Condenado XII

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Por si te lo perdiste: I- IIIIIIVVVIVIIVIIIIX XXI

El olor a carne asada llenaba la estancia  del comandante Brett, que a la espera de sus invitados fumaba plácidamente en el porche  de lo que era su hogar desde hacía cinco años. Atrás quedaron sus amigos y más de una fulana a la que profesó su amor. Soltó una gran bocanada de humo y agradeció las oportunidades que la familia de su amigo Price le ofrecieron tras quedarse huérfano con tan solo quince años.

Cuando le destinaron a aquel lugar se sintió ofendido. En un primer momento pensó que querían deshacerse de él, pero su buen amigo, casi un hermano, le aconsejó que se lo tomase como un regalo. Según había oído, todos aquellos que sirvieran fielmente a los intereses de la Corona en aquella tierra serían recompensados de manera generosa.  El mismo Price se ofreció a servir como Gobernador de la ciudad, y aquello le confirmó la buena fe de sus acciones.

El día anterior recibió una carta lacrada de su amigo informándole de su próxima visita: la primera que hacía en el penal que él controlaba. Había escuchado rumores sobre su eficiencia en otras penitenciarias y también sobre los castigos que ejercía a los que no cumplían la ley. No quería defraudarle y por eso había invitado a cenar a sus cuatro mejores hombres  para dejar bien atado todo lo concerniente a la visita.

En la carta también le informaban sobre la llegada de su futura esposa. En este párrafo la misiva tomaba una forma más coloquial y cercana y detallaba cómo era la joven: guapa, con curvas, sumisa, temerosa, todo lo que un hombre desearía. Notó un acuciante calor entre las piernas al imaginarla sobre su cama saciando todos sus deseos.

Los chicos llegaron juntos a pie y se formaron al llegar a la entrada de la casa. Brett se irguió.

—Menos formalidades, señores — dijo haciendo un ademán para que se descuadrasen —. Primero vamos a saciar el apetito.

Les hizo pasar con una ancha sonrisa y les invitó a que tomasen asiento. Hacía tiempo que aquellos hombres no veían tal despliegue culinario. Los ojos les brillaban a punto de llorar de emoción deseosos de regalar a sus paladares el sabor intenso del cordero asado, el ardor del vino especiado o la acidez de las frutas frescas que adornaban el centro de la mesa.

Brett dejó que saciasen su apetito: el Gobernador Price le había prometido llevarle unas cuantas provisiones más sólo para su disfrute.  Vio como los hombres empezaban a reclinarse sobre los respaldos de las sillas, un par incluso se acariciaban el vientre como si estuviesen embarazados y calmasen a sus futuras criaturas. Era el momento de hablar de temas más serios.

—Bien, chicos, como ya saben les he convocado porque ayer recibí una misiva del Gobernador. — Los presentes dejaron sus vasos y prestaron atención — Quiero que durante toda la jornada no haya ningún incidente que pueda dejarnos en evidencia. Para ello necesito de todos sus esfuerzos y por supuesto, del resto de oficiales. Los presos realizarán sus tareas matinales y se les servirá sus raciones con normalidad. Mientras tanto ustedes, el Gobernador y yo prepararemos una jornada de caza, de caza de salvajes.

Los cuatro comensales abrieron sus ojos de par en par. Hacía más de un año que no salían a por salvajes. Iba a ser un día emocionante ya que matar a aquellos seres casi animales les producía una euforia desmedida. El comandante continuó con el parlamento.

—Mientras tanto, uno de nuestros chicos acompañará a la señorita Rose, mi futura esposa, a mostrarle las instalaciones. Imagino que para ella venir hasta aquí no habrá sido grato así que hagamos que esto no parezca tan duro. Me gustaría que junto al oficial también fuese uno de los presos, que no sea conflictivo, por supuesto. Si se les ocurre alguno…

Los oficiales se miraron y el más joven de ellos se atrevió a hablar:

—Quizá Scott pueda servirnos en esta tarea, señor.

El resto de presentes lo miraron temerosos por su osadía, de todos era sabido la mala relación que había entre el comandante y el reo. Sin embargo, Brett se acarició la barbilla pensativo y dijo:

—Sí, me parece buena elección. Ese chaval no se atrevería a hacer nada que le comprometiese ni a él ni a sus niños. Prosigamos pues. Por la tarde concentraremos a todos los presos frente a la penitenciaría para que el Gobernador pueda dirigirles unas palabras, quedarán exentos de tareas hasta el día siguiente. ¿Entendido?

—Entendido, comandante —gritaron al unísono.

—Pues terminen sus bebidas y vayan a descansar, chicos. Mañana tienen que madrugar para tenerlo todo listo.

8 comments

  1. Una caza de seres humanos, joder con el comandante Brett, pobre chica.
    Me gusta como se van perfilando poco a poco todos los personajes y como se ha introducido a Scott y sus niños en la trama del comandante Brett y su futura esposa.
    Muy buena la escena en que los comensales miran extasiados los platos.

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  2. Introducir unas pinceladas del villano es una buena idea siempre. Máxime cuando, en un gran acierto, nos lo pintas como un tipo normal aunque le tengamos ojeriza ya por lo que ha hecho hasta ahora, que veamos con asquito cómo mira a su prometida y, finalmente, nos horrorice con su “maravillosa” idea de ir a cazar aborígenes. Un descenso al terror en la pintura de un personaje muy buen puesto en la narración, sí señora.
    Cosillas:
    La primera frase de la entrada me parece muy buena, la verdad. Sin embargo, por contraste, las dos siguientes “Atrás quedaron sus amigos y más de una fulana a la que profesó su amor. Más allá de eso no quedaba nada, sus padres murieron cuando tenía quince años”, me resulta muy floja, huérfana (je, como el personaje), y creo que la culpa la tiene la segunda (“Más allá…”), que me suena rara e incluso superflua…
    Ese “Gorbernador” al que le sobra una “r” y le falta un punto detrás 🙂
    “»Mientras tanto, uno de nuestros”, date cuenta de que las comillas “»” se ponen cuando el parlamento del personaje continúa de inmediato tras un punto seguido. Sin embargo, tienes un párrafo entre sus intervenciones, por lo que aquí debe comenzar con la raya.

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  3. Pingback: Condenado XIII

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