Si los hombres nos oyesen huirían sonrojados

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Todas podemos dibujar en nuestra mente a un grupito de hombres charlando entre ellos pero erróneamente tendemos a pensar que esas risitas y chascarrillos están provocados por comentarios sobre mujeres. Pues creo que es un error. Después de muchas observaciones creo que casi me decepciona el comprobar que no. Que la mayoría de veces no somos el centro de sus conversaciones. Puede que ellos estén en el top “los que más piensan en sexo” (candidatura que también creo que no es merecida, pero bueno).

Pero para burracas hablando nosotras. Si ves a tres o cuatro mujeres que se desternillan de risa: corre, corre y no escuches porque hasta el más picante, sexy y atrevido de los hombres acabará ruborizándose ante nuestras burradas sexuales. Los hombres pueden fijarse en esa chica que pasa y señalar sus bonitos senos o su culo prieto (con otro lenguaje, por supuesto); pero nosotras vamos más allá, de ahí podemos pasar a relatar lo que haríamos con la barbita de ese chaval que acaba de pasar, con el culito de aquél que va en bici o con los morritos de ese camarero tan simpático.

Además las mujeres tenemos menos problemas para hablar de nuestra intimidad. Incluso de nuestros desafortunados encuentros sexuales o la falta de ellos pueden convertirse en la tertulia de la tarde con un buen café. Somos capaces de convertirlos en mofa y así incluso desahogarnos y volver a tener ganas de intentarlo. ¿Quién en una de estas tertulias no ha dicho la frase “o hecho un buen polvo o acabaré matando a alguien con tanto estress”? o “por dios que ese yogurín no se me acerque más o le clavo los colmillos al más puro estilo Amanecer“.

Las mujeres casadas tampoco tienen reparo en participar en estas conversaciones. Al contrario, pueden llegar a ser incluso más atrevidas que el resto. No hay nada más peligroso que las reuniones de casadas. Pueden empezar hablando de “hace más de mil años que no encontramos el momento para follar”, pasando por “me he comprado un juguetito sexual para darle vidilla a las relaciones” y terminando por “le he depilado los huevetes a mi marido para tener más facilidad de acceso”.

Así que si eres hombre y estás leyendo esto, sí, soy una mujer. La burraca que está contando esta serie de soeces es una hembra. Y sí, si no quieres acabar sonrojado no pongas la oreja cuando veas descojonándose de risa a varias mujeres hasta el punto de caerles las lágrimas.

Imagen Flickr-Silvia Viñuales

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