La calculadora

Publicado por

Sentado en la mesita de la cocina cumplía con sus tareas vacacionales. Así se lo había ordenado su abuela. Israel miró con hastío el pequeño cuaderno amarillo de sumas y restas. Su  madre trabajaba durante el verano por eso se trasladaban a la vieja casita de campo de los abuelos. Así podían cuidar de él mientras la madre se ausentaba.

La abuela era muy estricta con los deberes, quizá por su pasado como maestra. Tenía que hacer una horita de tareas cuando el sol más apretaba. Mientras, ella podía dedicarse a darle la merienda al abuelo, que desde hacía un año estaba postrado en una silla y había perdido el habla. Israel escuchaba cómo la abuela le decía palabras cariñosas a su marido mientras las voces de la telenovela les acompañaba.

No era un niño travieso ni desobediente, pero ese día la vaguería se había apoderado de él. Recordaba haber visto una vieja calculadora del abuelo en uno de los cajones bajo la encimera. Rebuscó con sigilo para que no le oyese la abuela hasta que encontró la máquina de sumar: con ella terminaría las restas en un periquete.
—Ciento cincuenta… —susurraba para sí mientras tecleaba en la calculadora—  menos veinticinco…

—Israel, cariño, si quieres cuando termines podemos nadar en la balsa— dijo la abuela desde el salón. Israel le respondió lo mismo que hacía veinte minutos cuando le dijo idéntica frase. 

El niño pensó que su “abu” perdía memoria. Apuntó el resultado y continuó:

—Doscientos cincuenta y seis…menos…ciento tres.

Estaba anotando el resultado cuando escuchó la retransmisión del encierro de los San Fermines de esa mañana. “Qué extraño que la abu esté viendo la repetición”, pensó.

—Quinientos veintiocho…menos…cuarenta y cinco.

Israel oyó pasos que se acercaban. Escondió la calculadora bajo el cuadernillo. Era el abuelo, ¡andando! Israel puso cara de sorpresa cuando le vio abrir la alacena tan tranquilo.

—¡Parece que hayas visto un fantasma, niño! —exclamó entre risas el abuelo mientras cogía una magdalena y volvía al salón.

El niño, no entendía cómo su abuelo se había recuperado y nadie le había dicho nada. Pensó que le preguntaría a la abuela cuando terminase la última resta. Volvió a sacar la calculadora.

—Mil seiscientos treinta y siete…menos…cuatrocientos ocho.

Israel quedó ciego de repente. Notaba los oídos cómo cuando buceaba en la balsa, de hecho, sintió que estaba rodeado de líquido, pero respiraba. No entendió nada hasta que escuchó de forma amortiguada cómo hablaba la abuela:

—¡Qué alegría más grande, hija! ¡Un niño!—exclamó emocionada.—¿Cómo le vas a llamar?

—Israel

19 comments

      1. ¿Malas? ¡Las mejores que he podido encontrar! Me ha encantado, muy, muy bien eso de jugar con el tiempo y en lo personal hay mucho más que mi propio nombre ahí. ¿Es que te ha dado por escribirle biografías a la gente? jajaja
        ¡¡Un abrazo!!

        Le gusta a 1 persona

    1. Hola, Fran. ¡Qué gusto verte por aquí! Pues el final…es fantasía. Se supone que el niño está haciendo con cada resta viajes en el tiempo. En el último, todavía está en la barriga de su madre. De ahí, la angustia o desasosiego: si no ha nacido cómo podrá hacer otra resta o suma…

      Me gusta

  1. Muy original.
    A mi me ha chiflado siempre el tema del tiempo y la forma en que lo has desarrollado tiene mucha fuerza.
    Te felicito por tu desbordante imaginación.
    Nota: Si vas a convertir esta historia en una novela avísalo que luego se me va escapando jajajajaja
    Besos 🙂

    Me gusta

  2. Aplauso. En efecto, como se comenta por arriba, el final es desconcertante por ser un abrupto corte con el realismo del texto hasta casi el final. La inclusión de elementos que provocan confusión en el niño, al igual que en quien lee el texto, dan pistas de que pasa algo raro, pero lo cierto es que el giro surrealista del final es magnífico.
    Una cosilla. En “—Ciento cincuenta —susurraba para sí mientras tecleaba en la calculadora—… “, los puntos suspensivos van siempre antes de la raya de diálogo 😉

    Le gusta a 1 persona

    1. Gracias, Lord! 😊
      Temía que no se entendiesen los viajes en el tiempo…
      PS: Creía que los puntos suspensivos al igual que el resto de puntuación se ponían detrás de la acotación del narrador. Ya está modificado😉

      Le gusta a 1 persona

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s