El cable pelado de los 50

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Atención, hoy voy a hablaros de los resultados que he obtenido en mi último trabajo de campo.  Sí, esos resultados que me saco yo de la manga porque sí, porque yo lo valgo y que no tienen ningún fundamento más allá de la pura observación y la convivencia con los sujetos afectados.

Si a los quince años hablamos de la edad del pavo (preocupación por el físico, anhelo de la madurez con sus consecuentes derechos, pero obviando las obligaciones, intento de encajar en el grupo…etc); a los veinte del destroyismo (ansias por disfrutar del momento, de arriesgarse, de conocer a tu media naranja, de trabajar…etc); a los treinta de la plenitud (cúmulo de obligaciones tanto profesionales como personales, pero también de estabilidad y desarrollo y, momento también de encontrarnos a nosotros mismos); a los cuarenta de su crisis (me estoy haciendo “viejuno”, mi cuerpo no es lo que era, cuestiono mis relaciones -llegando al divorcio en un alto porcentaje- y mi vida, me planteo cambios -como si eso me fuese a hacer más joven- y otro largo etc); pues a los cincuenta, señoras y señores llega la etapa del CABLE PELADO.

Sí, amiguitos que estáis a punto de llegar a esta redonda cifra, agárrense los machos y engrasen sus caderas porque no sé cómo ni por qué (igual por el uso masivo del cerebro durante tantos años) uno de los cablecitos de nuestra cabeza empieza a pelarse hasta que finalmente provoca un cortocircuito y ¡boom!: a hacer cosas raras que nunca jamás creeríamos que íbamos a hacer.

Paso a relataros alguno de los síntomas más comunes que son fruto de esta enfermedad, aunque no por ello los únicos. Cada sujeto debido a su genética puede mostrar manifestaciones diferentes.

  1. El sujeto (normalmente divorciado después de la crisis de los cuarenta y en caso contrario en pareja pero disfrutando de la libertad que consiguió después de una de las disputas en tal momento), se apunta a:
  • Clases de cocina: Aunque no tenga ni puñetera idea de conocimientos básicos. Eso no importa, conocerá gente con la que hacer pastelillos varios y un sinfín de recetas que nunca pondrá en práctica en casa, pero que le servirán para llenar la nevera y el buche en los momentos de soledad frente al televisor.
  • Clases de baile: Este síntoma puede aparecer a partir de los cuarenta, pero muestra su peor cara durante el cable pelado. Los sujetos ya conocen todos los locales donde pinchan salsa-merengue-bachata desde las seis de la tarde y donde además con la entrada te entra una consumición y un bocata después de las clases. Se codean con profesores y alumnos y acuden a cualquier evento con la excusa de mover las caderas y, en el mejor de los casos, deslumbrar a alguna hembra/macho.

2. El sujeto inicia una búsqueda interior que lleva a cuestionarse su existencia y que le conducirá a mimetizarse con la naturaleza, lo que se traduce en apuntarse a rutas de senderismo, donde además de sudar, visitar paisajes preciosos y mejorar la condición física también acaba dirigiéndolos a la conquista de alguno de sus compañeros/as. Y si no lo consigue siempre podrá decir que en su armario tiene lo necesario para sobrevivir a espaldas de la humanidad: ropa transpirable, ignífuga, repelente del agua; bastones, sombreros de montañero, cantimploras, zapatillas anti llagas y  un largo etcétera.

3. El sujeto queda obnubilado por otra persona (seguramente conocida en alguna de las actividades anteriores) y, enamorado hasta los huesos, comienza a comportarse como cuando tenía quince años convirtiéndose en un pavo añejo. Puede que incluso decida volver a casarse o tener hijos, porque seguramente no tenga suficiente con los adolescentes que aporta su pareja o los suyos propios, que aquí somos muy fan de “Los Serrano” o “Ana y los siete”.

4.Obsesión por el físico y los selfies. El sujeto entra de lleno en el mundo de la tecnología y las redes sociales, le costó en un principio, pero ahora está enganchado con esa maravilla que le permite conectarse con el mundo exterior desde el sofá de su casa. Se convierten en expertos de las frases filosóficas (de esas con imágenes o colorcito de fondo) y también en expertos de la pose. Ni Julio Iglesias les supera a la hora de elegir su mejor perfil. Se comparan con los amigos y muchos deciden hacerse algún arreglillo a base de bisturí o infiltraciones. Tranquilos, hijos de los cables pelados, normalmente no suelen ser retoques preocupantes, mientras no se conviertan en muñecos de cera no hay que echarse las manos a la cabeza.

Y de momento esto es todo, seguro que hay más síntomas dignos de nombrar, pero el calor no me ha dejado profundizar más. Y ahora os dejo, que estoy pensando que yo estoy cerca de los cuarenta y me acaba de dar un bajonazo…

 

 

 

 

15 comments

  1. jajajajajajajaj Me mueroooo!!! Es tan acertado!! Totalmente de acuerdo contigo, Sadire! Las redes van llenas de cincuentones haciéndose selfies y soltando frases al más puro estilo Freud y psicoanálisis. En fin, esperemos que esa fase nos coja diferente jajajajajaja

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  2. Para no perder la costumbre cuando haces cosas en plan “porque tú lo vales”, unas risas 😀 😀 😀
    Una radiografía (no sé yo si verídica, aunque creo que, viendo la cantidad de “cuñaos” que hay de esa edad, estadísticamente parece un tanto cercana a la realidad) que hace pasar un buen rato. Perlas como “pavo añejo” son impagables.

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