Condenado VII

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Por si te lo perdiste: IIIIIIIVVVI

El sol cada vez estaba más alto y brillaba con mayor intensidad. Kyle, al igual que el resto de niños, intentaba no quejarse a pesar de los calambres en las piernas y los brazos. Scott acarreaba con las tareas más pesadas, pero aún así, la jornada era agotadora para el resto ya que no podían descansar ni un minuto.

El niño rebelde no cesaba de hacerle preguntas al gigante sobre la construcción, los guardias, la vida allí, los animales, sobre cualquier cosa que le pasaba por la cabeza. En más de una ocasión intentó iniciar una conversación con Kyle, su compañero de tareas, pero este prefería no desperdiciar ni una sola porción de energía en nada que no fuese el trabajo. Hablar resecaba la boca y la garganta y, como bien les había avisado Scott, solo les ofrecerían líquido dos veces durante la jornada, por lo que prefería mantener la boca cerrada.

Zoster, así se llamaba el pequeño parlanchín de ojos claros y pelo pajizo, aprovechó uno de los viajes a la planicie donde se amontonaban las piedras destinadas a la construcción del molino para acuclillarse detrás de ellas y apoyar la espalda durante unos minutos cobijado por la sombra que le ofrecía el montón de rocas.

—Kyle, ¿dónde está tu compañero? —preguntó Scott mientras miraba a un lado y otro del perímetro acotado para el molino.

—Hace un rato que fue a por piedras…—explicó preocupado el niño intentando calcular mentalmente cuánto tiempo hacía que se había marchado—, ¿le habrá pasado algo?

Scott echó un vistazo al guardia que estaba a cargo de ellos y que dormitaba bajo la sombra que le proporcionaba un pequeño eucaliptus que se había salvado de la última tala. El gigante se agachó para estar a la altura de Kyle y le susurró:

—Corre, pequeño. Ve a buscarle antes de que hagan el recuento.

Kyle se encaminó hacia el montón de rocas y entrecerró los ojos para protegerse del sol e intentar ver si su compañero estaba allí. Ni rastro del niño. Sin embargo, justo cuando sólo le separaban escasos metros del montículo, vio cómo se aproximaba un soldado a caballo y se detenía frente a las piedras. Kyle se quedó petrificado cuando vio que desenrollaba el látigo que llevaba en el cinto.

—¡Maldito zángano perezoso! —gritó mientras daba el primer latigazo.

Kyle, que en un principio no sabía a quién iba dirigida la maldición, comprendió con el primer chasquido que produjo el cuero al contacto con la piel de quien se trataba: era Zoster. El crío salió gritando de detrás de las piedras y aunque intentó protegerse del siguiente golpe no lo consiguió. El jinete era Brett, el coronel, y no iba a permitir la holgazanería en sus dependencias.

Zoster, lloriqueando, intentó retomar el camino que le llevaría al molino, pero Brett volvió a lanzar el látigo al aire consiguiendo atrapar el pie del pequeño provocando que cayese al suelo. El niño se cubría la cara con los brazos temeroso del siguiente latigazo, pero no se produjo.

—¡Cedric! — gritó Brett para llamar la atención del guardia apostado en el molino— ¡Cedric! Venga aquí ahora mismo.

El guardia, ajeno a toda la escena, dio un respingo y acudió veloz a la llamada de su jefe. Los gritos alertaron al resto de niños, incluido Scott, que también acudió. Mientras, Kyle, seguía contemplando la escena incapaz de articular palabra ni mover un músculo.

Cedric llegó jadeando. Scott pasó junto a Kyle y en voz baja le ordenó que se fuese con el resto de los compañeros y continuase con las tareas.

—Cedric, es inadmisible que uno de tus presos se pase toda la mañana durmiendo y que tú no te enteres de nada —reprendió el coronel consiguiendo que el soldado se avergonzase—. Debería castigarte a ti también por irresponsable. Esta vez lo dejaremos pasar, espero que no haya una próxima.

—Sí, mi coronel. No volverá a suceder— respondió cabizbajo el soldado.

—Lleva a este vago al poste de castigo y dale siete latigazos. Asegúrate de que todos lo vean. Aquí solo se descansa cuando yo lo digo, que les quede bien claro.

Zoster, que seguía gimiendo tirado en el suelo, comenzó a llorar con mayor intensidad al escuchar la sentencia. Scott se acercó al coronel, quedando casi frente a éste gracias a su altura y a pesar de que Brett no había abandonado su montura.

—Señor, es nuevo. Tenga clemencia con él. Le aseguro que no volverá a pasar. — suplicó el chico.

Brett le miró con soberbia, disfrutando de la humillación de ese chico al que todos los presos respetaban. Le lanzó una mirada de odio que no casaba con la sonrisa misericordiosa que intentaba dibujar en sus labios y le dijo:

—Esta bien, Scott, quizá tengas razón. Es un chico nuevo… tiene que acostumbrarse— dijo mientras se acariciaba la barbilla como si estuviese pensando en una alternativa al castigo—. Sabes que esto no puede quedar impune ¿verdad?

—Sí, señor…

—Bien, bien… Puedes ser tú quien reciba los latigazos, si crees que el chico merece una oportunidad…

El coronel estaba disfrutando con aquello. Scott, que había mantenido la mirada baja como muestra de sumisión, alzó la barbilla y clavó sus ojos en los del coronel, desafiante.

—Me parece bien, señor. Yo recibiré el castigo por él.

 

Imagen Flickr-Miguel

CONDENADO

7 comments

  1. Y aquí tenemos la crueldad que se veía venir. Como también se veía venir que Scott iba a pagar por la “falta” del chaval, pero que, con todo, conforma una conclusión que deja con ganas de más.
    Cosillas:
    -En “y como bien les había avisado Scott, solo les ofrecerían líquido dos veces durante la jornada, por lo que prefería mantener la boca cerrada”, pondría una coma tras “y”. Además, la palabra “boca” se ha escrito poco antes, creando una repetición fea 😉
    -“para la construcción del molino para acuclillarse”, dos “para” muy juntos. Quizá separando las frases con punto y coma?
    -“marchado—… ¿le habrá pasado algo?” Los puntos suspensivos van antes de la raya de diálogo. Tras el inciso de la narradora, se pondrá punto, o coma, según quieras, y se abrirá la interrogación.

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    1. Wouwwww Maria del Mar menudo subidón. Gracias por tus palabras, pero son demasiado generosas. Todavía me queda mucho por aprender y descubrir.
      PS: He leído algunas de tus poesías y, aunque no soy una experta, puedo asegurarte que me han llegado😉
      Besacos de vuelta!😘

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  2. Tenemos tres personajes; el que hace la falta, el que ve la falta petrificado y el que asume el castigo de la falta. Un triángulo muy bien llevado que surge de forma totalmente espontanea pero consigue hacer esa asociación mental. Queda muy clara la inocencia del primero, la sorpresa y el temor del segundo, y la nobleza del tercero.
    La crueldad la van ejerciendo distintos personajes a cual de ellos más detestable.
    Me gustó mucho ¡¡

    Le gusta a 1 persona

  3. Pingback: Condenado VIII

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