Deseo vivir II

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Por si te lo perdiste: I

Esteban no quiso acompañarla al aeropuerto. Desde el día de su cumpleaños el silencio se había apoderado de la casa y de su relación. Sofía intentó durante días apaciguar la tensión que se había formado entre el matrimonio procurando sacar temas de conversación banales y evitando tocar todo lo relativo a la futura marcha de su madre, pero al ver que nada surgía efecto, que la mirada de su padre solo reflejaba reproches e incluso una pizca de odio acabó por dejarlos estar. La joven, aunque trabajaba, todavía seguía viviendo en el hogar familiar, hogar que cada día presentaba una nueva grieta en unos cimientos que siempre habían aparentado ser de una robustez irrompible.

Mercedes insistió, casi que obligó a su hijo Jaime para que fuese a despedirse de ella y que llevase también a la pequeña Carolina. Sabía que él nunca le perdonaría el daño que le estaba haciendo a su padre, pero aún así acudió.

—Mamá, haz lo que tengas que hacer. Diviértete, disfruta de cada experiencia, pero por el amor de dios, vuelve con papá— suplicó Sofía.

—Abuela, ¿me traerás algo?— preguntó Carolina mientras besaba a su abuela.

—Claro que sí, “ratita”. Te traeré algo que te encantará. Y tú prométeme que no crecerás mucho, a ver si cuando regrese no te voy a conocer— respondió Mercedes provocándole una sonrisa a la pequeña.

Jaime seguía en silencio. El panel anunció el inminente embarque y Mercedes sintió que las piernas le flaqueaban.

—Dale un beso a tu madre, hijo.

—De verdad que no te entiendo, mamá. ¿Tan mal estás con papá?, ¿tanto necesitas huir? Vas a perderte los mejores momentos de tu nieta…— Jaime intentó por todos los medios hacer cambiar de opinión a su madre sin conseguirlo.

—Hijo, espero que algún día me comprendas. Además, esto no es definitivo. Sólo serán unos meses. Y ahora dame un beso.

Los tres se abrazaron rodeando a la pequeña Carolina que seguía en brazos de su abuela. Mercedes no miró atrás por miedo a derrumbarse.

La mujer se acomodó en su asiento del avión. Vio como despegaban y cómo su vida anterior se hacía cada vez más pequeña hasta terminar desapareciendo de su campo de visión. Durante su viaje a Delhi, cuya duración estimada era de catorce horas, tuvo suficiente tiempo para repasar su vida y motivarse para afrontar las nuevas experiencias que le esperaban.

Mercedes había tenido que sacar parte de sus ahorros para costear su locura. Esteban y ella depositaron durante años una pequeña parte de sus ingresos en una cuenta por si en algún momento tenían que ayudar a sus hijos, y en el caso de que no fuese necesario, siempre podrían invertirlo en viajes cuando Esteban se jubilase.

La mujer era enfermera, aunque cuando nació Jaime, como siempre fue un niño delicado que pillaba todos los virus posibles, decidió abandonar la profesión para dedicarse al cuidado de su hijo y evitar las guarderías. Más tarde nació Sofía y Mercedes nunca volvió a incorporarse al mercado laboral. Aún así, consiguió dar salida a lo que comenzó como un hobby y aportar una pequeña cantidad con la elaboración de pulseras a la economía familiar.

Cuando acudió a la sucursal bancaria a sacar la mitad de sus ahorros sintió una terrible vergüenza, se consideró una egoísta. Esteban se sintió traicionado al ver que su mujer no tenía pensado disfrutar del dinero junto a él. Iba a dilapidar sus ahorros en un viaje que la alejaría de manera definitiva de sus brazos.

Mercedes eligió su destino al azar, aunque puede que su subconsciente sí que lo hiciese de manera premeditada ya que la India quedaba justo al otro extremo del mundo. Quería poner toda la distancia posible entre su familia y ella: así sería más fácil obligarse a no volver si en algún momento añoraba su cómoda vida.

