Síntomas de que te estás haciendo viejuna

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Ayer un chaval que salía del instituto me dijo “Me puede decir la hora, señora”. Claro yo me giré pensando que alguien venía detrás de mi pero tras comprobar que no, que la única señora era yo me dí cuenta de que igual me estoy haciendo viejuna y no me he enterado.

Esto me hizo pensar que igual sí que me estoy haciendo mayor. Y pensando, pensando llegué a la conclusión de que hay ciertas cosas que reflejan la edad a parte de las arrugillas o las cuatro canas que insisten en asomar.

  1. Sensación de frio. Cuando tenías quince años no vacilabas entre tener frio y lucir modelito. Por lo tanto salías la mayoría de veces con escotazos y enseñando los riñones. Aunque estuvieses bajo cero y fueses a ir en moto. La típica frase de tu madre quieres hacer el favor de taparte los riñones??!!! ahora cobra sentido. Soy incapaz de ir sin mi chaqueta que cubre más allá de la cintura y algún tipo de pañuelo o bufanda al cuello. Mira chica no se por qué  cojo frio por el cuello y sin el pañuelo me siento que me falta algo.
  2. Nada de camisas, camisetas o vestidos ceñidos. Este punto va un poco unido al anterior. Antes no me molestaba enseñar el ombligo incluso llevaba un piercing muy mono. Después de dos embarazos y de que el piercing saliese volando en el primero, es impensable enseñar el ombligo. Sí estoy delgadita, pero ya no es lo mismo, las carnes no son las mismas. O sea, que no tengo ninguna prenda rollo botifarra en mi armario. Nada de licra. Blusitas muy monas pero de pecho hacia la cintura holgaditas.
  3. Ya no pasas horas y horas en la intemperie. Cuando eres joven dispongas de dinero o no pasas horas en la calle. Cualquier banco del parque era el perfecto para reírse, charlar o simplemente comerse unas pipas. A mi edad es impensable. Bueno, quitando del rato que llevas a tus hijos al parque que el banco lo tocas poco ya que vas de columpio en columpio. Ahora lo que prima es la comodidad y si quedas es con algún motivo: una cena, un cumpleaños… A poder ser bajo el refugio de una buena terraza o un cómodo bar con sus sillas, sus mesas, su camarero…
  4. Mejor calidad que cantidad. Este punto puede valernos para muchos aspectos. Para la comida por ejemplo. Antes con cualquier cosa pasabas porque solo era una excusa para salir. Ahora si vas a un restaurante lo que quieres es que te den buena comida y si te quedas lleno mejor. Para el alcohol mas de lo mismo. Cuando eres joven lo mismo te da que sea un vino añejo que vino para cocinar. Total, igual acaba en calimocho. A nuestra edad ya no te andas con tonterías. Quieres tu ginebra buena, tu vino reserva y un largo etc que las resacas las carga el diablo. Y por último el sexo. Cuando eres joven cualquier momento es bueno, y si son varios momentos a lo largo de la semana mejor. Da igual que el acto dure tres minutos que cinco. Hay que tranquilizar esas hormonas. Sin embargo con cierta edad ya buscas que te complazcan, quedarte a gusto. Ya que te pones…que valga la pena.
  5. Hablar de sexo sin tapujos. Cuando eres joven hablar de sexo puede resultar incómodo, por lo que puedan pensar o las etiquetas que te pondrán. Te das cuenta de que te haces viejuna cuando hablas de sexo con total normalidad, haces mofa de algunas situaciones que has vivido y te la trae al pairo lo que piense la gente de ti.

 

Imagen Flickr –J.A. Alcaide

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