Disculpa pero es que tienes una cosa ahí

Publicado por

Hoy quiero hablaros de esas situaciones incómodas de la vida de las que todos hemos sido protagonistas alguna vez. ¿Quién no ha escuchado o pronunciado la frase “Disculpa pero es que tienes una cosa ahí”? Momento incómodo donde los haya para ambos interlocutores.

Vamos a ponernos en la situación del que duda entre avisar de dicha cosa o callarse. La decisión tomada dependerá de varios factores como: confianza, que la persona te caiga mejor o peor, empatía, nivel de sinceridad para ese día, ganas de hacer el bien con el prójimo…

La persona que te está hablando tan tranquila tiene un moco en la nariz. Tu intentas que tu mirada no se pose cada dos por tres en esa parte de su cara. Intentas concentrarte en la conversación, pero te resulta imposible. Solo escuchas un blablabla lejano y no dejas de mirar ese berberecho que con cada respiración de su dueño no para de balancearse. El interlocutor hace una pausa e inspira para continuar hablando. Ahora, ahora con esa inspiración el berberecho se meterá en la cueva. Te dice tu cerebro. Pero se equivoca. Tú comienzas a pensar en si le avisas o no para que ponga remedio. Mientras tanto comienzas a tocar tu propia nariz con la esperanza de que el interlocutor por el efecto espejo le de por tocar sus fosas nasales. Pero no surge efecto. Y ahí está el berberecho para arriba, berberecho para abajo. ¿Cómo puede ser ajeno a tal baile?, es imposible que no note esa masa que parece tener vida propia y te saluda con cada aspiración. Finalmente te apiadas del feliz sujeto y le dices: Disculpa pero es que tienes una cosa ahí. Ya está, ya lo has soltado arriesgándote a que el susodicho se ofenda. Por el rubor de sus mejillas y su apocado Gracias, te queda claro que el susodicho ya sabe a lo que te referías y el “mocardo” por fin desaparece.

Nueva situación incómoda: cita con la persona que te gusta, una cena. El prototipo de Romeo degusta encantado su plato de chuletón con verdura. En una de esas miraditas picantes Romeo te sonríe. ¡Horrorrrrr! ¿Qué tiene entre los dientes?, ¿es una nave nodriza, una caries gigante? No, es un trozo de espárrago que aferrado a su blanca dentadura se resiste a ser devorado. Intentas no mirarle, te centras en tu cena y te aferras a la esperanza de que ese ente verde desaparezca. Animas a tu adonis para que beba más vino a ver si así el espárrago se desliza por su masculina garganta. Pero no es así, Romeo te vuelve a dedicar una sonrisa picarona….Ayyy dios, que no sonría mas… no me queda más remedio….

-Disculpa pero tienes una cosa ahí- le indicas señalando tu propia dentadura.

En el mejor de los casos Romeo con la lengua conseguirá deshacerse del intruso. En el peor de los casos necesitará tu ayuda para que le marques la pieza dental afectada.

Por último, una de las situaciones incómodas más repulsivas para mí: la babilla blanca en la comisura de los labios. Lo reconozco, en esta soy incapaz de hacer el bien y no pronuncio la frase maldita. Intento que el sujeto mimetice mis movimientos. Es decir, comienzo a limpiar mis propias e inexistentes boqueras hasta el punto de enrojecer. Pero nada, solo consigo que el interlocutor piense que tengo un tic. Por favor, que acabe de hablar pronto y así quedar libre de tal dolor…

 

12 comments

  1. Cuánta razón y sabiduría urbana en el artículo y es que en realidad la culpa de que sea incómodo es de esas personas que se ofenden ¿Que tengo un moco? Dímelo nada mas verlo, tal cual «nena, se te acaba de salir un alienígena por la nariz» me lo quito con un pañuelo y ahora sí tenemos una conversación no me miras raro mientras te cuento algo interesante jajajaja
    ¡Buen texto!👏

    Le gusta a 1 persona

  2. Gran disertación. Deberías tocar también otros temas no menos importantes como la bragueta abierta, o ese caso mucho más raro pero también flagrante de ridiculo involuntario que ocurre cuando una dama, al salir del aseo, no se percata de que ha atrapado toda la parte de atrás de su falda con el elástico de la braga. Pude asistir a un caso, y he de confesar que ahí empecé a creer en la telepatía porque todos los que estábamos en el bar nos miramos, nos descojonamos con disimulo, y no dijimos absolutamente nada durante minutos: se dio cuenta por el frío!

    Me gusta

  3. Ay , me has hecho recordar un día que estaba de tapas con el candidato perfecto cuando pasó lo del moco, lo peor es que yo, buena persona per sé, no tuve el tiempo de decírselo, él se toco la nariz y el moco cayó delante de la ensaladilla rusa, ni siquiera se percató de su moco, ni en la nariz ni cerca de la ensaladilla, yo dejé de comer inmediatamente, no fui capaz ni de terminarme la cerveza, me pasé los siguiente quince minutos intentando dar por terminada la cita y el tío venga a insitir “no quieres nada más?? otra cerveza??? “….no le volví a coger el teléfono.
    Supongo que debe estar preguntándose que fue lo que hizo mal sin imaginarse que fue un moco el culpable de mi desaparición :/

    Le gusta a 1 persona

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

w

Conectando a %s