Condenado X

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Por si te lo perdiste: I IIIIIIVVVIVIIVIIIIX

Las semanas transcurrieron sin sobresaltos entre piedras, sudor y esfuerzo durante el día y susurros y reparadores sueños durante la noche. Scott se recobró con una rapidez insólita de sus heridas acrecentando la figura de fortaleza y liderazgo que muchos ya tenían concebida sobre su persona. El pequeño Kyle sabía que en su recuperación tuvo mucho que ver el ungüento que le aplicaron aquella fatídica noche.

Zoster se convirtió en la sombra de Scott ,lo que fue motivo de chismorreos y especulaciones entre reos y guardias. Muchos dudaron de si el acercamiento era una mera muestra de agradecimiento o si solo era un gesto interesado buscando su protección. Lo cierto es que Zoster comenzó a trabajar duro y a interesarse por los conocimientos de Scott sobre la isla, la construcción y el funcionamiento de la penitenciaría.

Cada noche, después de sorber el insípido caldo que no tenía ni un trozo sólido, Zoster y Scott acercaban sus sacos y pasaban horas charlando entre susurros.

—Scott, ¿por qué estás aquí? —preguntó el pelirrojo mientras desmenuzaba un trozo de pan y se lo echaba a la boca en forma de pequeñas bolitas.

—Bueno, supongo que hice algo que no debía —respondió el gigante con rostro ensombrecido—. Como todos, ¿no?

—Yo robé un conejo —confesó con orgullo Zoster—. A ese hombre no le hacía falta. Tenía más de veinte y mi hermana pequeña llevaba más de dos días sin comer.

El gigante enarcó una ceja incrédulo ante tal injusticia e intervino:

—En ese caso sí que hiciste lo que debías, pequeño —dijo obviando el gesto ofendido del pelirrojo que detestaba que le recordasen que todavía era un niño—. Lo hiciste por el bien de tu familia.

—No creas. ¡Deberías oír como lloraba mi hermana! ¡No había quién lo aguantara! —exclamó tapándose las orejas y provocando una sonora carcajada de Scott—. Cuéntame más cosas de la isla, porfa, o mejor, de los guardias y los presos adultos.

Zoster se recostaba sobre el hombro del chico y absorbía cada una de sus palabras con atención hasta que el sueño le vencía.

Kyle, mientras tanto, prefería tumbarse frente a ellos buscando la postura más cómoda para que descansasen sus agotados músculos. Le gustaba sentir cómo las palabras de sus compañeros le acompañaban mientras buscaba la luna a través de los huecos de las ramas que formaban el techo.

Esperaba a que se durmiesen para poder salir de la cabaña sin levantar sospechas. Si le pillaban siempre podía decir que iba a orinar, pero prefería que, de momento, sus salidas nocturnas fuesen lo más secretas posible. Como cada madrugada, Kyle caminaba hacia la parte izquierda de la cabaña y apoyaba su espalda en la pared, de frente al bosque.

La silueta salía del follaje y con paso sigiloso se acercaba a él hasta que solo les separaban unos centímetros. La niña de ébano nunca pronunciaba ni una palabra, solo le miraba hasta que se cansaba y volvía a esconderse entre la espesura del frondoso bosque. Kyle llegó a pensar que no sabía hablar.

Esa noche fue diferente: la niña se arrodilló frente a él y comenzó a dibujar algo con sus dedos en la tierra húmeda. Kyle, intrigado, dio unos pasos para acercarse provocando que la niña se asustase y se pusiese en pie, alerta. El niño retrocedió y volvió a pegar su espalda a la pared de la cabaña. Más tranquila, la pequeña figura continuó con su dibujo y cuando consideró que ya estaba terminado salió corriendo.

Kyle se acuclilló para observar los rudimentarios trazos y sintió una punzada de angustia y desasosiego: un pez gigante de puntiagudos dientes estaba devorando a una persona. El sueño premonitorio de su madre  le vino a la cabeza, sentía que todo aquello eran advertencias, pero ¿de qué?

 

Imagen Flickr –Angel Torres

CONDENADO

 

7 comments

  1. Tras un momento de reposo, de tranquilidad entre sufrimiento que, además, sirve para ahondar un poco en el pasado de los personajes (y, por tanto, en ellos), la figura de la niña vuelve a crear suspense, dejándonos en vilo. Va bien la cosa 😉
    En “Zoster se convirtió en la sombra de Scott lo que fue motivo “, una coma antes de “lo”
    El párrafo “Cada noche, después de sorber la insípida sopa, la cual ya hacía varios días que no tenía ni un miserable trozo sólido; Zoster y Scott acercaban sus sacos y pasaban horas charlando entre susurros” me confunde por varios motivos. “sorber la insípida sopa” es cacofónico con tanta “s” y “p”, ¿quizá “el insípido caldo”?. La frase de después, que se refiere a la sopa, quizá la reduciría para no alargar mucho la entrada de la siguiente parte de la oración (“Zoster y Scott acercaban…”), que si no la atención de quien lo lee se queda un tanto diluida. Además, ese punto y coma no casa en la estructura. ¿Quizá “Cada noche, después de sorber el insípido caldo que no tenía ni un trozo sólido, Zoster y Scott…”
    En “—No creas. ¡Deberías oír como llora mi hermana! ¡No lo aguantaba más!”, hay un problema con los tiempos verbales al ser “llora” presente y “aguantaba” pretérito imperfecto. Imagino que es “lloraba”, y quizá sería mejor, en ese caso, cambiar también la siguiente frase para que no haya dos pretéritos imperfectos tan juntos, que queda feo, en plan “¡No había quien lo aguantar!”
    En “Kyle, mientras tanto, prefería tumbarse frente a ellos, buscando la postura” me sobra la coma de después de “ellos”.

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    1. Bueno, bueno pues si sigo manteniendo la intriga, no voy mal, imagino. ¡Qué bien!
      La frase esa que mencionas, tienes razón: la reescribí tres veces porque no me acababa de acoplar. Mucho mejor cómo tú dices. Gracias mil!

      Le gusta a 1 persona

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