Condenado XIII

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Por si te lo perdiste:I- IIIIIIVVVIVIIVIIIIX XXI – XII

Aquella mañana les despertaron mucho más pronto de lo habitual. El cielo, todavía grisáceo, comenzaba a teñirse  con timidez de tonos anaranjados. Kyle abrió los ojos aturdido con el primer toque de corneta, justo antes de que un oficial entrase en la cabaña voceando para que se apresurasen y dando algún que otro puntapié a sus compañeros más perezosos.

—¡Vamos, vamos, holgazanes! Os quiero fuera en dos minutos —ordenó.

—¿A qué se debe tanta prisa, oficial? —se atrevió a preguntar Scott mientras se anudaba los raídos pantalones.

—Déjate de preguntas y date prisa, piojoso —respondió antes de abandonar la cabaña y posicionarse en la puerta con los brazos en jarras.

Los niños formaron frente al barracón, muchos restregándose los ojos intentando sacudirse el sueño, otros tantos intentaban ocultar su nerviosismo ante la incertidumbre que les causaba el cambio de la rutina. Scott miraba intrigado al oficial que los había despertado y a los dos guardias que lo custodiaban. En todo el tiempo que llevaba allí, nunca se habían modificado los horarios ni las tareas diarias.

—Hoy esperamos visita, piojosos —comenzó el oficial alzando la voz para que todos pudiesen oírlo. Tenía los ojos enrojecidos y la voz rasposa a consecuencia de pasar la noche en vela preparando todo lo concerniente a la visita junto a sus tres compañeros — El comandante Brett no consentirá ni un fallo así que más os vale que hoy no tuvieseis pensado cometer ninguna tontería. A cambio y para que no olvidéis su generosidad me ha pedido que os informe de que esta tarde seréis excusados de los trabajos, puede que incluso tengáis la suerte de cenar algo de carne esta noche —dijo guiñándole un ojo al guardia de su izquierda, gesto que no pasó desapercibido Scott.

»Y ahora a trabajar, gandules. Tú no, Scott, tengo que hablar contigo, parece ser que tienes un plan mejor para hoy, gigante.

Zoster marchó receloso junto al resto de niños, preocupado por su amigo. Esperaba que sus acciones no fuesen a perjudicarle de nuevo. “No, nadie sabía de sus planes”, pensó. Observó cómo el oficial comenzaba a darle órdenes al gigante, pero no consiguió escuchar ni una palabra, solo pudo ver cómo Scott asentía con cada frase con la mirada baja. Kyle se acercó al pelirrojo y le susurró:

—No te preocupes por él, sabe cuidarse. ¿Quién crees que vendrá a visitarnos? —le preguntó para intentar que dejase de pensar en el gigante.

—¿Acaso eso importa? Mañana volveremos a ser la misma mierda de ayer —respondió Zoster de forma hosca mientras apresuraba el paso y dejaba atrás a Kyle.

El ruido de los cascos de los caballos se escuchó desde el molino donde se encontraban. Todos giraron la vista para ver qué sucedía, incluso el guarda que estaba a su cargo y que prendado también por la curiosidad ni siquiera le importó que dejasen por un momento las piedras y los picos. Desde el pequeño promontorio terroso en el que estaban tenían una estupenda vista del camino que unía la tierra separada por el océano con el continente.

Kyle contó en la columna más de veinte soldados a caballo que escoltaban un pequeño carruaje. Enfocó la vista y pudo distinguir al comandante Brett vestido con sus mejores galas esperando la llegada de la comitiva. Hacía mucho que no veía caballos tan bien nutridos, a soldados tan pulcramente ataviados y mucho menos carruajes tan ostentosos. Ni siquiera cuando vivía en Londres tuvo ocasión ya que la gente de bien intentaba no cruzar su barrio por miedo a ser robados o incluso asesinados por un puñado de monedas.

Un hombre alto y delgado salió del carruaje y tras dar un apretón de manos a Brett, se fundieron en un abrazo. Kyle pudo ver cómo sonreían y después de intercambiar unas frases el recién llegado se acercó al carruaje y le tendió la mano a su acompañante.  Una hermosa y joven muchacha saludó cortés al comandante.

Scott, relegado a la segunda fila de la recepción tuvo que contener un suspiro abrumado por la visión de la muchacha. Nunca había visto una piel tan pálida ni unos ojos tan negros. Se movía  con tal elegancia que parecía flotar. Mechones de cabello tan oscuro cómo su mirada se empeñaban en acariciar sus mejillas por mucho que ella intentaba domarlos. No se dio cuenta de que le hablaban hasta que el guardia que estaba junto a él le golpeó el hombro.

—Ya sabes lo que tienes que hacer. Ni se te ocurra hacer una tontería, ¿me oyes? Y habla solo si te lo ordenan.

Scott asintió. El Gobernador Price y Rose comenzaban a acercarse acompañados por Brett, que uno a uno iba presentándoles a todos los oficiales de mayor rango encargados de dirigir las diferentes secciones en el penal. Scott aguantó la respiración cuando se pararon frente a él. Se obligó a mantener la vista en el suelo para no parecer insolente, aunque se moría de ganas por ver más de cerca a la joven. Brett continuó hablando:

—Como le iba diciendo, Gobernador, mientras nosotros disfrutamos de una jornada de caza, el oficial Manner y uno de nuestros presos  acompañarán a mi futura esposa para que conozca sus nuevas tierras. Como puede ver la señorita no hay nada que temer aquí — dijo mientras agarraba la mandíbula de Scott y con un suave movimiento le hacía levantar la vista — Hemos sido capaces incluso de domesticar a un gigante con carácter —dijo soltando una carcajada —, así que no debe preocuparse por nada. Yo la cuidaré bien.

CONDENADO

 

 

2 comments

  1. El contraste existente entre el boato (aunque tampoco es excesivo, a fin de cuentas es una colonia penal y no un desfile junto a Buckingham) del gobernador y la pobreza de los niños queda plasmada a la perfección en la frase:
    “—¿Acaso eso importa? Mañana volveremos a ser la misma mierda de ayer”.
    Brutal, sincera y pesimista a más no poder, estupendo resumen de este pasaje.
    Por desgracia, hay un fallo en la puntuación y las rayas de diálogo (al final, cachis 🙂 ), en “Como puede ver la señorita no hay nada que temer aquí — dijo mientras agarraba la mandíbula de Scott y con un suave movimiento le hacía levantar la vista — Hemos sido capaces”, al sobrar el espacio antes de “dijo” y después de “vista”, faltando un punto antes de “Hemos” 😉

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    1. Tampoco podía pasarme y ser demasiado pomposo, al fin y al cabo es lo que tú dices: una cárcel.
      Los puñeteros diálogos con sus infernales signos de puntuación me traen de cabeza. No hay manera de que no se me pase algo. Corrijo en un plis.
      Besacos Lord!

      Le gusta a 1 persona

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