Condenado VI

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Por si te lo perdiste: IIIIIIIV V

Kyle tuvo la primera toma de contacto con su futuro en cuanto terminó la última cucharada de una sopa demasiado clara para su hambriento estómago. Las raciones eran las mismas para todos: dos vasos de agua y un cuenco de sopa con unos trozos de verdura (tres para ser más exactos).

Scott les puso en marcha sin necesidad de que nadie se lo ordenase. Era el preso infantil más antiguo del penal. Había pasado sus últimos tres años allí y conocía las rutinas del campamento. Consiguió ganarse la confianza de los guardias que tanto odiaba a base de no poner objeciones, ser solícito y no pronunciar más palabras que las necesarias. Gracias a ello, los guardias delegaron en él la aburrida tarea de enseñar a los nuevos las normas y así ellos sólo tenían que observar y castigar en el caso de que no cumpliesen sus funciones. 

Los chicos salieron en fila detrás del gigante. Muchos de ellos intentaron hacerse los remolones, pero Scott supo convencerles con tiernas palabras para que abandonasen los mullidos sacos.

Kyle, con el estómago un poco más lleno que cuando llegó, pudo dejar a un lado la sed y el hambre para concentrarse en el paraje que les envolvía. El camino por donde habían llegado estaba flanqueado por dos garitas de madera en altura a las que se accedían por unos pequeños escalones hechos con troncos. En cada una de ellas había un guardia ataviado con el uniforme oficial de la corona y un fusil colgado del brazo.

El edificio principal, el de los presos, presidía la gran explanada de la isla donde estaban el resto de edificios, entre ellos su cabaña, un corral desde donde se oían a unos cuantos animales y una pequeña casa hecha con piedras, que según Scott era la vivienda de Brett.

Scott les explicó a los nuevos que ellos mismos habían construido todo lo que podían ver. La cárcel seguía en construcción y señaló a unos cuantos presos subidos en andamios y cargando piedras como muestra de ello. Les dijo que en realidad había más presos que soldados en aquella isla pero que mejor era no enojarlos porque sus castigos eran muy crueles. Uno de los niños nuevos preguntó por qué no se sublevaban si eran más y Scott, con una triste sonrisa, le respondió que los presos estaban muy débiles y que además era muy difícil ponerse de acuerdo en algo que podía costarles la vida. El niño no pareció demasiado satisfecho con la respuesta, pero no replicó.

Aún así Scott le explicó que aunque intentasen escapar no sabía dónde podrían ir. Señaló el espeso bosque que se abría detrás de la explanada y le dijo que estaban en una isla donde además de los guardias tenían que temer a los extraños animales que vivían allí y a sus aborígenes igual de salvajes, según oía decir a los soldados.

Kyle escuchó atento las indicaciones del gigante: ellos eran los encargados de la construcción del molino. Al parecer el chico había trabajado en uno cuando era pequeño y conocía los entresijos de su funcionamiento. Los niños más pequeños le servirían como ayudantes portando materiales.

El gigante les condujo hacia la iniciada construcción por la orilla del mar bajo la atenta mirada de los guardias de la garita, aunque estaban tranquilos ya que era la costumbre del chico llevar a los niños a la orilla antes de ponerlos a trabajar. Allí cogía a puñados la arena mojada y les obligaba a untarse la cara, los hombros y todo lo que pudiesen. Según decía eso les protegería un poco de los rayos del sol evitando las ampollas. Mientras los niños se embadurnaban continuó con la charla, que aunque decía en voz alta, Kyle sabía que iba dirigida sobre todo para él y los nuevos.

—Chicos, nunca, nunca, debéis meteros en el agua. Y si lo hacéis no paséis nunca de la altura de las rodillas, es peligroso —advirtió con semblante serio el gigante pelirrojo.

El chico que había preguntado antes sobre la posible rebelión de los presos hizo una mueca y respondió con vehemencia:

—¡Pero yo sé nadar!

Scott se le acercó, le cogió del hombro con suavidad y se dirigió al resto de niños:

—En estas aguas hay monstruos. Creed mis palabras, niños, no son monstruos de los cuentos, son criaturas asesinas. Los guardias les llaman tiburones y pueden llegar a medir más de cuatro metros. Los he visto devorar a personas de un bocado y espero que vosotros nunca tengáis que verlo.

CONDENADO

7 comments

  1. Ya tenemos un rebelde en filas, el niño que dice que sabe nadar.
    Scott me despierta mucho interés, me conmueve como su cuerpo grande alberga un corazón compasivo y cuida de los pequeños. Ya se vio en el capítulo anterior cuando dice “que hijos de puta, ¿Qué puede haber hecho un niño de siete años?” ( más o menos así es como la recuerdo).
    Sigo prendada con la ambientación, el detalle de la arena mojada para cubrirse todo el cuerpo, las palabras de Scott advirtiendo de los monstruos, la mirada perpleja de Kyle… hasta la sopa caliente y aguada que le dan al pobre al principio del relato.
    Todo parece desolador e invita a buscar la esperanza.
    Sigo leyéndote.

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  2. Con este fragmento, nos ponemos en situación, describiendo el lugar y las condiciones del mismo, donde va a pasar el siguiente tramo, a lo que parece. Además, se potencia la figura de Scott, que cobra mayor protagonismo dibujándose como mentor del protagonista.
    Unas cosas:
    – En “Kyle tuvo su primera toma de contacto con su futuro” hay muchos posesivos (luego hay otro más), así que quizá el primero sería mejor cambiarlo por “la”
    -“Gracias a ello los guardias relegaron en él”, después de ello, una coma, y el verbo es “delegar” 😉
    -“Aunque el gigante tenía dos caras, por un lado era obediente para con los guardias y por otro era como un padre para el resto de niños”. Creo que esta frase la eliminaría. No aporta nada, pues ya hemos visto la forma de actuar de Scott con guardias y niños, y es un tanto confusa…
    -“Kyle, con el estómago un poco más lleno que cuando llegó y que le nublaba la vista, pudo fijarse mejor en el paraje”. Esta frase no la entiendo 🙂 Creo que falta alguna palabra en ese “y que le nublaba la vista”

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      1. Vale, ahora la pillo, pero sigo teniendo picajosidades 😀
        Si te fijas, “Kyle, con el estómago un poco más lleno que cuando llegó pudo dejar a un lado la sed y el hambre para concentrarse un poco en el paraje que les envolvía”, repite “un poco”, así que el segundo lo quitaría directamente. Además, “on el estómago un poco más lleno que cuando llegó” es un inciso temporal, así que debería ir entre comas 🙂
        Por lo demás, bien, recluta, bien…

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