Proceso evolutivo de la higiene en la especie humana

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Durante nueve meses nos formamos y vivimos dentro de una bolsa. Tragamos el líquido que nos rodea, un líquido compuesto por sustancias beneficiosas y nuestra propia orina. Así que podríamos decir que nadamos entre orines. Y no pasa nada.

Una vez llegados a este mundo nuestras mamás se empeñan en bañarnos a diario. A ser posible siempre a la misma hora, como un ritual que nos ayude a conciliar el sueño. Muchas madres ponen el grito en el cielo si surge algún imprevisto que impida el acontecimiento tántrico ese día. Como si el niño fuese a despertar al día siguiente recubierto por una capa de ácaros o bacterias dispuestas a devorar a la criatura. No, tranquilas, esto no sucederá.

Hasta los tres o cuatro años los niños disfrutan en el baño. Puede convertirse en su lugar favorito para jugar y crear maravillosas historias inventadas, además de convertir la estancia en la representación del hundimiento del Titanic. Recordad madres, en esta etapa siempre hay que tener un madero cerca para sobrevivir, no vaya a ser que nos quedemos tiesas como Leonardo DiCaprio.

Los niños pasan de desear quedarse arrugados como garbanzos listos para el puchero a odiar la hora de la ducha. Esto suele darse desde más o menos los siete años hasta los catorce o quince (a ojo de buen cubero, pero puede variar según el caso). En esta etapa solo nombrar “agua” implica una reacción alérgica cuya sintomatología consiste en berridos, súplicas y amenazas en última instancia. Debe de haber alguna explicación científica para tales reacciones. Se me ocurren algunas como: el agua a esta edad se convierte en ácido que quema la piel,  es necesaria una película de mierda de más de un centímetro de grosor que proteja al niño en este momento de su desarrollo… No sé, algo así.

A partir de la adolescencia, digamos los quince años, hay un cambio radical: los chicos y chicas necesitan una media de dos horas para acicalarse de las cuales más de media es para estar bajo el chorro del agua. Si además estamos en verano las duchas pueden repetirse dos y tres veces al día. En esta etapa donde las hormonas comienzan a tomar protagonismo lo más importante para la mayoría es ocultar los olores corporales ante aquellos del sexo contrario que precisamente son los culpables de alterar sus glándulas sudoríparas. Aquí también podemos encontrarnos con alguna excepción que confirme la regla, ¿quién no ha compartido aula o pupitre con el típico olor a calcetín sudado mientras pensaba “por favor que no crean que soy yo”?

Durante la edad adulta podemos certificar la calidad de la higiene del individuo. Me explico: En esta etapa quien no se lava es porque no quiere. Tampoco tenemos presión de las madres ni de las hormonas. Así pues se puede certificar el nivel de “espesura” de cada uno. Sólo hay que pillar un par de veces el metro o el bus para hacer la comprobación.

Por último llegamos a la tercera edad, la edad dorada o el fin (aquí ya depende de cómo lo vea cada uno). Normalmente, en esta etapa la higiene queda relegada a un segundo plano. Y que no se ofenda nadie, pero es lo que veo cada día, y trato con mucha gente mayor. Están las típicas viejitas que sólo se lavan la cabeza cuando van a la peluquería. Algunas acuden una vez a la semana, pero otras una vez al mes. Imaginad el olorcito que deben soportar las peluqueras cuando les chuflan con el aire calentito del secador. Prefiero no pensarlo…

Con la ducha y el aseo ocurre lo mismo. Todos argumentan que no se ensucian, que no sudan. La excusa perfecta para ir con el mismo jersey y la misma falda durante cinco o seis días. Llegados a la fase final ya no importa ni llevar sucio el pañal, ni pasar toda la noche con las sábanas empapadas por la orina. Sí, ya se que es triste, pero es la realidad.

Conclusión: Nacemos igual que morimos, rodeados de nuestro propio pis.

 

8 comments

  1. Sabiduría populah: “Si el agua pudre la madera, contri máh loh cuerpos”.

    No sé si sirve de base teórica para tu curiosa teoría, pero ahí queda para la posteridad.

    El caso es que los hechos expuestos no sé si dan para conclusiones, pero como experimentado bañador de niños y perro, reconozco que lo has clavao: aquí andamos en la fase de montar Londres en el cuarto de baño. Por lo menos se duchan solos, que ya es algo.😂😂😂

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      1. Eso, y el colorido del lenguaje popular. A título de curiosidad, otro ejemplo “sastrellao un camión de peyoses en el bulliván”.

        Eso quiere decir que ha tenido un accidente en el bulevar el camión que llevaba coches a la Peugeot.

        Y te dejo de adivinanza este otro palabro: estropeosis. Verídico, oído en un consultorio médico.

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  2. Bien analizado. Si te decides a hacer una gráfica, esto sería una auténtica montaña rusa…
    Eso sí, en el apartado dedicado a la tercera edad (aunque con el aumento de esperanza de vida, casi podríamos empezar a hablar de cuarta, porque…), eres demasiado fina para decir “mierda” 😀 😀 😀

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