Siempre puede ser peor

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Toda su vida había servido a la noble casa Marlow, al principio resignada y después agradecida. Debido a su eficaz y pulcro trabajo se había salvado de vivir en miserables y húmedas calles cubierta de mierda de caballo y desperdicios.

Sin embargo, cuando se enteró de que estaba embarazada comenzó a mirar a sus señores con envidia. Quería que su hija -sentía que iba a ser niña- difrutase de las mismas comodidades que tenían las señoritas a las que cuidaba. Por eso cuando tuvo a la pequeña Ingrid en sus brazos no lo dudó: tenía que visitar a la bruja de los negros.

Sabía que solo por visitarla podía ganarse unos azotes por parte del señor. La brujería estaba prohibida y el contacto con los esclavos fuera de los temas del trabajo todavía más. No le importaba.

Envolvió a Ingrid y aprovechó que estaba durmiendo para salir y cruzar el bosque. Una de las esclavas le había dicho a cambio de una pastilla de jabón, que la bruja vivía en una cueva junto al río.

Sintió el viento helado en sus mejillas y aceleró el paso. La cueva estaba en penumbras, nada indicaba que estuviese habitada, pero apretó los dientes y entró. Una voz le ordenó que parase. Obedeció. Unos ojos anaranjados se pusieron frente a ella.

—¿Estás segura de que quieres continuar? Aún estás a tiempo de desandar tus pasos y cobijarte en los calientes salones de tus señores —dijo la bruja con voz cascada por los años de humedad y cantos hieráticos.

—No me iré de aquí sin que mi hija vista los mejores y caros vestidos, sin que disfrute de los mejores cuidados, sin que tenga una casa digna donde vivir junto a una familia poderosa, sin que le asegures una belleza juvenil eterna…

La anciana iluminó su rostro con una pequeña antorcha y la mujer creyó ver una sonrisa en su rostro. 

—Como desees — Fue lo único que dijo antes de echar unos polvos sobre la pequeña Ingrid.

Desde entonces viste las mejores galas, recibe los mejores cuidados, disfruta de todas las comodidades y vive en una casa noble. Su madre y las hijas de los señores se encargan de eso cada vez que juegan con ella. Lástima que con el tiempo quedase relegada a un armario.

16 comments

  1. Toda una muñequita… Hay que tener cuidado con lo que se desea, evidentemente. Hay que sacar lecciones de esas lecturas que tienen genios de por medio: son bastante cabrones a la hora de conceder anhelos.
    Pero, claro, siendo tú la escritora, y ese pasaje inicial de “mierda de caballo y desperdicios”, no auguraba un desenlace muy feliz que digamos 🙂

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    1. Jaajjjj empiezo a creer que ya me tienes calada😉
      En realidad creo que la mujer tenía buenas intenciones, como digo más abajo tan solo quería una vida más digna que la suya para su hija, pero se confundió al desear. Y encima no obviemos que se atreve a pedírselo a alguien en una situación todavía peor que la suya (bruja y esclava por ser negra), ¿de verdad pensaba que podría concedérselo? 😊
      Besacos, Luis!!

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