A mil

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Estoy acostumbrada a ir “a mil”, no confundir con “ponerme a mil” (eso ya es más complicado). La verdad es que no se si esto es la enfermedad del siglo XXI o se trata de un problema que solo me atañe a mí. Ummm…¿Cómo se llamaría?, ¿Amiluesis, acaso?

Bueno que me pierdo, que voy a mil en todos los aspectos. Cuando llega la noche echo la vista atrás para repasar el día y solo consigo visualizarme en movimiento, de un sitio a otro, con tareas pendientes a cada momento. La mayor parte de las veces, esto hace que reflexione si estoy prestando suficiente atención a mis hijos. Tranquilas, madres, lo hacemos. Muchas veces incluso los causantes de que no paremos son ellos: cumplir con los horarios de sus extraescolares, revisar sus deberes, preparar comidas para el día siguiente, ropa…

En cuanto a la entrega simple y llana de nuestro tiempo para jugar y compartir, tampoco os quepa duda: también la cumplimos. Puede que sea más corta pero seguro que de calidad. De todos modos, mi intención con este post no era consolarme ni consolaros. El objetivo era remarcar que voy “a mil” y saber si soy la única. Paso siete horas en un trabajo que no me da lugar ni a pensar en si me hago pis. Después salgo “escopeteada” (apuntaos el vocablo) para cumplir con mi otro trabajo de madre, siempre pensando en sacar cinco minutillos para leeros y escribir algo. He acabado por llevar una libreta y un boli dentro del bolso para anotar lo que se me ocurre, que luego me disperso y se me olvida. Por cierto, si habéis leído mi post sobre bolsos no hace falta que os diga que ya he vuelto al bolso-mochila-maleta.

Por la noche más de lo mismo: cenas, duchas, lectura…se me acumula la faena. Pero a donde quiero llegar, sí quiero llegar a algún sitio aunque no lo parezca, es que me gusta. Adoro ir a mil. No entendería un trabajo donde me diese tiempo a consultar el Facebook, a contar los azulejos del baño o a aburrirme. Necesito acción. En el ámbito familiar creo que me pasa igual: no sería capaz de concebir las tardes sin el trasiego de niños, actividades, recados…No se que será de mí cuando crezcan…

Así que, contadme, ¿soy la única afectada por la amiluesis?, ¿tiene cura?, ¿queréis sanar?

PD: Como voy a mil no me da tiempo a buscar una imagen para el texto, que tengo que recoger a los niños del cole….

26 comments

    1. Guauuuuu Salomón, aprecio muchísimo tu comentario. Acostumbrada a tus posts, donde se observa el estudio que haces de cada tema y lo bien que están redactados, aprecio muchísimo más tu expresión “eres la hostia”. Un millón de gracias por pasarte por aquí 😘😘😘

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  1. Querida Sadire, también yo padezco el amiluesis ( madre mía, que imaginación jajajaja)
    Sé que lo que voy a decir no es popular, pero no voy a decir lo contrario para quedar bien.
    Amiga, no es bueno para la salud vivir “escopeteadas” … sé que a veces parece que no hay más remedio, pero lo hay, o por lo menos yo encontré la manera de desconectar, encontré una actividad que me produce una total evasión de la realidad ( actividad sana) , se tiene que hacer el esfuerzo de fijar un tiempo cada día para ti, ponle aunque sea media hora, y que todo el mundo sepa , sí o sí, que media hora al día es tuya, solo tuya ( parezco Golum jajaja)
    Besitos, querida, voy a leer lo de los bolsos 🙂

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    1. Estoy de acuerdo en lo que dices. Deberíamos no, “tenemos” que dedicarnos un ratito para nosotras. Para mí, ese ratito es escribir o leer, es un momento placentero. Lo de que me va la marcha sobre todo es por los trabajos, odio ver pasar las horas. Prefiero que llegue la hora de fichar casi sin darme cuenta.
      Por cierto, no creo que tu opinión no esté de moda. Cada vez hay más gente que piensa que deberíamos desconectar. Eso sí, a estas alturas de la película ya no creo ni que sepamos…¿existirá algún máster? ¿”Teoría y práctica del de las neuronas portadoras del amileuresis?

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  2. En los hombres esta patología se denomina amilismo (“uno colgando y el otro lo mismo”), y no tiene tanto que ver con lo que se hace, como con lo que se dice que se hace. Cuando en realidad la ocupación fundamental viene a ser guardar el orden de rascado izquierdo-derecho-Izquierdo-etc para mantener ocupada la neurona (nótese la ausencia de plural) y evitar malos pensamientos como el de echar una manita en casa.

    Soy inmune a este mal por pertenecer al subgrupo funcional de los autónomos, los que nunca nos ponemos malos ni nos quejamos de no tener tiempo para nada porque no tenemos tiempo para quejarnos.

    No para escribir comentarios, así que vuelvo a mis ocupaciones… A ver… Iba por el ¿izquierdo?

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      1. Es que cuando comento en tu blog me posee mi lado Nippu, no puedo evitarlo: las pones a egg.

        Pero perdona que te diga que a las féminas os está vedado el arte del rascado alternativo o pendular, pues carecéis del par necesario para llevarlo a efecto. Vuestro rascado es, como mucho, monótono (salvo que suba peldaños en la escala Richter), y no tiene el efecto balsámico e inspirador que caracteriza al masculino, un mantra que incrusta en nuestras mentes de tal forma esa cadencia izquierda-derecha-izquierda-derecha que históricamente nos ha hecho más aptos para desfilar, para ver los partidos de tenis o para usar los intermitentes del coche.

        Mucho podría hablar de este arte milenario, si no fuera porque estoy parasitando en exceso tu escrito que en realidad iba de otros asuntos.

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      2. Vamos a ver profesor Nippu, haga el favor de devolver el teléfono a su propietario! Y le informo que hay otro arte milenario que consiste en quitar las pelusas del ombligo mientras observas atentamente los desconchados del techo. En ese soy una experta!

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    1. El autónomo y su socio el estado, ese que no ha puesto un céntimo ni hace nada por el negocio, el que no quiere saber nada de las pérdidas pero se lleva parte de los beneficios, el que mes tras mes te mete las garras en los bolsillos y ¡hay de ti como no se lleve lo suyo!

      ¿Alguien de por aquí quiere emprender? Pues… ¡Que emprenda la fuga!

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  3. No, mujer, no eres la única con amiluesis 😀 😀 😀
    En general, creo que quien más quien menos (incluso yo, que soy funcionario con todo lo que ello implica en el trabajo 😉 ) nos vemos agobiados por las presiones de la vida moderna. Sin embargo, yo no lo veo como algo malo: hacer cosas, hacer cosas, hacer cosas es significativo de una vida vivida. Lo contrario sería dejarse caer en el sofá y mirar la vida pasar como espectador, no como actor. No quiero eso.
    Ahora bien, los niveles de estrés pueden provocar auténtico daño biológico, por lo que (segunda parte) es im-pres-cin-di-ble saber gestionar ese estrés para evitar males mayores.
    PS: “Escopeteada” lo conocía. Mira a ver qué te parece (bastante más vulgar, eso sí 😀 ) “cagando fuego”

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