Homenaje a los profesores

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Hace varios días publiqué una entrada dedicada a todos los maestros que consiguieron dejarnos huella por su forma de explicar, la manera de relacionarse con nosotros o por sus métodos para motivarnos y hacernos mejorar.

En este caso también quiero hacer un pequeño homenaje a otro tipo de profesores que también dejaron su respectiva huella, pero por otros motivos. Aviso de que los nombres no son reales para mantener intacta la intimidad de los citados (y porque no quiero que me demanden, ni que me echen la bronca si me los cruzo por la calle).

Comenzaré por uno de los especímenes que creo (y espero) ya se extinguieron: la señorita Juani. Esta profesora siempre iba acompañada de una regla de plástico duro como arma castigadora. Servía para todo. Podías llevarte el leñazo porque te pillaba distraída, porque no habías hecho los deberes o simplemente porque ese día tu respuesta no le pareció correcta. Creo que esta señora lo que necesitaba era echar un buen polvazo o ir a hacer popó más a menudo.

También teníamos a don Alberto, el de ciencias. Cuando tocaba esta clase nadie quería ponerse frente a su pupitre. El buen señor tenía por costumbre ir hurgándose la nariz mientras explicaba. Muchos temimos que acabase perforándose el cerebro con una uña. Con total naturalidad se sacaba uno de sus aliens y lo observaba sin disimulo tomándose su tiempo. Cuando lo tenía analizado por completo (casi que los sometía a autopsia) hacía una pelotilla y usaba el dedo gordo a modo de catapulta para lanzar el proyectil verdoso, que casi con total seguridad acababa sobre el libro de texto de los alumnos de la primera fila.

Clausuraré el homenaje con la señorita María. Era una buenaza, pero tenía un gran problema: halitosis nauseabunda. Era mejor no preguntar e irte con la duda a casa porque si lo hacías, con toda su buena fe, se arrimaba hasta tu pupitre y te lo explicaba a dos centímetros de la cara, con peligro de perder las pestañas con la deflagración de sus gases tóxicos. Muchas teorías surgieron sobre cual sería la causa de su mal aliento: desayunaba perros mojados, tenía un vertedero en el estómago, se comía a los niños…

Y hasta aquí mis honores, ¡qué dura puede ser la vida del estudiante!

 

23 comments

  1. Jajajaja… a mi lo que me parece increíble de los profesores es que parecen acordarse de todos los alumnos, bien mirado que nosotros nos acordemos de ellos es normal, pero ¿ellos de nosotros con la cantidad de alumnos que tienen cada año y durante media vida???
    Yo tenía a Sor María ( ni disimulo el nombre ni ná jajajaja) uf era una monja terrible, daba inglés y veías a toda la clase con la cabeza abajo para que ni te mirara, la mayoría le teníamos miedo, creo que todos.

    Que asco el último que mencionas :/

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    1. Qué alegría verte por aquí!!!!!!
      ¿Sor María? Solo el nombre ya me ha puesto los pelos de punta 😂😂😂 Los colegios de monjas darían para varias entradas, sobretodo los de antes, ahora por fortuna ya no es lo mismo.
      Pues fíjate que a mí la que más me impresionaba era la de la regla, tan impasible…
      Besacos amiga!!!!

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      1. Jajajajaja… yo tengo unos añitos más que tu, lo intuyo, lo intuyo, porque tu a los cuarenta ni llegaste, yo sí, querida amiga jajajajaja…. y sí, no fue muy turbadora la época pero igual que te digo que yo era muy buena estudiante y no le daba muchos motivos a las monjas pero cuando me fui a la universidad publica te juro que pensaba que aquello era un paraíso jajaja
        A mi la Sor María me citó en su despacho para preguntarme si el muchacho que me acompañaba llevaba buenas intenciones y a darme consejos de respetabilidad, no te digo más, luego el muchacho fue mi marido jaja… pero no se me olvidará aquella conversación yo tragando saliva y la monja diciéndome que me hiciera respetar y todo por un besín de nada que había visto en la puerta del cole.

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      2. Madre mía! Bueno, al menos Sor María puede estar tranquila de que las intenciones del chaval eran buenas jajjaaa
        Tienes razón, no llego a los cuarenta, pero mi madre me ha contado bastantes historietas de coles y profesores que me dejaban como el emoticono del whatsapp, ojiplática.
        Besacos!!

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  2. ¿Nunca has tenido la fantasía de volver por un día al colegio con tu cuerpo de niña y tu mente de adulta? Te aseguro que a mi hubo un momento que me hubiera encantado y a alguno le hubiera cantado las 40 con mi cara de niño bueno y de no haber roto un plato jajaja. Que gustazo ¡¡¡

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  3. La verdad es que con el del moco la has clavado, pues creo que por desgracia en todos los colegios hay alguno; en mi caso siendo nombrado “saca-petróleo”.
    A la vez que me has hecho recordar varios de mis antiguos maestros que tenía olvidados ya; la del enorme grano en la nariz al estilo bruja, el que se relamía a mitad de las explicaciones cual lagarto mientras decía “mmmmmmm”,…
    ¡Gracias, y muy buen post!
    ¡Saludos!

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  4. ¡Anda, que vaya trío…! Por fortuna, yo no recuerdo malos profesores (como mucho, mediocres), pero algunas noticias me han venido de cierta gentuza de clases adyacentes que…
    Como siempre, un texto divertido con frases como cuchillos.

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