Menos cuentos de hadas y más polvos reales. POLVO 4: Divorcios

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Querida hija, en todas las casas se cuecen habas. Lo que significa que por mucho que intenten disimular sus diferencias o sus marrones no significa que no los tengan. Por eso, lo mejor es conocer y aceptar las habas que se cuecen en tu propia casa para reconocer los errores y si tienes suerte intentar cocinarlas en tu cacerola un poco mejor. Y muy, muy importante: no avergonzarse de ellas.

Mis abuelos se separaron cuando yo tenía unos doce años. Por aquel entonces no era lo habitual así que llamamos bastante la atención, cosa que a mi no me importó, los apoyé en la medida que pude y entendí sus motivos. La abuela se cansó de cruzarse con las amantes de su esposo cada vez que iba a la verdulería y de ser ella la que cargaba con las excentricidades de su marido. Ya se cansó de ser la que, después de saludar amigablemente a la recauchutada Puri, tenía que cocinar y planchar las camisas para el infiel.

El abuelo se vino a vivir a casa. Fueron buenos tiempos, su desapego por el dinero me vino de perlas. Todos los caprichos eran concedidos. Y cuando digo todos, eran todos. A mi hermana nunca le gustó ir al cole y mientras estuvo el abuelo en casa siempre que podía le concedía el capricho. Hasta que mi madre se enteró. No se quien corrió más si mi abuelo o mi hermana huyendo de los gritos y la zapatilla de mi madre.

Más tarde y después de muchas desavenencias llegó la separación de mis padres. Ya habían hecho algún amago, pero siempre terminaban reconciliándose, por lo que no me sorprendió. Incluso me alegré ya que entendía que era lo mejor para los dos. Ya estaba un poco cansada de ver volar platos y escuchar reproches y silencios eternos.

Estas habas fueron las más amargas, aunque aún así tuvieron su puntito simpático y surrealista. Los motivos de la separación fueron varios. Yo iba pillando conversaciones y acciones que me hacían intuir las causas. Mucho trabajo, poco dinero, algunas faldas y también algunos pantalones, amistades que hacían abrirse al mundo, pesadas cargas…

Aprendí a sacar provecho de la separación como la mayoría de los niños en esta situación: si te enfadabas con tu madre pues acudías al padre y al revés. Si no conseguías nada de uno pues al otro. Egoísmo infantil, sí, pero así era. A cambio decidí no tomar partido por ninguno. Mi relación con ellos no cambió. Al menos en esa época.

La gente se compadecía en silencio de mi, pobrecilla niña, vaya familia tiene, pensarían. Yo no me sentía así, nunca lo hice, no me reconocía en ese pobrecilla. Más tarde supe que muchos de aquellos que creían tener la familia perfecta vieron tambalear sus pilares por temas parecidos. Vamos, que se les quemaron las habas.

Así que niña, como ves, no hay que avergonzarse ni tampoco utilizar esas habas amargas para excusar tus actos. Tienes que tener criterio propio y aprovechar esas experiencias para aprender de la vida. Si tropiezas (que tropezarás como todo el mundo) no será culpa de la piedra ni de quien te acompaña en el camino sino solo tuya por no mirar de vez en cuando hacia el suelo.

6 comments

  1. Esta vez voy a contestar una burrada, y conste que no inspirada en los hechos, sino en el tema de fondo.
    En la mayoría de separaciones hay un tercero. Pero en un sentido muy amplio: está el tercero que mete, y el tercero que malmete. Al primero o primera algo lo entiendo, sin justificarlo, porque hablamos de bajas pasiones y la culpa estaría muy repartida.
    Pero al tercero que malmete, es decir, a esa persona que a base de consejos y rumores se encarga de destruir una familia sin que le vaya nada en el asunto, a ese o esa yo le rompería el [introduzca aquí componente anatómico al gusto].

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  2. Ya se sabe que si se escupe al cielo… y realmente a nadie le importa la vida de nadie, yo vivo en un pueblo pequeño pero si te soy sincera paso de la gente, lo.que opinen de mi me importa un comino, como yo no estoy pendiente de nadie, a mi las habas no se me queman. Besos a tu corazón.

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  3. Las habas dan gases, eso lo sabe todo el mundo.
    Espera, calla, que me centro antes de irme por cerros culinarios 😀
    Me he imaginado a la hermana corriendo como una loca por la casa perseguida por la zapatilla y me he echado unas risas: está ahí, al final de la frase de un modo tan natural que me ha gustado mucho la imagen. La “miga” del relato, sobre las separaciones, bien narrada, con un final muy interesante: el criterio personal y no refugiarse en los errores/acciones de otros para justificar los propios, muy bien 😉

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