Mujeres

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“Detrás de cada persona hay una historia, detrás de cada mujer cien microhistorias entrelazadas”

ISABEL

Se levantó e intentó peinarse con los dedos. Tenía el pelo pegado a la frente por el sudor. Hacía un calor espantoso en esa habitación. Se subió los pantalones con un pequeño esfuerzo, la tela se le quedaba pegada a la piel. Ya recompuesta se giró:

  • Tengo que irme. Es tarde…bueno demasiado pronto. –dijo apresurada sin dejar margen a la respuesta.

El chico la miraba también sudoroso por el esfuerzo, sin pantalones, con gesto lastimero demasiado teatral.

  • No pensarás dejarme así, ¿ verdad?- la palabra “así” fue acompañada con un gesto que señalaba su miembro erecto.
  • Lo siento, llego tarde. –

Esa fue la única despedida. Las últimas palabras que cruzaron, la última mirada. Bajó de dos en dos los escalones todavía abrumada por el alcohol. No miró atrás, no lo necesitaba. Sabía lo que había sucedido en esa habitación y no se arrepentía. No recordaba el nombre de aquel chico y probablemente al día siguiente ni siquiera consiguiese recordar su cara. Se quedaría con una imagen borrosa de un chico alto y rubio. Una presencia que le hizo sentirse viva de nuevo, sentirse deseada. Eso era todo lo que necesitaba. Al menos de momento.

El día siguiente se hizo eterno, las horas no pasaban sentada en su oficina. Las incidencias no dejaban de parpadear en la pantalla del ordenador y para colmo los correos internos parecían no tener fin. La misma historia de cada sábado. Sin embargo, Isabel se sentía eufórica. Después de mucho tiempo la sangre volvía a bombear en su corazón.  Las imágenes o mas bien las sensaciones golpeaban su cabeza una y otra vez. Olor a sexo, puro sexo y solo eso. Dios se sentía estupenda!! si no fuese por ese cansancio  que comenzaba a hacer mella en su organismo. Casi no podía mantener los ojos abiertos y finalmente deseó que llegase el medio día para regresar a casa y poder dormir durante al menos tres horas seguidas.

La gente comenzó a desfilar frente a ella con las típicas sonrisas que sólo merece el saber que llega el fin de semana. Cinco minutos y estaría ella también sonriendo y diciendo adiós hasta el próximo lunes.

Esperando al autobús le golpeó la realidad. Sí, tocaba regresar a casa. A su hogar, junto a su familia.

Imagen Flikr-Alex RVD

 

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