Vamos nena, enciende mi fuego

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Despeinada, así la conoció. Mechones rebeldes caían sobre sus ojos, que no parecían incomodarse por la falta de visión. Al contrario, su mirada alcanzaba características más interesantes, prohibidas.

Una camiseta ancha y desgastada cubría su torso que se adivinaba delgado si observabas sus brazos, finos pero fibrosos. La holgada prenda contrastaba con el ajustado pantalón vaquero que se ceñía a su culo y sus muslos. La veía acercarse con ritmo ligero, notas de la canción de “The Doors” Come on baby light my fire, parecían desprenderse de sus zapatos con cada paso.

Desde su posición no sabía de qué estaba hablando. Sólo podía concentrarse en sus labios, la única parte del rostro que llevaba maquillada de un rojo eléctrico, y que se abrían y cerraban con una sensualidad desbordante cada vez que emitían una palabra o una carcajada.

Despreocupada, así se movía mientras bailaba. Esa despreocupación que solo muestran los que están de vuelta de todo, de aquellas que decidieron vivir sintiendo, que no es lo mismo que vivir. Sus caderas disfrutaban con cada acorde, sus brazos se alzaban al cielo y la sumían en una bruma tan sensual que embriagaba y abotargaba a todo el valiente que se atrevía a contemplarla. Como a él.

Desde su butaca de cuero raído indicó a la camarera que le rellenase su vaso. Como cada jueves saboreaba su whisky mientras se dejaba embelesar por los encantos de aquella chica, que tan poco se parecía a los cánones que hasta entonces pensaba que le atraían.

Salvaje, ella era salvaje y él no casaba en su selva. Hacía rato que dejó de oír el sonido de las guitarras y los berridos del cantante de rock que amenazaban con provocarle un buen dolor de cabeza. Sólo la veía a ella, absorbiendo la música y convirtiéndola en una corriente eléctrica que recorría todo su cuerpo.

Pasó la lengua por sus labios tras dar un largo trago de cerveza y deseó ser botellín para poder notar el calor que intuía desprendían su boca y sus manos. Se giró con brusquedad, como si algo le hubiese avisado de que estaba siendo observada.

El licor se le quedó agarrado a la garganta cuando ella posó sus ojos en él, provocando un ataque de tos que no pudo contener. Mirada felina y sonrisa pícara.

 

11 comments

  1. “Salvaje, ella era salvaje y él no casaba en su selva”
    Apenas lo leí y me identifique con el chico malo que me hace suspirar ❤
    muchas gracias por hacerme sonreír con tus letras. 🙂

    Le gusta a 1 persona

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