Del placer al ridículo sufrimiento solo hay un paso o un intento de contorsionismo

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Profesionales del Circo del Sol absténganse de leer esta entrada. La cosa no va para ustedes. El resto de sencillos humanos como yo pueden seguir leyendo. Estaba divagando yo sobre las reformas que le haría a mi casa, que si pondría una ducha con chorritos o una bañera más grande, o cambiaría el mobiliario y compraría un sillón enorme, cuando irremediablemente una cosa llevó a la otra y acabé pensando en sus posibles funcionalidades sexuales.

De esto tiene mucha culpa las escenas eróticas de novelas, películas y series.  Hice un pequeño repaso mental sobre mis experiencias en dicho mobiliario y no pude más que dibujar una sonrisa en mi boca y notar un calorcillo en las mejillas. Sonrojo no de calentamiento sino de vergüenza.

Comencemos por el baño. Una estancia que a priori no parece muy sensual pero a la que se supone podemos sacar mucho partido (según las historias de las novelas). La ducha. ¿Qué hay más apasionado que un polvazo bajo el agua? Contra la pared, mientras os enjabonáis mutuamente. Muy bonito todo hasta que te das cuenta de que las mamparas de la ducha están a punto de descolgarse, o que con una pierna en la cabeza y haciendo puntillitas es difícil mantener el equilibrio y concentrarte en la tarea. Y si no tienes mamparas pues casi que peor porque el agua empieza a desparramarse por todo el suelo del baño con cada “plas-plas” y ahí tu mente ya empieza a hacer una evaluación de daños y a contabilizar el tiempo que vas a estar recogiendo agua.

Si hablamos de bañeras más de lo mismo. A no ser que tengas una tamaño jacuzzi la cosa no pinta bien, o eso, o sois tamaño pitufo. Porque claro, acoplar dos cuerpos reclinados y encima en movimiento, puede provocar más de un esguince cervical. “Yo pongo las piernas por encima” ,” Ay no que me clavo el grifo”, “Coño que me has aplastado el pie y no puedo sacarlo me ha hecho ventosa”.

Ah si!, tampoco quiero olvidarme de los retretes. Venga hacer sentadillas que acabas con más agujetas que en una maratón. O cuando te emocionas y con cada empuje salta la tapa de la cisterna y ya está el lio “armao”. No para de gotear y tu chico no se concentra,“Joder cari espera que la arregle que si no verás la factura del agua”… A la porra con la lívido.

Por último pasaremos por el salón. ¡Qué bonito queda que durante una cena romántica el chaval te suba de golpe sobre la mesa y se tire sobre ti! Sí, que bonito y que patético si al sentarte de golpe te cargas el cristal y te quedas encajada como si la mesa estuviese devorándote. O que bonito y que doloroso cuando al intentar deslizarte notas como la piel se te ha quedado pegada a la mesa y te dejas allí la epidermis.

Menos mal que la risa provoca la segregación de endorfinas…porque si no acabaría devorando todo el chocolate de la casa.

Imagen Flickr-Gabriel S.Delgado C.-

6 comments

  1. 😂😂😂😂😂 aún recuerdo una ducha, un resbalón, una mano que se agarra desesperada a las cortinas, estas que se caen… todavía me parto de risa al recordarlo… eso sí, decir que la ducha fue en una bañera… de pie, porque como dentro no cabes… 😂😂😂😂

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