El lindo (juajuajua, me troncho) proceso de engordar durante el embarazo

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Si leéis o habéis leído alguna de esas revistas para futuras embarazadas seguro que sabréis lo bonito que es este proceso. Páginas repletas de consejos, trucos e imágenes de preciosas y radiantes embarazadas. Todas ellas con una perfecta sonrisa profident.

Pues sí, realmente es un proceso único, mágico y especial pero…tiene sus peros, querida. En esta entrada me voy a centrar en los kilos. Según casi todos los especialistas, se recomienda engordar un kilo al mes, o sea la media adecuada sería unos diez u once ya que en el último trimestre se suele engordar más. Toda esa teoría está muy bien pero cuando llega la práctica…ayy dios…

Empiezas con ilusión deseando que se note tu barriguita, para presumir de ella. Si además no tienes angustias ni vómitos el hambre empieza a llamar a tu puerta. Incluso las cosas que antes no eran santo de tu devoción se convierten en benditos manjares. La incipiente barriguita empieza a pedir auxilio desde esos apretados pantalones y entonces es cuando decides hacerte el ánimo y comprarte un pantalón premama, craso error. Llegado este punto ya no hay retorno. Tu kinder- barriga con sorpresa ya no tiene muros que contengan su expansión.

La visita con la matrona te hace sentir como una delincuente esperando su sentencia.

¡Tres kilos!, ¡has engordado tres kilos! Madre mía, no puedes seguir este ritmo muchacha

Agachas la mirada para no ver como la jueza se echa las manos a la cabeza e intentas poner excusas como: hoy llevo más ropa, yo es que estaba muy delgada, no he hecho caca en dos días… Pero la matrona te sigue observando impasible.  Le juras solemnemente (mientras cruzas los dedos bajo la mesa) que intentarás controlarte.

Entonces descubres lo bien que saben los tomates así a palo seco sin sal ni na’, las gofres de chocolate se hacen indispensables en la merienda, los berberechos (nunca te habías fijado en lo caros que estaban) se convierten en tu almuerzo favorito y te das cuenta de que eres la última en dejar la mesa cada comida y cada cena.

Te miras al espejo y adviertes que las mejillas están más llenitas, que tus tetas (antes casi inexistentes) parecen a punto de salirse del escote, que el culo es como el de las kardashian y que te tienes que quitar el piercing del ombligo si no quieres sacarle un ojo a alguien. Intentas mentalizarte para el sermón que te va a echar la matrona, pero sabes que va a ser difícil. A ver como le explicas que la bombona de butano tiene más curvas que tú.

Esperando tu turno en la sala de espera te ves reflejada en el ventanal frente a ti. Y te viene a la mente la mesa camilla de tu abuela. El subconsciente te está mandando un mensaje: “Contrólate o acabarás como Rapel, con una túnica y haciendo de mesa camilla en las partidas de mus de la abuela”. La matrona nada más verte se queda ojiplática, pero muy profesional ella, procede a pesarte antes de soltar ningún improperio. Ahora sí, la báscula confirma lo que está a la vista y se desata.

¡Esto es increíble!, ¡no has hecho nada de caso a mis consejos!, ¡20 Kilos!, ¡20 kilos y aún te queda un mes para dar a luz!

Ante tal ataque de histeria casi que intento consolarla como si ella fuese Willy la ballena y la cosa no fuese conmigo. Pero mi artimaña no surte efecto y más relajada vuelve a posar su mirada seria sobre mí. Me habla de todos los problemas que podrían aparecer por culpa de engordar tanto, también de lo difícil que luego me resultará adelgazar. Vuelvo a jurar que me controlaré (esta vez ya no cruzo los dedos, total solo me queda un mes)

Finalmente el parto se adelanta dos semanas (que pena, con lo a gusto que me estaba comiendo los “huesitos”), así que sólo me da tiempo a engordar dos kilillos más. Al menos voy a volver a verme los pies…

P.D: Las actrices, cantantes, etc que lucen estupendas durante el embarazo y que parece que se hayan tragado una oliva, seguramente son de otro planeta.

Imagen Flickr-Daniel Lobo

8 comments

  1. Con que gracia lo cuentas 🙂
    Pero oye, que es que hay que comer por dos… pero comer bien jajajaja
    Yo me hinchaba a huesitos ( sí, también) y podía mezclar un chocolate con churros con una tapa de papas a la brava así las dos cosas seguidas, un café con leche y diez minutos después una cerveza con almendras ¿qué culpa tenía yo si mi niño era caprichoso?
    Nada, a comerrrrrrrrrrrrrrrrr
    jajajajajaja
    Abrazos, querida, me hiciste reir 🙂

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  2. Bueno, ya sabes la solución: quítate el pírsin del ombligo 😛
    La verdad es que mi mujer y yo no nos podemos quejar de los dos embarazos. En el primero se tuvo que controlar por un problemilla de salud y, una vez cogido el truco, salvo algún caprichito, no lo pasamos del todo mal. Pero alguna conocida ha llegado a pasar auténticos apuros.
    No, no todo es tan bonito como se pinta. Pero tan poco tan malo como lo pintan. Humana contradicción.

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