La Reina del Miedo

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El habitáculo estaba oscuro, pero Rigat sabía que ese era el único camino posible para escapar. Tomó aire y sumergió sus pequeños pies en el maloliente líquido que rezumaban las paredes y acababa posándose en el suelo.

La humedad del lugar, su aire viciado y la opresión que sentía en el pecho debido al miedo le provocaron arcadas. Al final no pudo contenerse y vomitó. Apoyó una mano sobre la pared de la izquierda y notó una masa viscosa. Agradeció la falta de visión por la penumbra, prefería no saber de qué se trataba. Asqueado se limpió con la manga los restos de bilis.

Escuchó murmullos tras él y apresuró el paso. Estaban cerca, muy cerca. Había sido una idiotez creer que no se meterían en el agujero para perseguirlo. Necesitaban la figura y no iban a parar hasta conseguirla. No podía permitirles que la utilizasen, si lo hacían estaban muertos. Todos sus seres queridos, todos los habitantes del mundo, toda la vegetación, todo ser viviente acabaría pereciendo.

Sólo unos metros, pensó dándose ánimos. La salida de aquella especie de cloaca no debía estar lejos. Jadeó con cada zancada pues las punzadas de dolor debido a la herida de la rodilla empezaban a ser insufribles. Por fin vio un rayo de luz a lo lejos, colándose entre unos matojos: la salida.

Apartó los hierbajos a manotazos, con furia, con miedo. Ya liberado de aquel oscuro túnel cayó de rodillas, casi agradecido por notar los rayos del sol en su piel y la brisa del mar revolviendo su pelo.

La alegría le duró poco, justo lo que tardó en escuchar la voz. Era ella, la mismísima Reina del Miedo, como se hacía llamar. Solo con escucharla se estremeció.

— ¿De verdad pensabas que podrías escapar de mí, muchacho? — preguntó desde lo alto de su montura —. Mírate, das pena. Aunque tengo que reconocer que tienes agallas. Puede que eso consiga alargarte la vida. Me gustaría comprobar cuánto aguantas sin resquebrajarte por el dolor .

Rigat intentó mostrarse digno y se puso en pie, desafiante. La sonrisa de la Reina se torció y sus pupilas azules se tornaron negras como la más oscura noche. Rigat se dobló agarrándose el pecho por el dolor. Sintió como si sus costillas se estuviesen fragmentando, y así lo hacían, una por una.

—Pánico, Terror —se dirigió a sus acompañantes —, coged al chico y llevarlo a mi sala de juegos. Prepararé algún entretenimiento solo para él —sentenció con una cruel carcajada.

 

 

3 comments

  1. Espeluznante. La claustrofobia y el puntito de asco por los vómitos y las cosas viscosas quedan en nada con el sadismo que se desprende, en pocas palabras, al leer a la Reina. Con Fobos y Deimos a su lado, claro, quién va a oponerse…
    Una cosilla: la segunda vez que dices “vegetación”, cuando la aparta para salir de la cloaca, al estar no muy lejos de la otra “vegetación” (esta considerada como TODO el reino vegetal), crea un efecto un poco chirriante. Quizá sustituyéndolo por “plantas”, matojos o algo similar… 😉

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    1. Pues como siempre gracias por tus palabrejas! Tienes razón con lo de vegetación, ya está cambiado😉
      La intención era esa: reflejar la crueldad de la reina.
      En cuanto a sus acompañantes: un pequeño guiño a Hércules de Disney.

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