Menos cuentos de hadas y más polvos reales. POLVO 3: Mi prima la pelirroja

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PRÓLOGO

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POLVO 2

Tranquila hija, dicen que la edad en que comienzas a tener la menstruación es “hereditaria”; es decir, que se aproxima a la edad en que la tuvo tu madre. Así que lo más seguro es que no tengas que preocuparte por eso hasta los once o doce años.

A esa edad yo seguía más plana que una tabla de planchar y prácticamente no tenía vello en las piernas y las axilas. Es curioso cómo aquello me desesperaba en ese momento y cómo me jode ahora que no sea así. La mayoría de mis amigas recibieron la visita de la prima pelirroja a los nueve años. Las jodías me pasaban dos cabezas y sus prominentes caderas y pechos me hacían parecer la hermana pequeña.

Mis padres trabajaban los fines de semana así que yo pasaba esos días con mi abuela. Como no podía ser de otra forma, a mí me bajó la regla un domingo. La pobre mujer intentó explicarme el tema de la forma más natural posible (yo ya sabía en qué consistía pero no quise quitarle la ilusión). En aquellos tiempos no existían las tiendas de chinos que abren en festivos, ni tampoco grandes superficies donde acudir. Puede que sí hubiese una farmacia de guardia, pero imagino que a la buena mujer no se le ocurrió.

La conclusión es que mi abuela sólo tenía sus compresas, la de las pérdidas, sí, esas que parecen un pañal. Ahí que vino con aquello toda emocionada y yo que la vi entrar en el baño con tal cantidad de celulosa creí morir. No ensucié la ropa interior, que va. La compresa abarcaba desde mi ombligo hasta mis lumbares. La protección ante todo.

Imaginad el tipazo que me hacía aquello con las mallas que llevaba. Todo un espectáculo. Por supuesto no salí de casa en todo el día. Para colmo de los colmos, mi abuelo, muy mono él, insistió en que había que celebrar que su nieta ya fuese mujer. Anunció a bombo y platillo la noticia a todo aquél con el que se cruzaba y organizó una macro comida familiar donde yo, claro, iba a ser la protagonista.

Entre vítores y brindis perdí mi inocencia y la poca vergüenza que me quedaba. Pasé al mundo de los adultos rodeada de la gente a la que quería y aunque en un principio maldije entre dientes a mi abuelo por montar tanto follón, después tuve que reconocer que fue algo que nunca olvidaré: un momento lleno de ternura.

Más tarde, y ya con el tema del tallaje de compresas controlado, tuve que enfrentarme con mi amigo el tampón. Yo siempre he sido de arreglármelas sola así que ni pedí consejo ni instrucciones a nadie. Y así me pasó: deseché tres o cuatro, en otro perdí de vista el cordón y tuve que rebuscarlo al más puro Indiana Jones en busca del Arca Perdida. Al final, el primer verano acabé por no ir a la piscina cuando la prima se presentaba, en parte por no tener que hacer uso de aquel invento y también porque estaba obsesionada con que el dichoso cordón decidiese hacer aparición entre mis piernas. Cosas de chicas…

 

7 comments

  1. Anda que… Entre la prima pelirroja, el tampón perdido, y las bragapañales esas, no veas qué imágenes. Desde luego, o se muere de vergüenza la pobre y se retira a un convento, o está ya aprendida para lo que le queda de vida 😀 😀 😀
    Ese estilo desenfadado tratando temas que pueden resultar traumáticos para una niña (digo pueden porque, oiga, yo no he tenido de eso como se puede suponer y no sé qué se siente, aunque supongo que para cada una será diferente) me resulta muy ameno, la verdad 😉

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    1. Imagino que depende del lector, estos textos removerán unos sentimientos u otros. La intención es esa: reflejar vivencias con normalidad. Vivencias muy comunes, que aunque en su momento consideremos insuperables, no son más que experiencias que no tienen mayor importancia que la que queramos darles. Lo importante es cómo decidimos afrontarlas, ahí está la diferencia. Y como bien refleja el título de estas entradas la vida está hecha de muchos cuentos de hadas y de muchos polvos reales. Ambos tienen la misma importancia para formar lo que más tarde seremos.
      Un abrazo, Lord!

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  2. Ayyyy jajajajjaa! Es un momentazo en la vida de todas!!! Yo no he llorado más en mi vida que aquel día (con 8 años y ni idea de aquello) 🙈 pero mejor descripción imposible, y lo de que se entere toda la familia y te mire con cara de “lo sé” es mortal!!!

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