Mas vale fuera que dentro

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-Mamá me duele la barriga-

-¿Has hecho caca hoy?-

-No

-Pues haz caca y verás como te sientes mejor

-No tengo ganas, mami

-Pues tírate un pedete

-Vale- cara de esfuerzo y pedete fuera.- Ya estoy mucho mejor

-Claro ya te lo decía yo

Esta conversación seguro que os suena a más de un padre. Después del primer hijo siempre nos volvemos más precavidos antes de acudir al médico. Tenemos un mayor conocimiento y sabemos que posiblemente esos dolores solo sean debidos a que se han pasado comiendo “chuminadas”. Pero cuidado…esta normalidad ante la situación puede llevarnos a situaciones incómodas.

SITUACIÓN 1

Sala de espera de ambulatorio. Asientos llenos y ambulatorio prácticamente colapsado como es habitual. La niña se sienta sobre tus rodillas porque no hay asientos disponibles. De repente sientes que sube un olorcillo hasta tus narices. Ha sido un pedo, fijo. Ese olor es de pedo. Miras a tu derecha y a tu izquierda. Parece que nadie lo nota. El olor cada vez es más fuerte. Ahora son los que están a tu derecha y tu izquierda los que te miran.

-Nena, ¿te has tirado un pedete?

-No mama- niega la muy cabronceta mientras pone cara de lástima

-Si has sido tú dímelo – le insisto un poco más alto para que me oigan mis vecinos y sepan que yo no he sido.

-Mama es que me dolía la barriga

Asunto zanjado, ahora dile tu que no se los tire en público y que te avise para ir al baño que eso no está bien.

SITUACIÓN 2

Cola en la entidad bancaria. Hasta las narices de esperar que llegue tu turno. Harta de gritar a tu niña que se quede quieta, que deje de tocarlo todo. Le dices que no se mueva de tu lado y que pare por un momento. La niña obediente se te queda pegadita a tus piernas. Un tufillo vuelve a subir hasta la nariz. Jolines con la niña. El vecino de delante se gira y el de detrás clava tus ojos en tu nuca, puedes sentirlos.

-Nena ¿te has tirado un pedete?

-Yo no mami- vuelve a negar la muy zorrona

-No digas mentiras

-Jolines mamá que yo no he sido. Seguro que has sido tu y me hechas a mi las culpas- Está resabiada, quiere quitarse las pulgas de encima. Claro, después de la advertencia en la consulta del médico.

O sea, que solo te queda ruborizarte ante las insinuaciones de tu pequeña renacuaja e intentar explicárselo de nuevo nada más cruzar la puerta del banco.

 

 

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