La Piedra de la Sabiduría

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A las buenas buenas, chic@s!!! Aquí os traigo un fragmento de otra de mis locuras mentales. Si leísteis la entrada “Deseo vivir”, esta nueva os dará una idea de lo que puede encontrarse Mercedes en su viaje…

Yamir Bauer estaba orgulloso de los avances que había conseguido en su investigación. Estaba seguro de que encontraría la Piedra de la Sabiduría bajo aquellas ruinas. Bajó del jeep de un salto, levantando una pequeña nube de polvo amarillenta que tiznó sus botas de cuero. Observó a izquierda y derecha para cerciorarse de que nadie lo había seguido. Después de la amenaza de aquel anciano se sentía observado a cada paso que daba. Las palabras del hombre habían sido claras: “La sabiduría puede llevarte a la Verdad y al mismo tiempo a la destrucción. El mundo todavía no está preparado”. Recordar aquellas palabras le erizaba la piel aunque se obligaba a pensar que eran cuentos de viejas que solo servían para atemorizar a los niños.

Él solo era un cazarrecompensas dispuesto a conseguir el capricho de un ricachón consentido. El señor Vaner le había hecho una generosa oferta que le solucionaría la vida. Con esa cantidad solventaría todas sus deudas y podría olvidarse de sus preocupaciones y disfrutar de los placeres que aquella tierra podía ofrecerle. Ya estaba harto de ir en busca de tesoros que llenarían las excéntricas vitrinas de rechonchos adinerados. Este sería su último golpe: la Piedra de la Sabiduría. 

Según los hindúes, esta piedra, que en realidad era volcánica, fue un regalo de los dioses a los seres terrenales. En ella se depositaron una pequeña parte de sus poderes, tanto los buenos como los malos. Si diésemos credibilidad a la leyenda, el poseedor de la piedra que tuviese un alma digna tendría el privilegio de dominar sus poderes. “Paparruchas”, pensó Yamir mientras miraba por duodécima vez el dibujo que le había proporcionado su cliente. “Solo es un pedrolo, no me serviría ni para partir nueces. Pero bueno, si hay alguien tan loco como para pagar por esto, bienvenido sea”, dijo cerrando su bloc de notas y lanzándolo sobre el asiento del vehículo.

Yamir, de padre alemán y madre hindú, creció entre la racionalidad científica y las creencias populares. Nunca entendió cómo sus padres habían conseguido dejar a un lado su religión y su ideología en pos del amor. Sin embargo, ambos progenitores se esforzaron en sembrar en el corazón del pequeño Yamir sus propias ideas y creencias, con la esperanza de despertar inquietudes que inclinasen la balanza y mostrasen al ganador de la batalla ideológica.  Yamir optó por la solución más fácil: complacer a ambos. Absorbió todo lo que pudo de la ciencia de su padre y lo mismo hizo con la cultura y las leyendas de su madre. Así pues, el matrimonio continuó en tablas, Yamir no quería ser el culpable de encumbrar a un ganador ya que eso sería como cuando preguntan “¿A quién quieres más, a papá o a mamá?”.

Los padres de Yamir también dejaron huella en su genética, aunque en este ámbito su madre fue la clara vencedora. Yamir era de tez morena, ojos rasgados y pelo lacio y oscuro como su progenitora. La sangre alemana de su padre solo le dejó como herencia sus ojos azules y una estatura por encima de la media india. Este contraste de ojos y piel hizo que se ganase el apodo de “el de los ojos cielo”.

El joven estudió el terreno que pisaba: unas pocas ruinas indicaban el antiguo asentamiento del templo olvidado. La diosa Saravasti reposaba en un altar desconchado con forma de flor de loto. Yamir se fijó en que le faltaba uno de sus cuatro brazos. Un puñado de flores secas y dos velas consumidas evidenciaban que la diosa de la sabiduría no había sido olvidada del todo.

Según sus cálculos la piedra tenía que estar ahí. Inspeccionó cada rincón de la imagen sagrada y su base sin encontrar nada que llamase su atención. Yamir quedó frente a frente con la diosa, como si estuviesen entablando una conversación silenciosa. Yamir posó sus ojos en el bindi de la mujer; era de un tono anaranjado y especialmente liso en contraste con el resto de la basta escultura. Pasó la yema de sus dedos por la superficie del punto naranja y notó que el material, perfectamente pulido, sobresalía unos milímetros de la frente de la mujer. “Bingo”, pensó. “Aquí estás”.

Sin pensarlo dos veces Yamir agarró una piedra del suelo y golpeó la cabeza de la diosa. Escuchó un pequeño grito a su espalda: una mujer que portaba un bebé en brazos estaba aterrorizada ante el sacrilegio cometido. Yamir tenía que proceder rápido si no quería que la mujer alarmase a otros aldeanos y le propinasen una buena tunda por su acto irreverente. Cogió la piedra naranja que sobresalía del cráneo de la figura, no había duda de que era la Piedra de la Sabiduría, y la metió con rapidez en su mochila. Corrió hacia el jeep ignorando las maldiciones de la mujer y apretó el acelerador.

 

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9 comments

  1. Leído 🙂
    Buena construcción de texto y buen estilo, claramente tuyo (sobre todo en los pensamientos del protagonista, con esas frases a bocajarro). La estructura me ha gustado, pues introduces una parte de la biografía y la apariencia de este “Indiana Jones de Bollywood” de una forma muy natural y agradable. Me veo venir que este tipo va a acabar en la cama con alguien…
    Una cosa. La frase (o las dos frases, mejor dicho) “sus propias ideas desde su más tierna infancia a su hijo, era como una forma de ganar una batalla” no me gusta. En la primera parte, hasta la coma, hay mucho posesivo junto (sus-su-su), y en la segunda, los dos artículos crean cacofonía (una-una). Prueba a combinar los elementos entre sí, a refundir todo en una frase, a eliminar cosas… juega con el lenguaje como si fuera un Lego 😀

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    1. Oh, dios! ¿Tanto se me nota que soy una fanática de Indiana Jones? ¡Qué le voy a hacer, marcó mi juventud!😂😂😂
      Tienes razón con la frasecita de marras. La he cambiado: “Sin embargo, ambos progenitores se esforzaron en sembrar en el corazón del pequeño Yamir sus propias ideas y creencias, con la esperanza de despertar inquietudes que inclinasen la balanza y mostrasen al ganador de la batalla ideológica.”
      ¿Mejor?😘

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      1. Bueno, es que Indy es mucho Indy…
        Pues… te voy a ser brutalmente sincero… no me gusta el cambio. Está demasiado recargada para tu estilo. Es decir, en otro texto en plan más florido y barroco, sí, pero en este, con frases tan directas y a bocajarro… Ains… Pero vamos, como veas 😉

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