Tabaco picado

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Entré despacio en la amplia cocina, midiendo cada pisada,  como si estuviese profanando algún lugar sagrado. De inmediato posé los ojos en la enorme mesa de madera de tilo blanca. 

Ni siquiera los años habían conseguido hacer mella en la superficie barnizada. La recordé en otros tiempos, repleta de cacharros: un boli, un vaso, una jarra de zumo medio vacía y las volutas de tabaco picado.

Podía recordarlo con total claridad liando sus cigarrillos cada mañana, a su lado una taza de café humeante recién hecho. Siempre lo regañaba por dejar desperdigados los restos de tabaco sobre la imponente mesa. Creo que le divertía ver mi cara disgustada cuando regañaba mientras recogía los trastos y le pasaba un trapo húmedo para borrar sus huellas: su tabaco.

Ahora allí estaba esa mesa de cantos redondeados esculpidos por algún ebanista perfeccionista, mirándome desafiante. Parecía decirme: “Aquí me tienes. Más blanca y resplandeciente que una mesa de quirófano. ¿Es suficiente?”.

Sé que se burlaba de mí. Esa mesa me conocía, me había visto reír, su madera absorbió mis lágrimas cientos de veces. Pasé mis dedos por su lisa superficie mientras la rodeaba. 

Frío, solo noté frío: una tabula rasa.

Imaginé las finas vetas marrones formando una enorme sonrisa en el centro del tablero. Las vetas se movieron,  “¿Y ahora qué?”, me dijeron, “Borraste tu pasado como borraste las volutas de tabaco sobre mí con tu trapo. ¿De qué te vas a manchar ahora?, ¿quién vas a ser?”

Cerré los ojos, suspiré y aparté los dedos de la madera. Tenía que salir de allí. ¿Quién quería ser? 

¿Quién soy?

15 comments

    1. Me alegra que hayas captado la idea: tenía dudas de si me habría explicado bien.
      Tienes una sensibilidad especial, Maria del Mar y así lo muestras hasta en tus comentarios “que agitan los recuerdos dormidos como un abanico que se despliega en el aire”.
      Besacos de lunes!!!

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  1. Interesante texto, Sadire. Si no me equivoco, hay una especie de identificación de la persona que ve la mesa (que inicia el relato) con la propia mesa (que luego es la narradora en primera persona) para volver la narración a la persona, ¿no?
    Cuestiones:
    Al ser el tilo la madera de la que está hecha, debe estar en minúscula
    Cacofonía en “hacer mella en ella”
    ¡Abrazacos!

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