Condenado (III)

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Por si te lo perdiste: (I)-(II)

El juez no dudó ni un ápice antes de aplicar la sentencia para los dos acusados que, temblorosos, hambrientos y asustados, esperaban la resolución. Margaret, con la cabeza gacha, acariciaba con dulzura los dedos de su hijo, que no hacía más que lloriquear con cada palabra del fiscal. La lectura del informe policial fue fulminante.

Condenados culpables de asesinato, robo y obstrucción a la justicia, el castigo natural hubiese sido la pena de muerte. Sin embargo, debido a la colonización que estaba llevando a cabo el reino en tierras australianas decidieron conmutar la pena por un destierro de por vida. Los reos serían trasladados a una de las embarcaciones que ancladas en el Támesis hacían la función de calabozos.

Estos navíos atestados de delincuentes esperaban la orden que les diese permiso para hacerse a las aguas y llevar su extraña carga hasta las islas que servirían de prisión. Allí se utilizaría a los convictos como mano de obra para las nuevas construcciones.

Margaret recibió la noticia con alivio. No tenía ni idea de cual sería su destino, pero tenía claro que cualquier cosa sería mejor que ver morir a su pequeño.

Madre e hijo recorrieron por última vez las calles de una ciudad en plena revolución industrial sobre un carromato con barrotes. La cara de la vendedora de gambas era de desconsuelo y vergüenza ante todos los viandantes que los vieron embarcar en el enorme navío maniatados.

Los empujaron hasta las bodegas. En el primer peldaño que bajaron ya pudieron notar el olor que los acompañaría durante una travesía de más de siete meses: orina, vómito, sudor y enfermedad. Los reos, sucios y esqueléticos, los recibieron con miradas inquisitorias algunos, piadosas de otros tantos y malvadas unos pocos.

Margaret eligió un pequeño hueco en el suelo apartada de los ojos más desconfiados. Abrazó a su pequeño y hecha un ovillo intentó despertar de aquella pesadilla. No lo consiguió.

*******

A los tres días de su reclusión la nave partió, aunque los reos no notaron la diferencia ya que las rutinas se mantuvieron igual que cuando estaban amarrados: dos raciones de sopa aguada al día y un mendrugo de pan duro les indicaba si acababa de amanecer o si ya estaba entrando la noche.

Algunos presos intentaron tener contacto con ellos, pero después de que una chica de unos diecisiete años les robase sus raciones de pan aprovechándose de su confianza, Margaret cortó toda relación con cualquiera que no fuese su hijo.

Al tercer mes de travesía Kyle amaneció empapado entre los brazos de su madre. La humedad no provenía de él, era su madre la que sudaba y temblaba sin cesar. Le preguntó qué le pasaba, pero solo obtuvo por respuesta frases entrecortadas, delirios provocados por la fiebre.

Kyle le secaba la frente con amor y la obligaba a tragar su ración de sopa y la suya, aunque sabía que alimentándose solo de pan duro acabaría debilitándose hasta la muerte.

Al séptimo día de enfermedad Margaret amaneció rodeada de un charco de sangre. Cuando el carcelero bajó a las bodegas para repartir las raciones Kyle le gritó pidiendo ayuda. Dos palabras salieron de la boca del hombre: escorbuto y muerte. Arrancaron a la mujer sin vida de sus brazos entre gritos y lamentos pueriles.

El resto del viaje solo hubo silencio en su garganta y soledad en su mente, a pesar de estar rodeado de condenados pestilentes, enfermos y hambrientos. Ya no los veía, ya no sentía. Se limitó a comer y a obligar latir a su corazón.

CONDENADO

8 comments

  1. ¡Mira! Esto si que no me lo esperaba. A la colonia penal de Australia, nada menos. Una parte de la historia del Imperio británico que no se suele tener muy en cuenta pero que es muy interesante… Y muy cruel, tú, matando a la pobre mujer. Sin miramientos y sin crueldad, en pocas palabras (quien lee el texto, imagina lo que hacen: tirarla por la borda y a otra cosa mariposa), creas un sentimiento de desazón…
    En el primer párrafo, si no me equivoco te faltan un par de comas al ser frases subornidas aclarativas: “El juez no dudó ni un ápice antes de aplicar la sentencia para los dos acusados que, temblorosos, hambrientos y asustados esperaban la resolución. Margaret, con la cabeza gacha, acariciaba con dulzura los dedos de su hijo que no hacía más que lloriquear con cada palabra del fiscal.”, tras “asustados”, al ser una enumeración calificativa de los dos acusados, y tras “su hijo”, frase subordinada referida al niño.
    En “Los reos, sucios y esqueléticos, los recibieron con miradas inquisitorias algunos, piadosas de otros tantos y malvadas de unos pocos.”, quitaría el último “de”, pues es la enumeración de algunos-otros tantos-unos pocos que siguen a los adjetivos de las miradas. No sé si me explico… En el siguiente párrafo, al volver a meter “miradas”, quizá fuera mejor un sinónimo, o “los ojos más desconfiados”

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    1. En realidad todas las entradas anteriores son una pequeña introducción para llevar al lector a mi verdadero objetivo: la colonia penal. Ese era mi verdadero propósito, ya ves, el daño que hace una reposición de “Españoles por el mundo” 😂😂😂😂😂
      Ayyy la vida es cruel muchachos…
      PS: Rauda y veloz hago uso de tus consejos😉

      Le gusta a 1 persona

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