¿Cumpleaños infantil o tortura para padres?

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Después de mucho tiempo al final he sucumbido a las garras de los cumpleaños infantiles. Ya no bastaban las excusas ni los planes alternativos. La criatura hacía pucheros frente a mí rogando ir a un cumpleaños de un amiguito del cole. Y claro, ya no podía postergarlo más y caí, caí en las peores de las torturas.

Todos sabéis que pertenezco al club de las malas madres y que puedo parecer antisocial en mi faceta “mami” pero es que no puedo con tantos excesos, tanta tontería, tanto postureo. Parece ser que la moda ahora es hacer los cumpleaños a lo grande, casi casi que prefiero que me inviten a una boda. Al menos ahí habrá alcohol para ahogar las penas y no pensar en lo tediosa que resulta la conversación.

Pues ahí me veis, con lo que yo he sido, un sábado por la tarde en la celebración de un cumpleaños (fiesta loca….) Para empezar, necesitamos un local lo suficientemente grande para dar cabida a veinticuatro niños más sus respectivas madres o padres o incluso ambos (total ya puestos…) La decoración nada sutil. Qué vivan los globos, las serpentinas y la purpurina!!!! En un lado tendremos la sección de dibujo para colorear, en otro el “pintacaras” (donde no debe faltar la típica Frozen o el típico Spiderman y ojito que el pintacaras no sea profesional porque tendrá que enfrentarse a una horda de críticas infantiles) Una de las mesas irá destinada a las chuches y chocolatinas cuyo mantel tendrá el mismo estilo que el resto de la decoración.

Hasta aquí me parece todo bastante bien porque cada uno que lo celebre como quiera. Pero ahora ya pasamos a la parte irritante ¿por qué tengo que pasarme yo también la tarde en el cumpleaños? Lo lógico sería que la madre del cumpleañero se hiciese cargo de la jauría (ya que quiere celebrarlo…¿no?) Pues no, también hay que hacer un gran dispendio en tentempiés y bebida para los padres. Mesa y sillas reservadas. ¿Y de qué hablo? Si yo soy de las que solo digo un hola o adiós en la puerta del cole. ¿Por qué tengo que intentar hacerme sus amigas?

Bueno, por educación, me quedo. Por educación y porque no quiero ser la única mala madre que se va y deja a su criaturita en el cumpleaños. Llega la tarta, que por supuesto tiene que ser majestuosa con su princesa o su súper héroe coronando el pastel. Todas las madres emocionadísimas haciendo millares de fotos. Joder, yo ni esforzándome consigo hacer como que me ilusiono tanto. Pasamos al momento piñata, gritos, llantos, guárdame estas chuches, guárdame este globo. Y más gritos, y niños corriendo, y música y yo ya ni oigo a la madre que tengo al lado, solo me duele la cabeza. Por dios, ¿ninguna tiene ganas de irse ya? Parece que no, me fumo otro cigarro rogando interiormente que alguna se vaya para no ser la primera y poder decir “venga hija que ya se van todos”.

Y así es como caí, caí en la trampa….¿y ahora qué?, he ido a un cumpleaños infantil…¿tendré que ir a los veintitrés restantes?….creo que prefiero pegarme un tiro.

2 comments

  1. Si. Irás a los 23 restantes. Y eso no es todo… El año que viene, 23 cumpleaños más. Y el siguiente.. Así hasta 6° de primaria por lo menos.

    Y lo mejor: tu hij@ también querrá celebrarlo igual, superando el gasto y la pompa cada año, y tu serás la anfitriona, atendiendo con una simpática sonrisa a todas las madres y padres…

    Ya has entrado en la rueda y no se puede salir, ni pactando con el diablo.
    Bienvenida al club!

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