Sobreviviendo a los tacones

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Oda dedicada a todas aquellas mujeres que salen perfectas de su casa a las siete de la mañana y siguen igual de perfectas a las diez de la noche. Si si… seguro que sabéis de que especie hablo, esas mujeres estupendas con el eyeliner perfecto y sus taconazos de diez centímetros. Da igual que te las cruces a las nueve de la mañana entrando a trabajar que a las cinco en la puerta del cole o a las diez entrando en casa.

Hoy he intentado llegar a ese estado, ese nivel superior y el resultado ha sido un fracaso. Como siempre que lo intento, vamos. Y digo yo ¿se llevará en los genes?, ¿están tocadas por una luz mágica?. Todo empezó anoche cuando tumbada en el sofá, hecha polvo a las diez de la noche se me ocurrió la maravillosa idea de que al día siguiente era el día. Va mujer arreglate un poco, ya que tienes que ir a trabajar pues luego te presentas estupenda en la comida con los amigos. Maldita la neurona que me abocó a tal idea.

En mi mente la idea era genial. Preparate el modelito, te levantas antes, te maquillas un poquito, unos tacones (medios tacones que tampoco hay que pasarse) y ya está. A la mañana siguiente suena el despertador a las seis de la mañana. Lo apago, volverá a sonar con la siguiente alarma. Seis y cuarto, lo vuelvo a apagar, siempre queda la tercera alarma. ¡Mierda las siete menos cuarto!. Corre que te corre, un café mal hecho, un cigarrito (ya se que es malo), preparate algo para almorzar. No me da tiempo, pillo cualquier bollo de los niños. Total que al final decido salir directamente con el uniforme, cojo el modelito con su percha, cojo el maquillaje y directamente me olvido de los tacones.  Lo meto todo en mi bolso de Mery Poppins e incrédula de mi decido que ya me cambiaré cuando termine el turno.

Por supuesto, al final de la mañana salen imprevistos en el trabajo y acabo cambiandome corriendo y sin maquillar si quiera. A la comida me presento como siempre, en pura esencia. Y yo me pregunto ¿cómo se las apaña mi compañera para estar perfecta a las siete de la mañana? y ¿cómo se las arregla mi amiga para ir con taconazos de infarto al colegio, pelear con los niños en el parque y ni siquiera despeinarse?

Alguna vez he conseguido salir de casa estupenda sí, pero ¿y las consecuencias?. A media tarde ya estoy de mala leche porque me duelen los pies, con dolor de barriga porque ese pantalón me aprieta o hasta las narices de ese wonder bra tan divino que me está asfixiando. ¿Y el maquillaje? Es la ley de Murphy, pintarme y entrarme algo en el ojo o picarme…borrón. Y ni hablar del día siguiente que por mucho que me haya desmaquillado siempre queda algo y ale royo oso panda que o te vuelves a pintar o parece que vayas de resaca.

¡Ole por esas mujeres estupendas! Creo que son una raza superior…yo solo de pensarlo me canso.

 

Imagen Flickr- Dani Vázquez

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