Menos cuentos de hadas y más polvos reales. POLVO 2: El cagalentejas y otros seres mitológicos.

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PRÓLOGO

POLVO 1

Empecé mi andadura con los chicos a muy temprana edad. Supongo que el jugar siempre con niños es lo que tiene: el roce hace el cariño y las hormonas hacen el resto. El problema es que yo siempre he sido muy solidaria y generosa por lo que siempre dejaba elegir a mis amigas, que las tenía, aunque fuesen pocas.

El primero en atreverse a decirme palabras melosas fue Antón el Cabezón. No, no tenía la cabeza desproporcionada. El apodo se lo ganó gracias a la ventosa que le ayudó a nacer. Que digo yo que podría haberse llamado Antón el Pepino, pero claro eso no rima y además podría llevar a confusión. La cuestión es que Antón el Cabezón alternaba empujones y tirones de pelo con tocamientos de culo, así, sin querer. La poesía que me dedicó también ayudó bastante en la conquista:

Del cielo bajó un ángel

para pintar tu hermosura,

y al ver tu cara de oruga

se le secó la pintura

Todo un poeta, Antón el Cabezón. Este noviazgo poco duró, lo que tardó en pasar una de las más rápidas en desarrollarse, o sea, una con tetas. Imagino que el resto de sus poesías se las guardó para ella.

El siguiente en aparecer en mi joven lista de amores fue Paco el Quinqui. También muy apropiado el nombre. De familia gitana de alta alcurnia. Acudía al colegio en calesa tirada por burros y entre las posesiones de la familia era de destacar más de cien cabezas de ganado. La desaparición de varias bicicletas allí por donde este pasaba era muy normal, pero nadie se atrevía a preguntarle. Menudo era mi Paco el Quinqui. La relación duró poco también, pero esta vez no por cuestión de tetas. La familia se mudó, no se si las bicis tendrían algo que ver.

El tercero en aparecer fue Marquitos, sí, Marquitos a secas. Este era todo un bellezón. No se como llegó a mis manos, creo que Paqui la Flaca le dio calabazas. Sí, así fue, le serví de paño de lágrimas y le conquisté. A mi me daba igual, pues tenía a mi lado a Marquitos: alto, pecoso y con cara de bicho (no de bicho en plan cucaracha, sino de picaruelo). Creo recordar que tenía un oyuelo en la barbilla. Con Marquitos descubrí los besos, ¡y qué besos! La relación duró un poquito más que el resto, pero tampoco mucho. Estaba claro que las muchachas se lo rifaban y con esa edad no podía esperar que se privase de subir cada día en una noria.

Por último (de esta etapa tan mágica e inocente), acabé junto al Cagalentejas. Un verano llegaron al pueblo dos hermanos. El mayor era súper guapo, muy mono, con una sonrisa que te dejaba patitiesa. No, ese no me lo quedé. Tuve que conformarme con el hermano pequeño, el Cagalentejas. Como supondréis no conocí su apodo hasta más tarde. Este era gracioso, bajito, más bajito que yo y eso que yo siempre he sido de talla mini. Muy moreno y con las palas separadas. A mí me hacía gracia, ya os he comentado que soy muy generosa y mi corazón está abierto a toda clase de seres.

El chavalín en cuestión resultó que todo lo que tenía de bajito lo tenía de verde. Se ve que su hermano el bombón le había servido de profesor con las chatis. Tuve que dejarle porque el manoseo ya iba a pasar a mayores, y yo, inocente, todavía no estaba dispuesta. Más tarde fue cuando me enteré que una vez se pegó tal atracón de lentejas con chorizo que le sentó mal y se pasó dos horas en el baño. Las lentejas desbordaron la taza mientras pedía auxilio a los amigotes con los pantalones por las rodillas. Así se ganó el apodo de Cagalentejas.

Y hasta aquí mi primer contacto con esos seres mitológicos llamados hombres.

 

10 comments

  1. Amores que dejan huella. Yo era más de pedradas, eso si,sin discriminacion de sexos, que igual apedreaba a varones que a varonas.

    Ahora, cuarenta años más tarde, la alopecia va dejando al descubierto todas esas muestras de cariño que dedicaba a los cráneos de mis amigos.
    Si, era bueno, muy bueno, tirando pedrolos.

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  2. ¡Qué cuadrilla de pavos! Estos dan para un estudio zoológico más que antropológico. Las descripciones de cada uno en su propio párrafo son amenas, ágiles y muy graciosas 😀 😀
    Esta frase no me cuadra: “De familia gitana de alta alcurnia: con coche de caballos, bueno burros y una buena cosa de ovejas”. Quizá tras la primera coma vendría mejor un punto o puntos suspensivos (para continuar con el estilo desenfadado pero al mismo tiempo hacer una pausa correcta), y lo del final de las ovejas como que no lo pillo 🙂
    PS: Pedazo perla de sabiduría esa del roce, el cariño y las hormonas 😀 😀 😀

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