicio de la televisión a la carta. Mi ansia me llevaba a pasar las noches frente a la pantalla, degustando cada capítulo, convirtiéndome en una zombi devoradora de acción, pasión y homicidios.

Para quien no sepa de qué va esta serie haré un pequeño resumen: Lucifer, el mismísimo Satanás, está hasta las narices de vivir en el infierno y se va de vacaciones a la ciudad de Los Ángeles (sí, no podía ser otra ciudad). Allí conocerá a una inspectora de homicidios y se convertirá en su histriónico ayudante. Podríamos decir que es una serie más de asesinatos, pero la gracia está en la historia que enlaza cada capítulo y que versa sobre la vida de Lucifer y su relación con el resto de personajes entre los que están una psiquiatra comprensiva y eficiente, un ángel hermano de Lucifer, una demonio…

¿Por qué me ha enganchado esta serie a parte de porque el prota, Rey de las tinieblas está buenorro que te cagas? Porque por mucho que se hable de Dios (padre de Lucifer y culpable de su destierro al infierno), de ángeles, del bien y el mal, de las consecuencias de nuestros actos tras la muerte; en realidad es una oda a la filantropía. Todos los seres divinos ya sean ángeles o demonios acaban enamorándose de la especie humana a pesar de que en un principio los veían como seres inferiores. Del mismo modo también odian cada gesto de maldad que se prodigan entre ellos.

Y ahora es cuando diréis “¿Y a mí que me importa que te haya gustado una serie?” y entonces yo os contesto “Me ha hecho pensar”. Sí así es, una serie más bien sencilla me ha hecho pensar en cómo actuamos, en qué es para nosotros, simples mortales el bien y el mal, en cómo nos creemos con la capacidad de juzgar quién es honorable o quién es un demonio solo porque otros así lo señalen, o por nuestros orígenes.

También me ha hecho pensar en las segundas oportunidades, ¿hay tiempo para compensar actos pasados? Sí, creo que sí. Por supuesto sólo hablo de niveles pecaminosos corrientes: engaño, codicia, envidia, traiciones…cosas así.

Así mismo, me ha hecho divagar en por qué nuestra especie comete actos malvados, ¿es esa nuestra esencia?, ¿quizá eso nos hace diferentes?, ¿es el libre albedrío lo que nos hace únicos?, ¿eres menos vil si nadie se entera de tus secretos más oscuros o más benévolo y generoso si te aseguras de que todo el mundo se entere de tus buenas acciones?

La cuestión es que mi viaje por los infiernos me ha encantado y como véis me ha dado mucho con lo que divagar, creo que demasiado: mis únicas dos neuronas están hechas puré.

13 comments

  1. La humanidad está hecha polvo. Igual que ese ser humano vil secreto y ese benévolo público se dan por separado en dos personas distintas, pueden confluir en la misma de una manera absurda, pero real, en función de a qué situación se enfrenten. Pero la naturaleza humana es así, integra las incongruencias y sigue adelante como si tuvieran sentido porque para esa misma persona sí lo tiene. Es como creer en que el destino está escrito y no puedes hacer nada por cambiarlo, pero hasta que llegue ese momento puedes hacer lo que te dé la gana, incluidos los cambios pero pueden variar inexorablemente una existencia. En ese caso ejercitas plenamente ese libre albedrío, pensando que todas las gestas o burradas que hagas y que sabes que te van a llevar a fines distintos, a fin de cuentas, no van a cambiar tu destino escrito. ¿Son o no antagónicos? Pues en función de lo que uno decida según le venga mejor. Incongruencias integradas y palante.
    Los humanos están todos locos, mejor nos iría siendo perros arqueros que van a puticlubs…

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    1. Mientras escribía esta entrada recordé una vuestra que trataba todo esto de “si no lo digo soy bueno” y cosas así. Pa’ que luego digan que las “americanadas” no tienen chicha…
      Me voy a fabricar unas cuantas flechas😉

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  2. Jolín! Pues sí que te ha servido una serie para divagar, sí. A estas horas, y después de corregir tropocientos trabajos de historia de adolescentes, te diré que soy incapaz de contestar a las preguntas que sueltas en tu post. Y hay una que me ha llamado mucho la atención, es este: “¿eres menos vil si nadie se entera de tus secretos más oscuros o más benévolo y generoso si te aseguras de que todo el mundo se entere de tus buenas acciones?” que tiene mucho que ver con las apariencias y me has hecho recordar algo que decía mi abuelo: “No solo tienes que ser humilde, sino que además tienes que parecerlo”. Es decir, según él no bastaba con ser buena persona y punto, sino que tenías que aparentar serlo delante de los demás… Qué complicados somos los humanos!!
    Un besote, Sadire! 🙂

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  3. Me voy a centrar en la serie, no en el giro filosófico que das a la entrada.
    No coincido contigo, mira, chincha 😀 😀 😀 😀
    Aguanté solo la mitad de la 1ª temporada, principalmente porque, para que me guste una serie procedimental del “caso de la semana”, muy buena tiene que ser, pero, sobre todo, porque no pude aguantar el destrozo que al personaje de Neil Gaiman le habían hecho. No arranca mal, tiene potencial, pero me resultó una moñada en la que el actor, por cierto, tampoco me pareció especialmente brillante actuando. No, no me gustó 😛

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    1. Bueno, en cuanto al destrozo de Neil no puedo opinar, pero seguro que si hubiese “leído” antes de “ver” me hubiese pasado lo mismo ( de ahí que todas las pelis “basadas en” me decepcionen).
      Por otro lado, muy mal Lord, tengo que decirte que conforme va avanzando va ganando en interés, por lo menos eso me parece a mí.
      Besacos!!!!

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      1. Nah, que hay muchas series y cada vez la lista de “para ver” sube y sube y sube que lo flipas. Suelo dar cinco episodios de margen; si entonces no me ha enganchado, a otra cosa, mariposa (aunque creo que de esta llegué a ver nueve o diez).

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