Entraría al país como turista y con un poco de suerte esperaba conseguir un trabajo que le permitiese quedarse más tiempo. Ni siquiera se planteó cómo iba a arreglárselas con el idioma, esperaba que su nivel básico y oxidado de inglés y su maña para gesticular fuesen suficientes para hacerse entender. Les pusieron una película para hacer el viaje más ameno, pero resultó ser soporífera y Mercedes se dejó abrazar por un placentero sueño que le acompañaría el resto del viaje.

La ciudad de Delhi la recibió con una amalgama de olores que desconocía. El olor a sudor, especias y boñigas de vaca se hacía tan denso que le resultaba costoso respirar sin arrugar la nariz. El trajín en las calles era de locos: las motos, bicis y vacas convivían con los viandantes. El ruido de los cláxones se mezclaba con las conversaciones y los gritos de los vendedores ambulantes.

Mercedes se las arregló para que un taxista con un gran turbante morado sobre la cabeza y una dentadura amarillenta, la llevase al hotel que había reservado. Su inglés fue insuficiente y tuvo que echar manos de los gestos. Cansada de ver que no había manera de entenderse acabó mostrando la dirección del hotel que venía anotada en la reserva. Durante el trayecto se maravilló de la vida que había en las calles, del colorido de las fachadas que competían con los brillantes atuendos de la gente y del sofocante calor que amenazaba con derretirla.

El hotel estaba bastante bien. Su habitación la conformaba una cama, una mesita, una televisión de las antiguas con su gran cajón trasero y una antena con forma de cuernos. Todo parecía estar bastante limpio. La única pega que encontró es que el baño era comunitario, no estaba integrado en la habitación, pero ella no había recorrido miles de kilómetros en busca de comodidades, sino de aventuras.

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8 comments

  1. Ains, que no me acordaba de Mercedes. Así que has decidido continuarla… bien, bien. Y a la India que se nos va (tras una reflexión sobre el paso de la vida, la experiencia conyugal, la necesidad de cumplir deseos y todo eso que ya aparecía en la primera parte). India, repito: una occidental insatisfecha que va a un país en el que el maltrato a la mujer es endémico. Aquí puede haber tema.
    Cuestiones:
    En “Mercedes insistió, casi que obligó a su hijo”, quitaría el “que” y pondría una coma tras hijo.
    “Vio como despegaban y cómo su vida anterior se hacía cada vez más pequeña”, ¿si cambias a “Al despegar, su vida anterior se hizo cada vez más pequeña”?
    “pero resultó ser soporífera”, eliminaría el “ser”, que no aporta gran cosa y hay mucha “s”
    “Mercedes se las arregló para que un taxista con un gran turbante morado sobre la cabeza y una dentadura amarillenta”, muchos artículos indeterminados (un/a). Esta porción de texto, por cierto, podría ser desarrollada un poquito con diálogo, para hacer más ameno el texto tras las descripciones de la ciudad…

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    1. Buenos días!
      Pues sí, aquí sigue Mercedes, aunque no de la manera que crees… ¿No te suena la India de otra historia? 😉
      PS: Luego le echo un vistazo a tus aportaciones que ya he vuelto a mi trabajo “de verdad”😁😁

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  2. Chica, paso de Kyle a Mercedes y me vuelvo loca jajajaja
    A ver que ahora ya no estamos en una isla perdida con un niño condenado , ahora nos vamos con Mercedes a la India. Hay que ver que tu cabecita da para todo 🙂
    Me gusta que hayas continuado esta historia.
    No añado nada más porque se está empezando a desarrollar, pero seguiré pendiente del cambio de vida radical que se propone Mercedes.
    Un beso, guapa 🙂

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    1. Jaaajjjaaa sí, mi cabeza va a mil. A veces yo misma me pregunto si no estaré un poco loca…
      Sólo te diré una cosa así entre nosotras: si te interesa Mercedes no te pierdas La piedra de la Sabiduría 😉
      Besacos!

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  3. Pingback: Deseo vivir III

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