El “Concierto de Aranjuez” hecho mujer

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El atardecer pintaba de tonos naranjas y sombras el pequeño patio donde los rosales y geranios eran protagonistas. En el tercer piso de la vivienda se sentó a contemplar la caída del sol, como cada día. Yo asomaba mi pequeña nariz a través de la puerta entornada.

Sólo en ese momento, en esos escasos diez minutos, era ella, sólo ella. Las notas de “El concierto de Aranjuez” colmaban cada rincón de su cuarto. Con la cabeza ladeada aspiraba los últimos rayos. Cuando los acordes eran más intensos cerraba los ojos y llenaba los pulmones llevándose con ella los aromas de la vida.

Allí retiraba el pañuelo que cubría su despoblada cabeza. No quería que la viésemos así, como si al desaparecer su bella caballera mostrase su derrota. Mis ojos de niño la veían preciosa, en su vieja mecedora, relajada sin necesidad de forzar una sonrisa. Los pies descalzos, en contacto con el frío suelo. Sus manos acariciaban la madera dibujando figuras al compás de la música. Ella era fuerza y alegría y sólo en aquella intimidad podía sentirse libre por eso no nos dejaba acompañarla, aunque me gusta creer que sabía que la espiaba porque, si así era, yo también formaría parte de ese momento de paz.

Sin embargo para mí era “El Concierto de Aranjuez” hecho mujer. Era intensidad, era dulzura, era melancolía, era osadía, era amor y guerra al mismo tiempo. La canción, al igual que el día, llegaba a su fin. Se puso en pie y cerró las ventanas. Se quedó mirando al horizonte y noté como sus manos temblaban mientras volvía a anudarse el pañuelo. La escasa luz lamió su piel. Naturaleza y mujer se comprometieron a volverse a ver al día siguiente.

Los geranios y los rosales no se sintieron observados el posterior atardecer y yo no volví a escuchar los acordes escondido tras la puerta del tercer piso.

 

Pintura- Federico Brandt-

 

11 comments

  1. Es inevitable que el primer movimiento del concierto venga a la cabeza con solo leer el título de la composición del maestro Rodrigo. La unión de tan maravillosa pieza con un entorno bucólico, como de siesta vespertina u ocaso lánguido, crea un texto, el tuyo, que remite a las pulsiones infantiles y adolescentes, a una forma de ver la vida inocente y optimista, un contrapunto entre el/la narrador/a (aunque dices “niño”) y la figura adulta, enferma. Un contraste estupendo.
    Apreciaciones:
    -El uso de abotargar no lo veo en el contexto. Una acepción es “entontecer”, pero creo que aquí no cuadra, pues tiene una connotación negativa…
    -“De vez en cuando, cuando los acordes “, mira lo que hay antes y después de la coma. Es indigesto 😉
    -“lamió su piel y, naturaleza y mujer, se comprometieron “. Propuesta para enfatizar el acto de compromiso separando las frases: “lamió su piel. Naturaleza y mujer se comprometieron…” (o punto y coma en vez de punto, el caso es marcar la pausa)

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    1. Releñe! Tú siempre tan observador (no cambies, no sé qué sería de mis textos). Tienes razón quizá en lo de “abotargar” no estoy completamente de acuerdo. Lo utilicé para expresar que las notas colapsaban todo envolviendo a la mujer y quizá también atontando sus sentidos, aunque si tiene connotaciones negativas no me gusta. Lo he cambiado por “tomar posesión” pero tampoco acaba de convencerme.
      Cuando, cuando ejem, ejem (corramos un indigesto velo)
      La separación me he decantado por punto y seguido.😉
      Como siempre gracias por tu bisturí 😁

      Le gusta a 1 persona

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