Sin escrúpulos

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Esperanza. Su corazón estaba lleno de esperanza e ilusión. Por fin iba a convertirse en aquello que tanto deseaba. Ya casi olvidó a todos aquellos pardillos que tuvo que pisotear. Sus caras se empezaban a emborronar en su mente.

Iba a ocupar el puesto que merecía. Que más le daba aquella gente de la que se burló, de la que copió sus ideas. Tantas horas de dedicación a los superiores iban a valer la pena. Toda su rabia y sus envidias iban a quedar en el pasado porque ya sólo le faltaba dar un último paso.

Ya no tendría que aguantar a aquellas viejas chochas que intentaban coquetear con él. Ya no tendría que flirtear con el director del departamento de marketing «Maldito marica baboso». Sin embargo, todavía recordaba a la perfección a su primera víctima para conseguir sus objetivos. Una chiquilla inteligente pero ingenua. Le robó su proyecto de fin de carrera. Gracias a eso se licenció con notas impecables. Consiguió ganarse su confianza, «Ella era la que me mostraba su trabajo con tal de que pasásemos ratos juntos, pobre tonta. Como si yo pudiese enamorarme de tal bicho»

Solo le quedaba abrir la puerta del director general y mostrar sus armas. Desplegaría todo su poder de convicción para venderse y conseguir su ansiado puesto de subdirector. Bajo su mando tendría a más de cinco mil empleados de todo el mundo. Sí, se sentaría frente a ese director con seguridad.  «A por todas»

Cuando abrió la puerta del despacho una pizca de desasosiego aguijoneó su confianza. El director era una directora. Sabía que el sofá de director general acababa de cambiar de trasero, pero desconocía al nuevo ocupante. Esa mujer con tipazo impresionante y mirada retadora le resultaba familiar.

–Buenas tardes señor Pérez, puede sentarse. –graznó con frialdad – Creo que se ha presentado para ocupar el puesto de subdirector, ¿es así?

–Así es –respondió deshinchándose por momentos

–Muy bien, muy bien… Tiene un expediente intachable como he podido ver –comentó mientras ojeaba los papeles que tenía delante –Bueno, no me iré por las ramas. Está usted despedido. Desde hoy mismo ya no forma parte de nuestra plantilla.

Sentía que se derrumbaba. No entendía nada de lo que estaba pasando. Intentó articular palabras para defender su candidatura pero la puta de la directora le paró en seco.

–No se preocupe señor Pérez. Estoy convencida de que el proyecto que presentó en la Universidad le abrirá muchas puertas –escupió guiñándole un ojo.

 

 

 

 

17 comments

  1. Bueno, bueno, te confieso que hasta ahora no había tenido tiempo de leerte y tenía la lectura de tus entradas guardadas.
    Sospeché la situación frotándome las manos en cuanto vi que era una directorA, con A mayúscula, y he disfrutado enormemente del final jajajaja
    Y además de la conclusión evidente del relato ( aquello de que el pasado siempre vuelve clamando venganza y cuanto más fría mejor) también hago otra; no importa cuantas veces se peque de ingenuidad, el que vale al final da en la diana y ocupa su sitio.
    Hala, este tío abusón a la calle.

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